Crítica de ‘Las guerras de nuestros antepasados‘: Carmelo Gómez se agiganta en el escenario

Las críticas teatrales de José F. Pérez Pertejo:
Las guerras de nuestros antepasados

Miguel Delibes fue articulista, ensayista, escritor de libros de viajes, cuentos, relatos y, fundamentalmente, novelista, género por el que alcanzó su mayor gloria y reconocimiento como escritor, pero jamás escribió directamente una obra dramática para ser representada. Sin embargo, seis de sus novelas han sido hasta la fecha adaptadas al teatro, algunas de ellas con tanto éxito que no es extraño encontrar gente, incluso leída y estudiada, en el convencimiento de que «Cinco horas con Mario» o «Las guerras de nuestros antepasados» fueron originalmente escritas para los escenarios.

De todas las adaptaciones teatrales de las novelas de Miguel Delibes, Las guerras de nuestros antepasados es precisamente la única en la que participó el propio autor como adaptador junto a su amigo, el también escritor Ramón García Domínguez. De aquella adaptación primigenia surgió el primer estreno de la obra en 1989 con dirección de Antonio Giménez Rico y las memorables interpretaciones de Juan José Otegui como el Dr. Burgueño y el gran José Sacristán en el papel de Pacífico Pérez, uno de los personajes más emblemáticos de toda la obra Delibesiana junto al Sr. Cayo, Daniel el mochuelo, el Nini, Azarías o Menchu: la Carmen Sotillos de Cinco horas con Mario.

Tras aquel montaje original con el inolvidable Pepe Sacristán hay otros actores que se han metido con éxito en la piel de Pacífico Pérez como Manuel Galiana o Juan Manuel Pérez, pero la interpretación que hace Carmelo Gómez en este nuevo montaje dirigido por Claudio Tolcachir ha llegado para quedarse grabada de forma indeleble en la memoria de cuantos espectadores asistan a las representaciones de estas Guerras de nuestros antepasados que se están representando por diversas ciudades españolas (Valladolid este fin de semana) antes de desembarcar en el Teatro Bellas Artes de Madrid el próximo 25 de enero.

Las guerras de nuestros antepasados parte de una nueva adaptación del texto a cargo de Eduardo Galán que preserva con exquisito cuidado el riquísimo lenguaje de Miguel Delibes y su enorme capacidad de observación de cómo hablan los personajes que, como Pacífico Pérez, habitaban la España rural (esa hoy vaciada) de hace más de seis décadas. Y de ese riquísimo léxico (esencialmente castellano) se vale Carmelo Gómez para incorporarlo a una composición magistral en la postura corporal, la movilidad, la comedida gestualidad y, particularmente, la tesitura vocal que recrea de manera genuina y veraz el modo de hablar en esos pueblos que todavía puede encontrarse en algunos ancianos supervivientes.

La sencilla y funcional escenografía de Mónica Boromello permite a Tolcachir mover a sus dos actores con absoluta libertad escénica liberando al montaje del estatismo en el que podría caer una obra que se desarrolla en un único espacio (la consulta de un médico) y un espacio temporal sin delimitar. El Dr. Burgueño (aunque aquí no tome ese nombre ni figure en el programa de mano) es interpretado por un fantástico Miguel Hermoso de excelente dicción que brilla tanto en los momentos en que ejerce de narrador, más o menos tradicional frente al público, y los que comparte con su paciente Pacífico Pérez / compañero de escenario Carmelo Gómez.

Las guerras de nuestrosantepasados es, ante todo, un texto antibelicista que ahonda en las raíces del odio como germen de todas las guerras que en el mundo han sido, odio abonado por la ignorancia, la ambición, la avaricia o la violencia como pulsión (in)humana que mueve a la corrupción de las almas sensibles como la de Pacífico Pérez a quien su entorno envenenó desde niño con las batallitas del bisa, el abue y padre. Tres generaciones de hombres que habían vivido sus propias guerras y que no entendían la existencia humana (masculina) sin una guerra que justificase haber venido a este mundo a matar a bayonetazos, bombazos o a tiro limpio.

La personalidad inocente, ingenua y sensible del niño Pacífico Pérez es podrida por las acciones (agresivas) y omisiones (de cariño) de sus tres generaciones de progenitores masculinos y la ausencia de una madre muerta prematuramente; y Carmelo Gómez nos lo cuenta con una autenticidad conmovedora, con una ternura embriagadora y con un naturalismo interpretativo absolutamente pasmoso que, como se ha dicho unos párrafos más arriba, recrea el léxico, el tono, la vocalización y los modismos de un lenguaje en vías de extinción si no extinto ya.

La dirección de Tolcachir es minuciosa en los detalles dramatúrgicos, cuidadosa en la composición escénica y delicada en todos los aspectos interpretativos. Resulta difícil poner algún pero a este montaje y nunca he querido hacer esfuerzos por encontrar aspectos reprobables que no sean fáciles de encontrar a una película, un montaje teatral o cualquier creación artística. Estamos ante un texto de enorme profundidad y sensibilidad de uno de los mejores escritores españoles del siglo XX (acaso de la historia de las letras españolas), una dirección teatral inspiradísima y dos intérpretes fantásticos, uno brillante, Miguel Hermoso y otro, Carmelo Gómez, cuya creación está llamada a pasar a la historia del teatro español. La sombra de Sacristán es alargada (perdónenme la licencia hablando de Delibes) pero Carmelo Gómez consigue que la sombra le inspire y le empuje. Gran teatro. Imprescindible.

Las guerras de nuestros antepasados

9.5

Puntuación

9.5/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial
error: El contenido está protegido.
A %d blogueros les gusta esto: