Crítica de ‘Hasta los huesos: Bones and All’: Comiéndose a besos

Las críticas de Daniel Farriol:
Hasta los huesos: Bones and All

Hasta los huesos: Bones and All es un drama romántico italiano con elementos de terror que está dirigido por Luca Guadagnino (Call Me by Your Name, Suspiria). El guion es de Dave Kajganich (The Terror, La masacre de Town Creek), adaptando la novela homónima escrita por Camille DeAngelis. La historia sigue a una joven que emprende un viaje a través del país para encontrar a su padre, al que nunca conoció, a la vez que busca comprender por qué siente la necesidad de matar y devorar a las personas que la aman.

Está protagonizada por Taylor Russell (Escape Room, Palabras en las paredes del baño), Timothée Chalamet (Dune, Mujercitas), Mark Rylance (El sastre de la mafia, Waiting for the Barbarians), Chloë Sevigny (The Girl from Plainville, Queen & Slim), Michael Stuhlbarg, André Holland, Jessica Harper y David Gordon Green. La película se presentó en España dentro del marco del Festival de Sitges 2022. Se ha estrenado en salas de la mano de Warner Bros el día 25 de Noviembre de 2022.

Una historia de amor entre caníbales

Lo tengo que reconocer, hasta ahora nunca me había declarado fan de ninguna de las películas realizadas por el italiano Luca Guadagnino e incluso, en su momento, fui bastante crítico con el estilizado remake que hizo del Suspiria de Argento. Sin embargo, Hasta los huesos: Bones and All, es una película que me ha interesado y convencido más de lo esperado, dejándome tan buen sabor de boca como degustar un delicioso steak tartar.

Su última obra acoge como referencia principal el paisaje emocional de Malas tierras (Terrence Malick, 1973) para recrear un drama romántico imposible con estructura de road movie que está protagonizado por una pareja de caníbales. Los protagonistas, en realidad, son dos bestias heridas con piel humana que viven su maldición igual que los vampiros espirituales creados por Anne Rice, pero con el aspecto teen crepuscular que tenían los de Stephenie Meyer. La sensación adolescente de ser diferente y que te aísla de los demás se lleva aquí hasta las últimas consecuencias en un filme donde los comedores de carne son nómadas solitarios que luchan contra su verdadera naturaleza de bestias humanas.

De ese modo, Maren (Taylor Russell) y Lee (Timothée Chalamet), son dos jóvenes que se encuentran por el camino durante esa huida de sí mismos y, por un instante, juntos volverán a sentirse humanos a través del descubrimiento del amor, aunque finalmente entiendan que su condición animal les perseguirá para siempre…

Un caramelo envenenado

Guadagnino nos engaña al querer dulcificar la historia de los caníbales ayudado por la preciosista fotografía de Arseni Khachaturan, el cuál extrae belleza incluso de la suciedad y lo sangriento, además de contar con la sonoridad romántica de la música creada para la ocasión por Trent Reznor y Atticus Ross. Hasta los huesos: Bones and All se convierte, entonces, en un caramelo envenenado que regala a un público juvenil que, tal vez, no espere encontrarse con tanta oscuridad en las reflexiones planteadas acerca de la incertidumbre adolescente o sobre la búsqueda identitaria a través del dolor para definirte como persona, algo que también podría aplicarse a la superación de adicciones o a la asunción de la propia identidad de género en un entorno hostil.

La actriz Taylor Russell está espléndida en el papel de joven ingenua que madura a dentelladas para no ser devorada por la vida salvaje que le rodea. Por su parte, Chalamet aparece en escena con una pose impostada (no sé si buscada o le viene de serie) que sitúa a su personaje entre el nihilismo de la Generación Beat de los años 50 y los hipsters modernos.

El robaescenas acaba siendo Mark Rylance con Sully, su inquietante personaje, un vampiro fetichista que está obsesionado con la inocencia de Maren y que lleva siempre consigo una trenza a modo de trofeo/recuerdo con los cabellos entrelazados de todas sus víctimas, algo así como un indio sioux coleccionando cabelleras en el lejano oeste. En el fondo, también es un personaje triste y solitario que está buscando a alguien con quién poder compartir su travesía y que acaba cayendo en la alienación tóxica de no aceptar la negativa de Maren.

Caníbales dentro y fuera de pantalla

El gran acierto de Hasta los huesos: Bones and All es proponer un bonito coming of age de amores adolescentes tras la cortina de un drama existencial mucho más profundo sobre criaturas malditas. La idea entronca a la perfección con la tradición del vampiro, hombres lobos y otras bestias que son perseguidas por una humanidad que no acepta su monstruosidad animal y que han llenado cientos de páginas de literatura fantástica y gótica. Aquí, el acto de canibalismo es más una forma de deseo irrefrenable hacia el prójimo que, en una pirueta de lirismo final, convierte la simbiosis carnal de los amantes en una poética unión entre dos cuerpos que quieren permanecer juntos para toda la eternidad.

Resulta gracioso que sea precisamente Guadagnino quién firme ahora esta historia de amor entre caníbales y que, además, cuente con la presencia como protagonista de Timothée Chalamet que fue el compañero de Armie Hammer en aquel pegajoso intercambio de fluidos en Call Me by Your Name (2017). Para los que se hayan perdido, hay que recordar que a este último actor se le acusó en la vida real de tener tendencias caníbales y tuvo que someterse a rehabilitación por diversas parafilias sexuales, así que una versión de la película con ellos dos como protagonistas hubiera tenido mucho más morbo.

Un romance antropófago como reflejo de la angustia adolescente 

En un abstracción espiritual y mediante una nueva comparativa vampírica podríamos situar la aventura gastronómica de Hasta los huesos: Bones and All entre dos películas ochenteras de culto (la peli se ambienta justo en esa época) como son Jóvenes ocultos (Joel Schumacher, 1987) y Los viajeros de la noche (Kathryn Bigelow, 1987). Ambas referencias relacionadas con seres de colmillos afilados son válidas si las pasamos por el embudo filosófico-vital de estética malickiana con el que Guadagnino arriesga más de lo que, a priori, podría considerarse como un producto de enfoque juvenil. La audacia del cineasta eleva su historia hacia un nuevo nivel emocional que se sirve de una efectista puesta en escena videoclipera para concentrarse en lo psicológico.

Así pues, el director nos ofrece una historia de amor diferente y mucho más siniestra de lo habitual que, además, nos permite gozar escuchando los temazos que recopila su banda sonora como el absorbente «Atmosphere» de Joy Division u otras canciones igualmente míticas de New Order, Leonard Cohen o Kiss, entre otros. Este romance antropófago de Hasta los huesos: Bones and All termina siendo un espejo generacional que retrata la angustia adolescente de una manera tan hermosa como trágica.


¿Qué te ha parecido la película?

Hasta los huesos: Bones and All

8

Puntuación

8.0/10

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