70 SSIFF. Perlak. Crítica de ‘Argentina 1985‘: Nunca más

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 70 Festival de San Sebastián:
Argentina 1985

En 1961, Stanley Kramer filmó Vencedores o vencidos (Judgment at Nuremberg), una obra maestra sobre el juicio a cuatro de los máximos responsables de los crímenes del nazismo que terminaría sentando cátedra sobre la mayoría de los dramas judiciales que vendrían después acerca de genocidios, magnicidios y demás juicios de relevancia histórica y gran impacto mediático. Y ese camino cinematográfico marcado por Kramer hace más de sesenta años es el que parece seguir el bonaerense Santiago Mitre (Paulina, La cordillera) en esta Argentina 1985 que, tras su reciente paso por el Festival de Venecia, puede verse ahora en la sección Perlak del Festival de San Sebastián a apenas dos semanas de su estreno en los cines españoles.La cinematografía argentina se había acercado en varias y brillantes ocasiones a la dictadura militar que dirigió el país durante siete años entre 1976 y 1983 con el eufemístico nombre de Proceso de Reorganización Nacional, pero tenía pendiente la realización de un gran film sobre el juicio a las juntas militares que tuvo lugar durante casi cuatro meses entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985. Un juicio a los máximos responsables de los crímenes y violaciones de derechos humanos que acontecieron durante los siete años de dictadura y que tras la inacción del tribunal militar fue traspasado, por orden del presidente Raúl Alfonsín, a la justicia civil que llevó al banquillo a nueve de los militares que regían las juntas, entre ellos, tipos tan siniestros como Jorge Videla, Emilio Massera, Roberto Viola o Leopoldo Galtieri. 

Santiago Mitre y su coguionista habitual Mariano Llinás depositan el protagonismo sobre el fiscal Julio César Strassera (Ricardo Darín) sobre el que cayó la peliaguda tarea de dirigir la acusación pública sobre los encausados. Strassera y su joven ayudante Luis Moreno Ocampo (Peter Lanzani) tuvieron que formar un joven e inexperto equipo de abogados que, en un tiempo récord, aglutinaron toda la información posible sobre más de setecientos casos de violación de los derechos humanos y elaboraron la acusación basándose en el informe Nunca Más emitido por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas y redactado por el escritor Ernesto Sábato.

Argentina 1985, como se ha dicho, se apoya narrativa y emocionalmente sobre el fiscal Strassera, para ello parte de su vida familiar, contexto en el que se le presenta junto a su inteligente y sarcástica esposa, su hija adolescente y su espabilado hijo pequeño al que utiliza como espía de los asuntos amatorios de su hermana. Esta vida familiar, entrañable si así se quiere denominar, y contada con genuino humor, se ve alterada en el momento en que la decisión del presidente Alfonsín de desplazar al tribunal militar, apunta a Strassera como el hombre destinado a dirigir la acusación en el primer juicio civil de la historia para juzgar crímenes militares. Las amenazas al protagonista y a su familia ocupan la primera parte del film hasta que todo el proceso judicial y su impacto mediático en la sociedad argentina ocupan el centro de un relato emocionante y salpicado por continuos toques de humor.

Tal y como está concebida, no podría entenderse Argentina 1985 sin la soberbia interpretación de un Ricardo Darín al que a estas alturas ya me atrevo a calificar como infalible. Puede estar en alguna película mala pero él nunca está mal. Su recreación del fiscal Strassera será de las que marquen un hito en su carrera como lo hicieron los personajes de El hijo de la novia, Nueve reinas, El secreto de sus ojos o Truman por citar solo cuatro y no atiborrar este escrito de títulos. Con la base de la asombrosa naturalidad que caracteriza siempre su trabajo, Darín transmite el miedo, las dudas, la sensación de ser superado por la presión con finura, con gestualidad contenida y con el dominio del tono y la dicción que le han hecho célebre. Todo ello teñido con el sarcasmo y mala leche que, por lo visto, tenía el fiscal. También están brillantes Peter Lanzani y todo el resto del reparto, en particular Alejandra Flechner como la esposa de Strassera.

Mitre no ha querido hacer una película de tesis ni un documental, parece evidente su propósito de conseguir que la película tenga éxito y sea accesible para todo tipo de público. Es por ello que libera a la película de la acumulación de información, la excesiva exposición de las atrocidades cometidas o un carácter solemne y la conduce por la senda del cine eficaz aunque eso le suponga renunciar a ciertos rigores muy del gusto de los cinéfilos de ceño arrugado. En opinión de quien aquí escribe, la película es divertida y está llena de intensidad y ritmo, contada con honestidad y plagada de buenos intérpretes. Lo único que se me ocurriría reprocharle es que en ningún momento oigamos a los acusados durante el juicio y siempre aparezcan como (casi) figuras de cera sentados en el banquillo. El único sobre el que la cámara se detiene con cierto atrevimiento es el meapilas Videla que finge desatender el juicio leyendo la Biblia.

Argentina 1985

9

Puntuación

9.0/10

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