Ciclo David Lynch: Crítica de ‘Twin Peaks: Fuego camina conmigo’ (1992)

Las críticas de Daniel Farriol:
Ciclo David Lynch
Twin Peaks: Fuego camina conmigo (1992)

Twin Peaks: Fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walk with Me) es un thriller psicológico dirigido por David Lynch que también coescribe el guion junto a Robert Engels para esta precuela de la serie creada por el propio Lynch y Mark Frost. El filme nos sitúa en  los últimos siete días de vida de la malograda Laura Palmer. Por el día, es una popular estudiante modelo en el instituto, pero por la noche, su mundo se mueve entre las adicciones a las drogas y el sexo. Está protagonizada por Sheryl Lee, Ray Wise, Moira Kelly, Chris Isaak, James Marshall, Dana Ashbrook, Kyle MacLachlan, Kiefer Sutherland, Harry Dean Stanton, Michael J. Anderson, Grace Zabriskie, David Lynch, David Bowie, Miguel Ferrer, Mädchen Amick y Heather Graham.

La precuela maldita de una serie de éxito

Twin Peaks: Fuego camina conmigo acaso sea una de las películas más incomprendidas de toda la filmografía de David Lynch. Fue abucheada y vapuleada tras su presentación en Cannes, mismo lugar donde el director recibiría paradójicamente una sonora standing ovation a su regreso en 2017 para presentar en el Festival la tercera temporada de la serie. Durante muchos denostada por público y crítica con el paso del tiempo ha adquirido cierta aureola de película de culto entre los fans más acérrimos al cine del director, pero sigue polarizando las opiniones de la gente (como, en general, ocurre con todo su cine), así que ante los que la consideran un fiasco se posicionan los que la catalogan de Obra Maestra.

En realidad, es una de las obras más oscuras y deprimentes realizadas por su autor que busca distanciarse deliberadamente del tono más llevadero que tenía la serie de TV de la que el filme es una precuela. Esa distancia se encuentra tanto en la ausencia de su característico humor como también por el punto de vista que se adopta. Ya no presenciaremos las investigaciones del agente Cooper, ahora la protagonista de verdad es la víctima, Laura Palmer (Sheryl Lee), a la que seguiremos durante los 7 días previos a su asesinato. No se aportan demasiados datos nuevos sobre el crimen, lo esencial ya fue revelado a lo largo de la serie, lo que busca el filme es adentrarse en la quebrada mente de la chica y en las emociones contradictorias derivadas de los traumas internos que le llevaron a la perdición.

El doble significado de la secuencia de apertura 

Que Twin Peaks: Fuego camina conmigo no pretende ser una precuela continuista con el estilo de la serie lo deja bien claro el director desde los títulos de créditos iniciales. Los rótulos aparecen sobre un fondo azul ondulante mientras suena una música de jazz en la que un saxofón desgrana sus notas entre la sensualidad y la tristeza. La cámara se va alejando poco a poco para descubrirnos que ese fondo azul no es una cortina de terciopelo como en una de sus anteriores películas sino la imagen catódica del ruido de un televisor sin señal de emisión. La escena y la música se cortan de manera abrupta con un grito desgarrador y el destrozo de la caja tonta tras una discusión que se mantiene fuera de cuadro y que nos conduce ipso facto a la imagen de un cadáver flotando en el río.

Es un inicio impactante que escenifica el asesinato de Teresa Banks (Pamela Gidley), una prostituta y cocainómana de 17 años cuya muerte en Deer Meadow se produce justo 1 año antes del asesinato de Laura Palmer. El parecido modus operandi de ambos crímenes es lo que pone en marcha la investigación del FBI que encuentran indicios de que ambas muertes están relacionadas. Pero más allá de significar un punto de unión con la trama principal de la serie, la imagen de esa televisión rota podría verse como una declaración de intenciones del director para separar ambas ficciones y sugerir que la película irá por un camino que sería imposible de afrontar dentro de una ficción televisiva debido a la censura y limitaciones impuestas por los directivos de las cadenas. Por eso la película acaba siendo tan oscura y depravada, aunque el sexo y la violencia siempre habían estado implícitos a la historia, aquí se abordan de una manera mucho más explícita y descarnada.

Un puzzle de piezas perdidas que cuesta encajar

Twin Peaks: Fuego camina conmigo tiene una estructura fragmentada y radicalmente abstracta que no ayuda demasiado a conectar con el público, en especial, con todos aquellos que no vieron la serie para descubrir allí el significado de la Red Room (La Habitación Roja) o The Black Lodge (La Logia Negra), así como todo el universo de símbolos que enmarcan la trágica existencia de Laura Palmer. Se grabaron más de 5 horas para la película de las que quedó un montaje final de 129 minutos, así que es lógico que haya incongruencias narrativas en la película con tanto material descartado en la sala de montaje.

En 2014 salió Twin Peaks: Las piezas perdidas un largometraje donde se reunían por primera vez gran parte de estas escenas eliminadas, pero tal y como explicó el coguionista, Robert Engels, el concepto inicial era concebir esta película como la primera de una trilogía que exploraría con detenimiento la mitología de Black Lodge. Por eso viendo la película de manera independiente queda una sensación de subtramas incompletas, especialmente tras ese largo prólogo de 32 minutos que parece desconectado del resto. El fracaso crítico y la indiferencia del público hicieron que Lynch abandonara el proyecto de continuar la historia con esas secuelas.

Sin embargo, a veces caen del cielo nuevas oportunidad y 25 años más tarde surgió la posibilidad de realizar una tercera temporada de la serie con total libertad creativa, algo que permitió al director atar cabos sueltos y resolver enigmas y momentos confusos que aparecen en Twin Peaks: Fuego camina conmigo, sobre todo, profundizando en el concepto del doppelgänger que es algo que ya se intuía a través del terrorífico desdoblamiento de personalidad que sufría el agente Cooper frente al espejo al final de la segunda temporada de la serie.

Un prólogo que juega al despiste 

Twin Peaks: Fuego camina conmigo se inicia tras la aparición del cadáver de Teresa Banks con un prólogo que recuerda bastante al tono de la serie, pero que sucede en la localidad de Deer Meadow siguiendo la investigación realizada por los agentes Chester Desmond (Chris Isaac) y Sam Stanley (Kiefer Sutherland). Hay ciertas similitudes en la creación ambiental del típico pueblo americano y sus personajes pintorescos con la llegada que tenía Dale Cooper a Twin Peaks, pero advertimos ciertas diferencias que convierten a Deer Meadow en un lugar de apariencia menos idílica, una América económicamente más miserable, por ejemplo, con ese aparcamiento de caravanas, y cuyos habitantes se comportan de manera más arisca y antipática ante los recién llegados, algo que vemos en la escena de la comisaría y de la cafetería.

El encargo de la investigación viene a cargo de un viejo conocido, Gordon Cole (David Lynch), que sigue sordo como una tapia y que aparece en una desconcertante escena en el aeropuerto de Portland. Allí, una mujer enfurruñada que va vestida de rojo y con una peluca del mismo color, Lil, ofrece pistas a los investigadores de las características que tendrá el caso mediante una mímica absurda que luego nos será explicada. Durante el prólogo también tendrán breves apariciones el propio Cooper (Kyle MacLachlan no quiso aparecer más tiempo para no encasillarse en el personaje) o Phillip Jeffries (David Bowie), otro agente que llevaba desaparecido durante dos años y cuya imagen es captada por una cámara de vigilancia junto a un doble del propio Cooper. Todas estas cosas quedan en el aire y crean una sensación de frustración en el espectador que debe ver la película como una pieza más del puzzle que se complementa con las tres temporadas de la serie.

De la superficialidad de la soap opera a la profundidad del retrato psicológico de una víctima de abusos sexuales 

Tras esos 32 minutos de prólogo es cuando comienza la verdadera película que hay detrás de Twin Peaks: Fuego camina conmigo. Las inconfundibles notas del «Twin Peaks Theme» compuesto por Angelo Badalamenti suenan a la vez que nos transportan por fin a ese pueblo ficticio cerca de la frontera con Canadá donde los sueños se funden con las pesadillas más terroríficas. En la película irán apareciendo muchos de los personajes de la serie aunque echaremos en falta notables ausencias como las de Audrey Horne (Sherilyn Fenn), que no pudo participar por problemas de agenda, Josie Packard (Joan Chen) o el Sheriff Harry S. Truman (Michael Ontkean), cuyas escenas fueron eliminadas, y también tendremos que acostumbrarnos al chocante cambio de actriz en uno de los personajes principales, Donna Hayward, la mejor amiga de Laura, donde una estupenda Moira Kelly sustituye a Lara Flynn Boyle (algunas versiones dicen que por agenda, otras por falta de acuerdo económico y otras por su negativa a aparecer desnuda en el filme).

La mejor explicación de lo que veremos a continuación en Twin Peaks: Fuego camina conmigo la hallamos en las palabras del propio Lynch que en una entrevista dijo que la película trata sobre «la soledad, la vergüenza, la culpa, la confusión y la devastación de la víctima del incesto. También trata sobre el tormento del padre: la guerra dentro de él». Efectivamente, la película es un tratado psicoanalítico sobre la ansiedad, la depresión, la locura y muchos otros sentimientos contradictorios que asolan a una víctima de abusos sexuales como es nuestra Laura Palmer. Tras la fachada de estudiante perfecta vemos a una chica que por las noches se vuelve promiscua sexualmente y que flirtea con las drogas duras sin saber como afrontar el amor puro que siente por James Hurley (James Marshall). Esos excesos y desmanes son una forma de escapar a sus propios demonios que bajo el rostro de Bob, un hombre que se cuela de noche por la ventana de su dormitorio, se esconde en realidad su propio padre que lleva violándola desde que tenía 12 años.

Un vía crucis de pena y dolor

El trauma de Laura Palmer y su descenso a los infiernos de la depresión son el verdadero eje sobre el que se estructura Twin Peaks: Fuego camina conmigo. A su alrededor pulularán personajes malvados, pervertidos y degenerados que se aprovechan de la vulnerabilidad de jóvenes perdidas, la mayoría menores de edad, a las que utilizan como mercancía sexual para sus orgías de cocaína y sexo. Es un submundo nocturno, peligroso y nauseabundo que Lynch ya había retratado en Terciopelo Azul y que seguiría explorando en su trilogía de Los Ángeles. Así que bajo ese envoltorio surrealista de plástico, cortinas y símbolos ininteligibles, Lynch transforma los sueños en pesadillas para elevar lo mundano a un mundo paralelo habitado por ángeles y demonios.

Twin Peaks: Fuego camina conmigo posiblemente no sea una de las mejores películas de David Lynch o, mejor dicho, una de las más redondas, pero sí es de las más lynchianas. En ella encontramos todo el arsenal de obsesiones del cineasta como son la degradación moral, la perversión de la inocencia (el ángel que desaparece del cuadro) o la formulación onírica de la manera en que cada persona debe lidiar su propia batalla para discernir entre el bien y el mal (los doppelgänger son la quintaesencia representativa de todo eso). A nivel visual es una experiencia alucinógena con una Sheryl Lee superlativa siempre en primer término, pero también es una película terriblemente incómoda, triste, terrorífica y desagradable que nos sitúa de frente ante el lado oscuro de la condición humana sin filtros ni edulcorantes. Los últimos 7 días de Laura Palmer se convierten entonces en un vía crucis de pena y dolor, algo que simboliza esa crema de maíz llamada «garmonbozia» que consumen en La Habitación Roja.


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Twin Peaks: Fuego camina conmigo

7.7

Puntuación

7.7/10

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