Crítica de ‘Safo‘: La rebelión de las musas

Las críticas teatrales de Daniel Farriol:
Safo

Safo es un espectáculo teatro-musical creado por Christina Rosenvinge, Marta Pazos y María Folguera, inspirado por los poemas de Safo. Es una coproducción de Teatre Romea, Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Grec 2022-Festival de Barcelona que cuenta con la dirección de Marta Pazos, las coreografías de María Cabeza de Vaca, los textos de María Folguera y la dirección musical de Christina Rosenvinge. La historia nos muestra a Safo en un jardín de Lesbos donde ha convocado a las Musas protectoras del arte, pero las diosas detienen su juego para que inicie un viaje a través del tiempo, desde los textos de Ovidio hasta el Siglo XXI.

Está protagonizada por Christina Rosenvinge, Irene Novoa, Juliane Heinemann, Lucía Bocanegra, Lucía Rey, María Pizarro, Natalia Huarte y Xerach Peñate. La obra se estrenó el 6 de Julio de 2022 en Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Dentro de su gira estatal, nosotros pudimos verla en el Teatre Romea de Barcelona donde permanecerá del 16 al 24 de Julio de 2022. Su parada en Madrid está prevista en Teatros del Canal del 29 de septiembre al 9 de octubre de 2022.

Safo: poetisa, mujer y mito

La obra Safo creada por Christina Rosenvinge, Marta Pazos y María Folguera, combina música, poesía, teatro y danza en un espectáculo único que no dejará a nadie indiferente. Safo de Mitilene fue una poetisa griega que se estima escribió alrededor de 12.000 versos de los que solo se conservan unos 100 y solo «Himno en honor a Afrodita» se encuentra completo. Al parecer fue el papa Gregorio VII quien en 1073 ordenó quemar todos los manuscritos existentes de la poetisa en la biblioteca de Alejandría por considerarlos impuros e inmorales. A pesar de eso, Safo se convirtió en una figura clave e influyente para la lírica posterior, entre otras cosas, por inventar una métrica propia de cuatro versos que se conoce como estrofa sáfica.

Nacida en la isla de Lesbos y mediante una obra en la que se acercaba a la sexualidad femenina desde un prisma poco explorado hasta entonces, el safismo servirá con posterioridad para ilustrar el lesbianismo, adquiriendo una forma retórica reivindicativa para la lucha social de los colectivos LGTBI. En realidad, poco ha trascendido de la vida de Safo y casi todo lo que conocemos pertenece al terreno de las leyendas e interpretaciones efectuadas por otros de su obra a lo largo de los siglos. Fue el poeta romano Ovidio quien popularizó la historia de su suicidio por un amor no correspondido y, desde entonces, Safo se convirtió en un icono simbólico para artistas del romanticismo y del prerrafaelismo para reflejar en sus obras la desesperación y la locura femeninas derivadas del amor por los hombres.

Sin embargo, con el paso de los años y la modernización del pensamiento colectivo, el legado de la «décima musa» (según la bautizó Platón) se ha ido reconstruyendo mediante la separación de lo mitológico de lo qué es real (o lo que al menos creemos es real), cobrando mayor importancia la «Casa de las servidoras de las musas» una escuela fundada por Safo donde sus discípulas aprendían a recitar poesía y cantar. Según puede extraerse de los fragmentos de poemas que se conservan, la profesora-poetisa se enamoraba de sus alumnas y mantenía relaciones con algunas de ellas, en especial, Atthis, para la que escribió uno de sus poemas más ilustres «El adiós a Atthis». Todo esto ha convertido a Safo en un símbolo del amor libre y en el amor entre mujeres, sin duda, una historia que encaja mejor con la decisión papal de la destrucción de sus manuscritos.

Rosenvinge: cantante, mujer y musa

Detrás de la obra Safo se encuentra Christina Rosenvinge, una artista española de padres daneses a la que admiro y llevo siguiendo desde el principio de su carrera. Aquella chica mona y modernilla que hacía pareja en televisión con Álex cantando la canción pop «Chas! Y Aparezco A Tu Lado», fue labrándose una carrera propia e independiente que, al igual que a Safo, el paso del tiempo le permitió desprenderse de la imagen construida a partir de la mirada de los otros para demostrar su verdadera y poderosa personalidad dentro del panorama musical. Fue algo que le llevó incluso a reinventarse durante su «trilogía americana» junto a los músicos de Sonic Youth, adquiriendo cierta notoriedad en la escena independiente neoyorkina.

De eso han pasado ya unos 20 años en los que ha seguido depurando su estilo y buscando nuevas experiencias encima del escenario (lugar donde he tenido la suerte de verla en una decena de ocasiones durante sus distintas etapas). Con esta obra teatral en la que pone música a los versos de Safo, nos vuelve a sorprender mutando en una artista multidisciplinar que conecta el arte antiguo de la época arcaica con los postulados posmodernistas del teatro más vanguardista y contestatario.

Si uno se detiene a escuchar las canciones de Rosenvinge se dará cuenta que siempre tuvieron un marcado acento feminista, así que no resulta extraño que su evolución artística le haya llevado en su madurez a detenerse a mirar a ese lejano pasado como definición filosófica de quiénes somos ahora. Tampoco es la primera vez que la cantante cruza sus canciones con la lírica antigua, uno de sus temas más recordados es aquella preciosidad minimalista llamada «Canción del Eco» que versaba sobre el mito de Narciso y la ninfa Eco según el relato escrito, otra vez, por Ovidio.

Safo: La obra de Pazos, Folguera y Rosenvinge

Qué nadie espere encontrar en Safo una declamación de los textos clásicos al estilo canónico. El espectáculo que nos propone el triunvirato formato por Pazos, Folguera y Rosenvinge es una mirada provocadora a la figura de la poetisa que busca poner en valor a la mujer que se encuentra detrás del mito y, de paso, desafiar a todos aquellos que alguna vez ultrajaron su nombre mediante una performance tan arriesgada como desconcertante que combina lo poético con lo esperpéntico. «La musa, es el genio», dicen sus autoras. El repaso que hacen a la vida y obra de Safo es un juego metateatral y metalingüistico dentro de un escenario engalanado con cortinas rosas y con Christina Rosenvinge, Irene Novoa, Juliane Heinemann, Lucía Bocanegra, Lucía Rey, María Pizarro, Natalia Huarte y Xerach Peñate transformadas en musas rebeldes que escupirán fuego y deseo en una sátira burlesca de alto contenido feminista.

El resultado es muy extraño, entre lo fascinante y lo risible, una obra vanguardista no apta para todos los públicos que busca en la transgresión una forma de comunicarse con el espectador a través de caricias y escupitajos, alternando números musicales que rayan la cursilería con otros de evidente severidad dramática. Una amalgama kitsch de contrastes escénicos que quedan perfectamente representados desde el principio a través del imaginativo trabajo de vestuario y atrezzo donde se alterna con vesania lo antiguo con lo moderno.

La sensualidad femenina reflejada en las pinturas románticas se transforma aquí en una celebración de la sexualidad y del amor lésbico a través de los cuerpos desnudos de las actrices o con escenas tan gráficas como la masturbación con una sandía a modo de vagina, una idea ya vista en la polémica película taiwanesa El sabor de la sandía (Tsai Ming-liang, 2005). Si te escandalizas de manera fácil, ya te advierto que esta no es tu obra.

Safo: Una estrella del rock

Safo es un espectáculo rompedor que reconozco me ha dejado sensaciones contradictorias, pero que penetra en el cerebro y te obliga a interactuar con todo lo que propone. Respecto al entregado y valiente trabajo de todas sus actrices no puedo más que aplaudirlo, sin merecer a las demás, me quedo con la voluptuosidad escénica en la danza salvaje de Lucía Bocanegra y con esa mirada magnética con la que Natalia Huarte desnuda al espectador frente a sus convicciones.

En cuanto a Christina Rosenvinge no agregaré mucho más a lo ya dicho en un párrafo anterior, es una artista polifacética e inconformista que sigue trazando un portentoso camino por la independencia creativa. Aquí convierte a Safo en una estrella del rock, algo que no deja de ser un nuevo disfraz que ayuda a comprender mejor cuál es su personalidad musical, del mismo modo que los diversos personajes creados por Bowie para sus discos definían cuál era su evolución artística. Si no quieres que te la cuenten tendrás que ver Safo con tus propios ojos para dejarte seducir y viajar con orgullo hacia el Lesbos más actual.


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