Ciclo David Lynch: Crítica de ‘Mulholland Drive’ (2001)

Las críticas de Daniel Farriol:
Ciclo David Lynch
Mulholland Drive (2001)

Mulholland Drive (Mulholland Dr.) es un thriller psicológico escrito y dirigido por David Lynch. La historia sigue a Betty Elms, una joven aspirante a actriz que llega a Los Ángeles para convertirse en estrella de cine y se aloja en el apartamento de su tía. Allí conoce a la enigmática Rita, una mujer que padece amnesia a causa de un accidente sufrido en Mulholland Drive. Las dos juntas decidirán investigar quién es Rita y cómo llegó hasta allí. Está protagonizada por Naomi Watts, Laura Elena Harring, Justin Theroux, Ann Miller, Robert Forster, Brent Briscoe, Jeannie Bates, Melissa George y Billy Ray Cyrus.

Una historia que no es verdadera

Mulholland Drive es una carta de amor envenenada a Hollywood. La segunda parte de la trilogía angelina de David Lynch (también conocida como trilogía de la identidad) es la que mayor consenso crítico ha logrado a su alrededor, incluso por parte de firmas tan autorizadas como la de Roger Ebert que solía mostrar una particular inquina hacia los anteriores trabajos del director. Tras el tono minimalista y humanista de Una historia verdadera (1999), Lynch regresó aquí a sus habituales mundos extraños de fugas surrealistas. A menudo es considerada por sus detractores como una obra críptica y prácticamente ininteligible, aunque en realidad tiene una narrativa mucho más accesible que la mayoría de sus primeras películas, al menos, hasta el quiebro del tercer acto que analizaremos después.

Si tuviéramos que contar la historia o sinopsis principal a alguien que nunca ha visto la película, le diríamos que trata sobre una joven ingenua que es aspirante a actriz, Betty Elms (Naomi Watts), y se muda a la casa de su tía en una urbanización de Los Ángeles para lograr su sueño de convertirse en una estrella de Hollywood. Cuando llega a su apartamento descubre que hay otra mujer alojada en su interior, Rita (Laura Elena Harring), una misteriosa amnésica que ha sufrido un accidente y que no sabe cómo ha llegado hasta allí. Las dos se harán amigas y decidirán investigar el pasado borrado de la mente de Rita… A priori podría tratarse de una historia clásica de suspense hitchcockiano, pero con Lynch no todo es lo que parece ni todas las historias que vemos en pantalla son verdaderas…

El piloto de una serie reconvertido en película

Mulholland Drive iba a ser el episodio piloto de una serie para la ABC que la cadena acabaría rechazando y negándose a producir. El proyecto llevaba en mente de Lynch unos 10 años, desde la época de Twin Peaks, ya que originariamente formaba parte de un spin-off sobre el personaje de Audrey Horne que interpretaba Sherilyn Fenn. El piloto de unos 100 minutos de duración finalizaba aproximadamente con la escena del cambio de imagen de Rita y una imagen del vagabundo misterioso sosteniendo la caja azul en sus manos. Tiempo después se recuperó el proyecto, se remontó el material existente, y se rodaron nuevas escenas completando una duración final para la película de 147 minutos.

La propia decepción que sufrió Lynch con la cancelación de la serie le sirvió para darle una vuelta de tuerca a la propuesta inicial que nos lleva hacia esa segunda parte tan perturbadora. El vuelco hacia lo onírico le acaba dando un sentido completamente trágico a la existencia de Betty/Diane y una mayor carga crítica en su representación de los entresijos del mundo del cine como reflejo de una mafia oscura que destroza los sueños de la gente.

Precisamente, el director dedicó la película a Jennifer Syme, actriz y asistente con la que había trabajado en un par de ocasiones y que murió en un accidente de tráfico. La chica había estado consumiendo distintas sustancias en una fiesta organizada por Marilyn Manson, padecía depresión tras nacer su hija muerta y había terminado su relación sentimental con el padre, el famoso actor Keanu Reeves. Los sueños rotos de Jennifer y de tantas otras jóvenes aspirantes a actriz es lo que busca trasladar a la pantalla Lynch durante el periplo vital de su Betty.

Influencias de otros directores

Para Mulholland Drive, David Lynch vuelve a tomar como influencias temáticas y estilísticas algunas de sus películas preferidas como cinéfilo. Vamos con algunos ejemplos.

El mago de Oz (Victor Fleming, 1939), al convertir Hollywood en el Oz particular de Betty con un resbaladizo camino de baldosas amarillas que transforma el sueño en pesadilla. El crepúsculo de los Dioses (Billy Wilder, 1950), al mostrar la decadencia autodestructiva de ese Hollywood dorado simbolizado por el póster de Gilda (Charles Vidor, 1946), cuya protagonista Rita Hayworth sirve para bautizar a la chica amnésica. Tras el accidente en la carretera, camina desorientada hasta llegar precisamente a Sunset Boulevard, título original de la película de Wilder. Con posterioridad, se añade también una toma de cámara similar entre ambas películas que adquiere un sentido antagónico, ya que en uno se muestra la llegada de Betty a su primera audición en los estudios Paramount y en el otro a una Norma Desmond en el ocaso de su carrera.

Más ejemplos. Vértigo (De entre los muertos) (Alfred Hitchcock, 1958), a través de la dualidad mórbida de los personajes, una constante en el cine del director, enfundando a la propia Betty en un conjunto gris claramente inspirado por el que llevaba Kim Novak en la mítica escena de su metamorfosis en la habitación de hotel. Todo cuadra. Persona (Ingmar Bergman, 1966), haciendo hincapié en la atracción que surge entre dos mujeres que derivará después en obsesión (como veremos más tarde). Si seguimos buscando, seguro que encontraríamos más, pero como siempre, las mayores referencias las encontraremos en el propio cine del director con multitud de vínculos ocultos y visibles con sus anteriores películas, en especial, Terciopelo azul (1986) y Carretera perdida (1997).

Carreteras paralelas

De Terciopelo azul se recupera el tono detectivesco con una Betty que amalgama en un solo personaje la curiosidad de Jeffrey y la ingenuidad de Sandy, algo que la lleva a introducirse en un mundo desconocido y perverso que va cambiando su comportamiento hacia los demás (adquiere mayor seguridad al acercarse a Rita y al afrontar su primer cásting). Pero es Carretera perdida la clave para entender mejor Mulholland Drive, ya que en realidad son dos películas de estructura similar, a la inversa, que nos hablan sobre la identidad de modo parecido para encontrar una lógica interna a todo aquello que nos resulte abstracto en un primer visionado. Ambas películas se comunican a través de una carretera donde Mr. Eddy persigue con su coche a un conductor que «se le pegaba demasiado» mientras aquí otros imbéciles al volante son los que provocan el accidente que origina la amnesia de Rita.

La famosa fuga psicogénica que explicaba en Carretera perdida la transformación de Fred Madison en Pete Dayton como una triquiñuela de su imaginación para ocultar el asesinato de su esposa y eludir las responsabilidades de sus actos, es la misma fórmula que emplea Lynch para conectar las dos partes diferenciadas de Mulholland Drive, la real y la onírica. Pero, ¿cuál es cuál? Decíamos en el primer párrafo de esta reseña que estábamos ante «una historia que no es verdadera». Y es que los 117 minutos iniciales podrían considerarse casi como una especie de MacGuffin, un señuelo donde se nos cuenta la historia de una aspirante actriz que podría ser cierta o simplemente parte de un sueño de Diane Selwyn que se convertiría entonces en la verdadera protagonista de la película.

Lynch para explicar a Lynch

Diane, interpretada al igual que Betty por Naomi Watts, es una actriz frustrada que está enamorada de Camilla Rhodes, de nuevo Laura Elena Harring en un reverso malvado de femme fatale. Su amada va a casarse con el director de cine Adam Kesher (Justin Theroux), así que despechada y en plena deriva autodestructiva decide contratar a un sicario para que la mate, pero al no poder soportar el sentimiento de culpa se suicida. Esa sería la sinopsis real de la película si nos centramos en la que sucede al final.

Es igual que Fred Madison en Carretera perdida cuando crea un mundo artificial en su cabeza que resulta más llevadero que la realidad. Esta breve explicación nos llevaría a entender que todo lo anterior es un simulacro de lo que podría haber sido su vida. Betty es la encarnación de quién desearía ser Diane, una actriz talentosa y con ilusión por comerse el mundo que deja boquiabiertos a todos durante un cásting y que acaba enamorando a Rita (en su caso Camilla), sin embargo, en su vida real no consigue nada de eso.

Muchos pequeños detalles nos llevan a dar por buena esa teoría en Mulholland Drive. Los nombres de Diane y Betty se intercambian en ambas partes (sueño/realidad), a su vez, por los nombres de sendas camareras que aparecen sirviendo en una típica cafetería americana. Y ya sabemos aquel dicho de que todos los actores y actrices trabajan antes como camareros/as… Es el símbolo del sueño americano, de los don nadies que persiguen las luces de neón que te acaban cegando. Betty es el ideal de Diane, pero podría ser el de otras muchas jóvenes actrices que llegan resplandecientes de ilusión a un Hollywood convertido en una auténtica trituradora de carne.

Un Hollywood de pesadilla

En una esclarecedora escena de Mulholland Drive, Betty le dice a Rita: «Será como en las películas, pretenderemos ser otra persona». Es una declaración de intenciones que Lynch coloca a modo de pista igual que en Carretera perdida cuando Fred Madison decía «Me gusta recordar las cosas a mi manera. Las recuerdo a mi modo, no necesariamente como pasaron». Es exactamente la misma idea con el aditivo del cine dentro del cine.

De por sí, el cine de Lynch siempre está plagado de personajes extraños, pero al ambientar Mulholland Drive en Hollywood la cosa se vuelve aún más divertida o caótica, según se mire. Entre ellos, tenemos a un Cowboy misterioso y a unos productores-mafiosos que son los que mueven los hilos en las películas quitando todo poder de decisión al director (¿un guiño sobre porqué cada vez le costaba más rodar cine a Lynch?), precisamente uno de los hermanos Castigliane (el degustador de café) está interpretado por su amigo y compositor Angelo Badalementi, que vuelve a regalarnos un leit-motiv maravilloso.

Otro personaje extraño es el vagabundo que aparece tras un muro y que funciona como catalizador entre los dos mundos, el verdadero y el onírico (en la escena eliminada del piloto televisivo portaba la caja azul, es caja de pandora de los sueños oscuros). Se podría decir que tiene un rol parecido al Mystery Man de Carretera perdida como barquero del inframundo que te obliga a confrontar las pesadillas de las que huyes. Hay otros personajes más anecdóticos como el asesino a sueldo al que se le acumulan inesperadamente los cadáveres o una pareja de ancianos que sonríe de manera perturbadora y que son una cruel escenificación del fracaso que se avecina.

El Club Silencio y otros momentos memorables

Entre los momentos memorables que perdurarán en nuestra memoria se encuentra la visita al Club Silencio donde «No hay banda» y todo está grabado. El maestro de ceremonias de ese cabaret decadente nos pone en antecedentes ante el giro de guion que viene y que ya hemos comentado. «Todo es una ilusión», dice. Rebekah Del Rio, presentada como «La Llorona de Los Ángeles» canta a capella el «Crying» de Roy Orbison, pero se descubre que es un playback como hacía Dean Stockwell con el «In Dreams» del mismo cantante en Terciopelo azul, al desmayarse la cantante en el escenario y seguir sonando su voz.

Un filme de culto que aparece en todas las listas que se organizan sobre mejores películas del siglo. La sensualidad que desprenden las escenas entre Naomi Watts y Laura Elena Harring, la quirúrgica descripción de la psicopatía del Hollywood moderno o la fragmentación entre lo real y lo onírico en un mismo plano narrativo, son elementos que por sí solos ya merecen nuestro aplauso. El trabajo de Naomi Watts es asombroso, aún recuerdo que cuándo vi por primera vez la película llegué a dudar de que Betty y Diane estuvieran interpretadas por la misma actriz (por aquel entonces aún era desconocida), tales son los matices que ofrece en su doble personaje que te desarma, por ejemplo, en la escena de la audición y cómo reinterpreta el mismo texto de manera distinta a los ensayos con Rita. Si alguien dudaba de Lynch como director ahí se lleva una buena bofetada.

Todo ello es trasladado a la pantalla por Lynch mediante una puesta en escena atemporal y de tonos azulados deslumbrantes que absorben los códigos del cine negro clásico dentro de una estructura que apuesta por el simbolismo de los cuentos. Mulholland Drive es una obra maestra para visionar varias veces que se encuentra entre lo mejor de su director, un viaje sin billete de vuelta a un Hollywood de pesadilla donde nadie es quién dice ser.


¿Qué te ha parecido la película?

Mulholland Drive

10

Puntuación

10.0/10

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