AFF 2022. Crítica de ‘Evolution’: ¿Puede el amor exorcizar el horror del pasado?

Las críticas de Daniel Farriol en el AFF 2022:
Evolution

Evolution es un drama húngaro dirigido por Kornél Mundruczó (Fragmentos de una mujer, Jupiter’s Moon), con guion de Kata Wéber (Proxy, Everybody’s Woman). La historia está dividida en tres relatos generacionales sobre una familia judía que nos llevan desde la Segunda Guerra Mundial hasta el Berlín de la actualidad para reflexionar sobre la sociedad y las heridas del pasado que aún perduran. Está protagonizada por Lili Monori (Semilla de maldad (Tender Son), Delta), Annamária Láng (One Day, La melodía del silencio), Goya Rego, Padmé Hamdemir, Harald Kolaas, Erik Major y László Katona. La película fue presentada internacionalmente en el Festival de Cannes 2021 y en España dentro de la Sección Nuevas Olas del Festival de Sevilla 2021. Ahora puede verse en el Atlàntida Film Festival de Filmin en Julio-Agosto de 2022.

Kornél Mundruczó, entre el teatro y el cine

En 2009, el director de cine húngaro Kornél Mundruczó, junto a la productora teatral, Dóra Büki, fundaron Proton Theatre, compañía teatral independiente con sede en Budapest, en la que se cuenta con libertad creativa suficiente para exponer las reflexiones sociopolíticas habituales del cineasta. Una de esas producciones, «Imitation of Life», escrita por Kata Wéber y Soma Boronkay, donde se relata la crónica de un desahucio, llegó a estrenarse en España en el Centro Dramático Nacional de Madrid y en el Teatre Lliure de Barcelona. Una de las dramaturgas de esa impactante obra, Kata Wéber, es la creadora del texto de «Evolution», obra teatral de la misma compañía que ha trascendido al cine con esta extraña y hermosa película en la que Mundruczó vuelve a incidir en sus obsesiones políticas dentro de un marco de realismo social donde tiene cabida la simbología surrealista.

Ya centrados en la película Evolution, y sin poder realizar comparativas con la obra teatral original, diremos que son tres relatos independientes que tienen como nexo común las tres generaciones de una misma familia judía. Viajaremos desde el final de Segunda Guerra Mundial a los días actuales en Berlín mediante tres historias sacudidas por las heridas del pasado y las distintas repercusiones que tienen en la vida de tres personajes, Eva, Lena y Jonas. Sus nombres son también los títulos de los tres fragmentos que conforman la película, cada uno filmado con un estilo narrativo y tono completamente distintos, algo que puede despistar a algunos espectadores.

Eva: Una alegoría terrorífica

Evolution comienza con unos limpiadores que acceden a una nave vacía. No se nos pone en situación, no sabemos quienes son, ni siquiera los hombres hablan entre ellos, pero en el lugar sobrevuela un hedor a muerte que traspasa la pantalla. Son 20 minutos de puro horror metafísico donde podremos adivinar que nos encontramos al final de la Segunda Guerra Mundial y que los limpiadores pertenecen a la Cruz Roja o al ejército polaco que está desinfectando una cámara de gas de un campo de concentración nazi.

Por eso lo que encuentran allí resulta tan inexplicable como terrorífico, unos manojos de cabello humano brotan a través de las rendijas de las paredes y por los desagües. Cuanto más intentan limpiar la nave más rodeados se encuentran por esas lianas de pelo que parecen convertirse en un organismo inseparable de un receptáculo que tanto dolor habrá visto infringir durante la guerra. Es un episodio absorbente, fascinante, asfixiante…

Lo surreal de la situación contrasta con el realismo punzante que desprende su simbolismo. De pronto, se escucha el llanto de un bebé y ocurre el milagro. Una niña, Eva (igual que la primera mujer que vino al mundo), ha sobrevivido a la barbarie nazi y aparece viva debajo de un sumidero. Se han realizado muchas películas sobre Auschwitz​ y sobre el exterminio de los judíos por parte del ejército nazi, pero estos 20 minutos iniciales, sin duda, son igual de desgarradores en su alegoría del holocausto a lo que hicieron en un tono más realista/documentalista Spielberg, Polanski, Resnais o Lansmann.

Lena: El trauma como identidad

Si la primera parte de Evolution está compuesta por unos 20 minutos tremendamente sensoriales que ocupaban tan solo 1 página de guion, este segundo tramo es todo lo contrario, nada menos que 45 páginas de diálogo sin interrupciones que transcurre en el interior de una casa con una marcada escenificación teatral del espacio. Eva (Lili Monori), la niña sobreviviente del primer relato, es ahora una anciana que ha dedicado su vida a escribir libros sobre las experiencias de su madre en el campo de concentración. Sus historias tienen un punto de fabulación, ya que siendo tan pequeña es complicado discernir los recuerdos de sus verdaderas vivencias. Su hija, Lena (Annamária Láng), intenta convencerla para que le muestre una partida de nacimiento que justifique su procedencia judía para obtener unas ayudas económicas que les niegan.

Esta segunda historia adquiere un tono costumbrista que nos habla de los conflictos generacionales que siempre existen entre padres e hijos, en este caso, con el añadido de mostrar las dificultades que tuvo la minoría judía en Alemania en los años posteriores a la guerra bajo el dominio comunista. Eran vistos como supervivientes heroicos y, a la vez, mirados con recelo por su procedencia. El legado de una generación a la otra nos lleva a entender que los efectos del trauma de los mayores aún seguía vivo en el día a día de unos hijos que debían lidiar con el estigma de ser judíos en su vida cotidiana.

Todo eso se resume con una lapidaria frase que le dice Lena a su madre: «No quiero ser superviviente, quiero estar viva». Esta segunda parte tan teatral de casi 40 minutos de duración, finaliza con una escena de aspecto surrealista donde el agua acaba inundando la casa como si los limpiadores del primer relato aún quisieran seguir limpiando el pasado sobre la que se construye y que ahora ahoga a los personajes.

Jonas: El presente y sus peligros

La última parte de Evolution es la más convencional en cuanto a trama y estilo narrativo, aunque el virtuosismo de Kornél Mundruczó sigue presente a través de sus habituales planos secuencia de seguimiento a los personajes. Jonas (Goya Rego) es el hijo adolescente de Lena. El chico intenta llevar una vida normal en el Berlín actual, aunque comprobamos que sufre pequeños episodios de bullying en la escuela por ser judío. Este tercer fragmento comienza con el incendio del colegio donde estudia el chico. Es el día de San Martín, una fiesta tradicional alemana donde los niños fabrican farolillos de papel, sin embargo, el farol de Jonas que hace con su madre es de Janucá, asociado a una festividad judía. Eso produce un conflicto entre los niños de su clase y, más tarde en casa, entre el chaval y la madre por haber cometido ese error. El pasado aún les persigue.

Jonas se fija en una chica llamada Yasmin (Padmé Hamdemir), a quién sus padres le han rapado el pelo tras teñírselo ella de azul. En un momento posterior, entenderemos que la chica tiene procedencia islámica. Tanto Jonas como Yasmin representan a las nuevas generaciones de jóvenes que han asumido la cultura y el idioma de los países donde han nacido, pero siguen llevando un estigma invisible que les discrimina frente a la escalada de populismos y extremismos que asolan la nueva Europa.

Mundruczó y Wéber, imaginan un final esperanzador, casi naïf, a través de esta historia de iniciación a la madurez (el diente de leche que aún conserva y se arranca), con un romance adolescente precioso a ritmo del evocador «Lovers are Strangers» cantado por Michelle Gurevich (también conocida como Chinawoman). Pero las advertencias y temores quedan patentes en esas actitudes racistas de otros jóvenes de su generación o en el trato de indiferencia institucional que reciben, no puede volverse a repetir el horror de la primera historia. Evolution es un filme no siempre redondo, pero sí siempre apasionante, que contiene grandes interpretaciones de todo el elenco.


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Evolution

8

Puntuación

8.0/10

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