Crítica de ‘The Jack in the Box: El despertar’: Vuelve el demonio-payaso

Las críticas de Daniel Farriol:
The Jack in the Box: El despertar

The Jack in the Box: El despertar es un filme británico de terror escrito y dirigido por Lawrence Fowler (The Jack in the Box, Curse of the Witch’s Doll). La historia nos muestra a una mujer moribunda que hace un trato con el demonio que hay dentro de una caja sorpresa. Para curar su enfermedad mortal a cambio deberá entregarle seis víctimas inocentes. Está protagonizada por Matt McClure (Reinas), Mollie Hindle, James Swanton, Nicola Wright, Nicholas Anscombe, Michaela Longden, Erina Mashate y Jason Farries. La película puede verse en Movistar +, Rakuten TV y Filmin desde el día 18 de Marzo de 2022. Es la secuela de The Jack in the Box (2019).

Una secuela sin nada nuevo que ofrecer

Tres años después de que el británico Lawrence Fowler intentase asustarnos sin éxito en su combinación de muñecos diabólicos con payasos siniestros de The Jack in the Box (2019), vuelve a incidir en el tema con The Jack in the Box: El despertar, una secuela aún menos inspirada que su predecesora donde repite una fórmula que más que terror produce somnolencia. Las cajas sorpresas del título «jack-in-the-box» tienen un mecanismo parecido al de una caja de música en la que hay que accionar una manivela para que suene la melodía, la diferencia es que aquí en lugar de aparecer una bailarina te sale un payaso para darte un susto. En esta secuela se vuelve a dejar de lado el verdadero origen de estos juguetes que está vinculado a la esclavitud y a las leyendas sobre demonios, aunque se hace un insuficiente esbozo sobre la procedencia de la caja sorpresa de la película.

Tal vez, hubiera sido una buena manera de acercarse a esta continuación el ahondar en la mitología y contar más detalles sobre el payaso asesino que encierra la caja y que, una vez despertado, es capaz de concederte un deseo a cambio de llevarse consigo el alma de seis inocentes. Para esta secuela nos trasladamos desde el museo de antigüedades de la primera hasta un enorme caserón victoriano en el que vive la adinerada Olga Masdale (Nicola Wright), una mujer moribunda a la que le resta un mes de vida, junto a su edípico hijo Edgar (Matt McClure). Están acompañados por un reducido personal de servicio en el que se integra la joven recién llegada Amy Proctor (Mollie Hindle) que trabajará como limpiadora, aunque por su forma de hacerlo resulta menos creíble que un ladrón de maracas con Parkinson. Tras adquirir la caja sorpresa en el mercado negro de antigüedades, la mujer hará un pacto con el demonio para que le devuelva la salud a cambio de ofrecerle el sacrificio de esas seis almas que anhela llevarse al inframundo y, claro está, los que pululan por la casa son los más indicados para convertirse en esas víctimas.

¿Dónde está la sorpresa?

Los personajes de The Jack in the Box: El despertar son meros estereotipos del cine de terror que están construidos con desidia, la mayoría con la única intención de ser carne de cañón al más puro estilo slasher para regocijo del payaso. Eso no debería ser tan negativo si, al menos, Fowler fuese capaz de articular las seis muertes previstas con un mínimo de sentido del espectáculo o de la originalidad escénica. Pero eso no sucede en ningún caso. Las secuencias en las que aparece el demonio-payaso son rutinarias y los asesinatos tan poco creativos como carentes de tensión (solo la escena del ojo tiene gracia). De hecho encontraremos algún momento donde el director incluso autoplagia la primera entrega. Por otro lado, la scream queen de turno, Amy, es un personaje poco simpático del que tampoco nos importa mucho cuál sea su destino.

Eso sí, la caja-sorpresa se mueve más que Willy Fox con un bonobús y va apareciendo de manera arbitraria en las distintas estancias de la casa sin que eso tampoco sirva para dar variedad a unos crímenes que suceden casi siempre fuera de cuadro. Menudo chiste malo para una película de terror como esta. Se busca crear una atmósfera de aislamiento, no hay cobertura de teléfono y la verja de entrada permanece cerrada por la noche con toque de queda incluido. Edgar es quién tiene la llave, un tipo que empieza a enloquecer y cogerle el gustillo a esto de preparar la carnaza para el monstruo. Por desgracia, un argumento que podría dar lugar a una película de Serie B que se inclinara por el cachondeo y las vísceras, se toma demasiado en serio a sí misma, consiguiendo lo peor que puede decirse de un filme de género, que este despertar del payaso aburre y produce sueño. Como ya sucediera en la primera entrega de esta posible saga (¿?), lo único que se salva de la quema es el diseño de la caja y del muñeco, pero esta secuela es aún peor.


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The Jack in the Box: El despertar

3

Puntuación

3.0/10

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