Crítica de ‘La pasajera’: «Suspirios» de España

Las críticas de Daniel Farriol:
La pasajera

La pasajera es una comedia de terror española dirigida por Raúl Cerezo y Fernando González Gómez (Viejos), con guion escrito por Luis Sánchez-Polack (Raphaelismo, El paisano), adaptando un guion previo de Asier Guerricaechevarría (Errementari: El herrero y el diablo, 70 binladens) y Javier Echániz (Agallas, Tiempo sin aire), sobre un idea original de Raúl Cerezo. La historia sigue el viaje en furgoneta que realiza un grupo de personas desconocidas que se han puesto en contacto a través de una aplicación. Tras atropellar accidentalmente a una excursionista, deciden socorrerla y llevarla a un hospital, pero pronto descubren que no deberían sentarse junto a ella durante el viaje. Está protagonizada por Ramiro Blas (Vis a Vis, Bajo la rosa), Paula Gallego (La luz, Cuéntame cómo pasó), Cecilia Suárez (Alegría, Cuidado con lo que deseas), Cristina Alcázar (Terror y feria, Los Quién) y Yao Yao. La película se ha estrenado el día 18 de Febrero de 2022 de la mano de Karma Films.

Una road-movie cañí que homenajea al terror y al fantástico

La pasajera es toda una sorpresa dentro del panorama actual del cine de género español e, incluso, me atrevería a decir que también en el internacional. Su modestia, desvergüenza y amor sin complejos por el terror y la ciencia-ficción de Serie B, son un bálsamo protector contra las ínfulas autorales que están pervirtiendo con su solemnidad la esencia principal del género que no es otra que la diversión. El debut en el largo de la pareja artística formada por Raúl Cerezo y Fernando González Gómez, da como resultado una road-movie disfrutona que se convierte en todo un paseo con capote y montera a través de un recorrido repleto de referencias visuales a autores clásicos como Cronenberg o Carpenter, con aroma nostálgico de videoclub y grabaciones clandestinas en VHS.

La trama se inicia con un grupo de personas desconocidas que deben compartir un viaje concertado a través de una aplicación del estilo del BlaBlaCar. Recientemente en el cine español ya hemos conocido los peligros que conlleva el subirse a coches con desconocidos, por ejemplo, en la divertida comedia de intriga Con quién viajas (Martín Cuervo, 2021), estando pendiente de estreno otra comedia de temática similar titulada El cuarto pasajero (Álex de la Iglesia, 2022) que seguro nos ofrece las emociones fuertes habituales a qué nos tiene acostumbrados el fantástico cineasta bilbaíno.

En esta ocasión, el viaje se realiza en una vieja furgoneta apodada la Vane por un dueño un tanto peculiar. Blasco (Ramiro Blas) es un ex torero que perdió un ojo en un accidente con una banderilla y cuyo personaje es una combinación del Torrente de Santiago Segura con el esperpento berlanguiano de posguerra. Junto a él se suman al trayecto, Mariela (Cecilia Suárez), una enigmática mexicana de personalidad algo arisca, además de Lidia (Cristina Alcázar) y Marta (Paula Gallego), una madre y su hija que se llevan como el perro y el gato. Con ese grupito tan ecléctico no es que tenga el viaje un inicio demasiado placentero, pero todo se complicará aún más cuando por accidente atropellan a una mujer que aparece de la nada en mitad de la carretera y deciden subirla con ellos a la furgoneta. Pronto descubrirán que no es una persona normal…

A ritmo de pasodoble y ¡Olé!

La presentación de los personajes en La pasajera potencia los estereotipos y las diferencias existentes entre ellos para forzar el humor socarrón. La película no pretende ser sutil ni políticamente correcta, ni falta que hace. El personaje de Blasco, racista, machista y cavernario, reúne todos los tópicos del españolito que adora con pasión religiosa al toro de Osborne, cambiando la devoción que sentía José Luis Torrente hacia El Fary por los exultantes y festivos compases de pasodobles taurinos tan populares como «Suspiros de España» o «Paquito El Chocolatero». La Vane tiene una cinta de cassette atascada con una recopilación de esos pasodobles que nos irán acompañando en la banda sonora como leit-motiv para la película. Curiosamente, ese hombre-prototipo del macho ibérico de la España Profunda está encarnado por un actor argentino, el estupendo Ramiro Blas, que debe ocultar aquí su acento y voseo característicos bajo una forma expresiva castellana y castiza. La verdad es que sale indemne de tal quilombo y logra caracterizar a su desagradable personaje con suficiente empatía para hacer que llegue a caernos bien.

Su relación con la adolescente Marta, interpretada por una Paula Gallego que va de menos a más en la película, puede resultar inapropiada en un principio (la mirada inicial del hombre hacia la menor y su posterior acercamiento algo baboso), pero finalmente se entabla entre ellos una amistad sincera con elementos paterno-filiales que sirve para redimir de sus defectos a Blasco y de paso hacer madurar a la chica, un niña consentida y bastante repelente en su presentación. Supongo que los personajes no serían aprobados en un test sobre perspectiva de género llevado a cabo por la inquisición de la sociedad actual, pero mucho me temo que eso poco importa a sus autores. El único punto negativo que encuentro es que la fuerza que tienen esos dos protagonistas termina por ensombrecer al resto de personajes secundarios.

La cámara como elemento narrativo

La segunda mitad de La pasajera es puro despiporre y disfrute palomitero que hará las delicias de los aficionados al terror, el fantástico y el cachondeo. Se agradece que los directores no se limiten a filmar en el interior de la furgoneta con los habituales planos/contraplanos y busquen siempre la manera de ser creativos. Es cierto que en algunos momentos la artificiosidad cinematográfica está por encima de lo argumental, lo que puede llegar a despistar un poco, pero por lo general es una manera descriptiva y audaz de hacer dinámica una narrativa concentrada en un único espacio. Encontraremos planos con dioptrías de enfoque dividido que te firmaría el De Palma ochentero y hasta un original plano secuencia con movimiento de cámara en el interior del vehículo. Se nota que la planificación está muy pensada y no se basa en la improvisación.

Con homenajes implícitos a Spielberg, Cronenberg o Carpenter, la película flirtea también con el fantástico viscoso o el terror corporal y de ultracuerpos, gracias a unos efectos visuales más que apañados que nos regalan algunas imágenes tan repulsivas como sandungueras. Para ponernos en contexto, podríamos decir que esta «Jeepers Creepers» berlanguiana está más cercana al espíritu de las producciones de Blumhouse que las que realiza A24. Los directores Raúl Cerezo y Fernando González Gómez firman una ópera prima insolente y divertidísima que hace estallar la absurda deriva hacia la pretenciosidad inherente al cine de género actual. ¡Queremos más viajes como La pasajera!


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La pasajera

7.3

Puntuación

7.3/10

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