Crítica de ’Flee’: Un documental conmovedor y deslumbrante

Las críticas de Laura Zurita:
Flee

Un refugiado afgano, Amin, acepta contar su historia personal con la única condición de que no se dé a conocer su identidad. Para lograrlo, el director, Jonas Poher Rasmussen, recurre a la animación para mantener el anonimato del narrador y para dar más fuerza a su historia. Sin perder la fidelidad al relato original, a sus tiempos lógicos y cronológicos, ni a su crudeza, lo poético está siempre presente.

Flee ha recibido ya múltiples premios en festivales y marca ahora un hito con su nominación al Oscar en tres categorías: Mejor Película Internacional, Mejor Documental y Mejor Animación. La película se estrena en cines el 18 de febrero de 2022 de la mano de La aventura.

El uso de la animación en documentales

El género documental está de enhorabuena en estos últimos años. Se realizan muchos trabajos de excelente calidad que exploran las fronteras entre la ficción y la no ficción, así como el uso de nuevos lenguajes y herramientas.

La animación es una de esas herramientas. Por un lado, nos permite engarzar en la trama principal escenas que ocurren en el pasado, como recuerdos, sueños y sentimientos; y por otro, logra mantener la continuidad estética y la argumental. El recurso de la animación se ha empleado con excelentes resultados en películas como Vals con Bashir o Buñuel en el laberinto de las tortugas. En Flee, lo innovador es que este recurso permite al protagonista de la acción hablar en primera persona y mantener, a la vez, el anonimato.

La animación es sencilla y realista, porque no trata de centrar el interés en ella, sino de utilizarla para contar con realismo una historia. Como excepción, aparecen algunas escenas oníricas en las que los trazos se engruesan y se adopta una estética cuasi expresionista, para hablarle al lado emocional del espectador.

Amin, nuestro protagonista

El guion de la película está escrito por el protagonista, Amin Navabi, y por su amigo e improvisado terapeuta, Jonas Poher Rasmussen. A través de las sesiones de análisis de Amin, vamos conociendo su historia, que empieza en un Afganistán de antes de los talibanes, en un país de apariencia moderna, con televisores, programas extranjeros y mujeres sin pañuelo caminando libremente por las calles. Su narración nos muestra la llegada de los talibanes al poder y como la vida del país cambia radicalmente, dando lugar al éxodo que lleva tanto a Amin, como a otros miles de refugiados, lejos de su tierra natal.

En la hora y media que dura la película, nos acercamos de manera persuasiva a la intimidad de Amin. Él se ha visto durante mucho tiempo atrapado por grandes miedos: miedo a volver a Afganistán, a afrontar lo desconocido, miedo a ser un refugiado en Europa y ,en lo más profundo, miedo a su propia sexualidad, a ser un hombre al que le gustan los hombres.

La suya es una posición extremadamente frágil. Amin ha tenido que lidiar a solas con sus contradicciones durante mucho tiempo, y son sus diálogos en el curso de la terapia los que nos van desvelando, poco a poco, los acontecimientos de su vida, sus miedos, sus motivaciones, y sus frustraciones más íntimas.

Por otra parte, la narración de los avatares que llevaron a Amin a acabar como refugiado en Dinamarca es emocionante. El narrador no oculta, en ningún momento, que el punto de vista que adoptamos es el Amin, que siempre se trata de su opinión sobre los hechos y sobre las personas. No hay pretensión alguna de imparcialidad.

Más allá del relato, al espectador se le plantean una serie de preguntas acerca del papel de los traficantes de personas, en su doble papel de salvadores y de aprovechados, así como sobre los riesgos reales que llevan a los refugiados a exiliarse y sobre las difíciles elecciones que tienen que hacer para entrar en sus países de destino y para ser acogidos. En este sentido, es especialmente inquietante la escena en la que los pasajeros de un crucero son al tiempo espectadores y actores en un decisivo cruce de fronteras. En ella se plantean, de manera sutil, serias dudas sobre la moralidad de la actitud de la población en general. Aquí sí que la película toma claramente partido ante una cuestión llena de dilemas éticos, evitando buenismos y alejándose del lenguaje de la moralina.

En resumen, Flee es una película emotiva, que nos da claves importantes para la comprensión de la historia de Afganistán y de las tensiones de los refugiados, al tiempo que nos entrega un retrato personal e íntimo de un hombre, de sus miedos y de su lucha por superarlos.


¿Qué te ha parecido la película?

Flee

8

Puntuación

8.0/10

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