SUNDANCE 2022. Crítica de ‘After Yang’: Autodescubrirse durante el duelo

Las críticas de Daniel Farriol en el Festival de Sundance 2022:
After Yang

After Yang es un drama de ciencia-ficción estadounidense escrito y dirigido por Kogonada (Columbus, Pachinko), adaptando una historia corta de Alexander Weinstein (Children of the New World). La historia nos sitúa en un futuro cercano, en el que un padre y su hija intentan salvar por todos los medios posibles la vida de Yang, un robot asistente al que consideran un miembro más de su familia. Está protagonizada por Colin Farrell (Langosta, El sacrificio de un ciervo sagrado), Jodie Turner-Smith (Queen & Slim, Sin remordimientos), Haley Lu Richardson (Montana Story, Apoya a las chicas), Justin H. Min, Brett Dier, Clifton Collins Jr., Sarita Choudhury y Nana Mensah. La película se ha podido ver en Enero de 2022 dentro de la programación del Festival de Sundance 2022.

La sombra siempre presente de Yasujirō Ozu

After Yang es un filme de ciencia-ficción increíblemente poético y sensitivo que nos habla del alma humana a través de las vivencias que ha tenido un androide al que una malfunción técnica ha dejado inutilizable. Kogonada, director estadounidense nacido en Corea del Sur, es un estudioso del cine que ha publicado numerosos vídeo-ensayos que destripan las particularidades del estilo narrativo de grandes cineastas de todas las épocas y estilos. Sí uno de esos maestros ha marcado de verdad la manera que tiene de hacer cine es Yasujirō Ozu. La cálida sombra del cineasta japonés está muy presente en After Yang, no es casualidad que el director haya adoptado un alias artístico inspirado en Kogo Noda, el guionista habitual de Ozu.

After Yang relata con extrema sensibilidad el proceso del duelo y la pérdida. Es lo que sufre la familia protagonista, una pareja formada por Jake y Kyra que vive junto a su hija Mika, tras la desconexión inesperada de su robot-asistente llamado Yang al que todos consideraban como un miembro más de esa familia. Estamos en un futuro indeterminado donde los robots humanoides y los clones conviven con total normalidad en la sociedad, siendo casi imperceptible diferenciarlos de las personas reales. Su presencia en las casas sirve para realizar tareas domésticas, pero también para cubrir los huecos sentimentales que dejan las personas ausentes o, como en el caso de la familia protagonista, para encargarse de la crianza de una niña. Mika es una niña adoptada y tiene orígenes chinos, por eso sus padres decidieron adquirir a Yang, un androide de rasgos asiáticos con el conocimiento suficiente para formar a la pequeña sin tener que renunciar a la identidad cultural de sus antepasados.

El sentido de la vida

After Yang está filmada con un tono melancólico y de tristeza infinita que profundiza en la naturaleza humana. Colin Farrell, al que siempre le sientan bien los personajes atormentados o meditativos, interpreta a Jake, que durante la búsqueda que realiza por lugares clandestinos para reparar a Yang y devolverle a la vida, tendrá acceso a la memoria del robot, así como a sus recuerdos más íntimos. Las imágenes que verá con los ojos de Yang, a través de unas gafas semejantes a las de un simulador de realidad virtual, le descubrirán a alguien que también podía albergar sentimientos humanos y que también se hallaba en pleno proceso de búsqueda de sus propios orígenes. Es una forma de autodescubrimiento que, a su vez, nutre la memoria del propio Jake para aprender a valorar algunas cosas y entender que la vida está repleta de momentos efímeros que se pierden en el tiempo y que, tal vez, él ha renunciado a vivir algunos de los que importan de verdad.

Siendo una película triste, también encontramos una belleza arrebatadora en ella. Es una celebración del amor, de las emociones convertidas en tesoros por descubrir que se conservan en el interior el alma humana. Kogonada, al igual que su maestro, es un cineasta profundamente humanista que escoge el camino de la contemplación, del naturalismo y de conectar a sus personajes con el entorno. De ahí las numerosas reflexiones y metáforas que se desprenden en algunos diálogos que hacen referencia a la metamorfosis de las mariposas o a la elaboración del te perfecto. «Una taza de te contiene el mundo entero», dice alguien en una ocasión.

Paradojas y metáforas

Hay varias referencias al filósofo chino taoísta Lao Tzu, After Yang es una película muy espiritual que nos habla sobre la importancia del camino, más allá de cuál sea el destino, entendiendo a éste como la muerte y la posibilidad de que no haya nada más allá. No es tanto un acercamiento existencialista como una mirada a la paradoja del ciclo de la vida donde, al mismo tiempo, puedes ver envejecer o morir a seres queridos mientras presencias como otros van creciendo y formándose como personas.

Kogonada y el director de fotografía Benjamin Loeb (Mandy, Fragmentos de una mujer) apuestan por un estilo visual pulcro y minimalista que integra los elementos de ciencia-ficción de forma sutil, buscando con la elección del encuadre un contraste de los personajes frente a los espacios vacíos. Además de Ozu, manifiestan que encontraron su inspiración en películas de otros cineastas japoneses más contemporáneos como Jun Ichikawa o Shunji Iwai. El filme comienza en los créditos con una escena festiva donde la familia al completo, incluido Yang, participan en un concurso de baile a través de un entorno virtual. Poco tiene que ver ni el ritmo ni el tratamiento del color de ese momento con el resto de la película. Explican sus autores la metáfora que define a la perfección del porqué de ese inicio, es como un «estallido de confeti, mientras que el resto de la película contemplamos ese confeti cayendo metafóricamente al suelo».


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After Yang

8

Puntuación

8.0/10

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