Crítica de ‘La fotocopiadora’: Revertir el efecto negativo

Las críticas de Daniel Farriol:
La fotocopiadora

La fotocopiadora es un drama social indonesio con elementos de intriga escrito y dirigido por Wregas Bhanuteja, con la colaboración no acreditada en el guion de Henricus Pria. La historia nos habla de Sur, una joven aficionada a las nuevas tecnologías que pierde una beca de estudios tras la difusión de unos selfies suyos borracha en una fiesta con compañeros de escuela. La chica tiene lagunas de memoria sobre esa noche y sospecha que pudo ser drogada, así que recurre a su amigo Amin, un chico que trabaja en una fotocopiadora, para descubrir la verdad sobre lo que ocurrió hackeando en la tienda el teléfono del resto de estudiantes. Está protagonizada por Shenina Cinnamon (Geez & Ann), Lutesha (May the Devil Take You Too), Dea Panendra (Affliction, Marlina the Murderer in Four Acts), Jerome Kurnia, Chicco Kurniawan, Giulio Parengkuan, Mian Tiara y Ruth Marini. La película se ha estrenado en Netflix el día 14 de Enero de 2022.

Una Indonesia cambiante

La fotocopiadora es la carta de presentación en el mundo del largometraje de Wregas Bhanuteja, uno de los cineastas indonesios más prometedores y cuyos cortos anteriores ya llamaron la atención en festivales importantes como Cannes, Sundance, Locarno o Busan. Sus habituales preocupaciones sociales vuelven a resurgir en este drama realista que toca temas de plena actualidad, adoptando las formas y texturas de un thriller de investigación. La historia nos presenta a la joven Sur que, tras asistir a una fiesta de celebración con otros alumnos, termina la noche borracha y sin recordar lo que sucedió en la fiesta. Al día siguiente, el comité ético que debe concederle una beca de estudios se la deniega por haber descubierto unos indecorosos selfies de la chica en completo estado de embriaguez. Ella sospecha que fue drogada y que las fotos son en realidad una trampa de alguien de su entorno que quería hacerle daño. Al tratarse de una erudita en el campo tecnológico, urdirá un ingenioso plan para recabar la información necesaria sobre el resto de alumnos y descubrir lo que sucedió realmente esa noche, aunque no puede imaginarse lo que encontrará.

Bajo esa interesante premisa de intriga clásica, Bhanuteja dibuja el conflicto generacional y las contradicciones existentes en una sociedad indonesia cambiante que es cierto que en algunos aspectos se abre a la modernidad (el grupo de teatro contemporáneo, la dependencia de los jóvenes hacia los dispositivos electrónicos), pero que en otros sigue anclada en un dominio ideológico patriarcal heredado de viejas tradiciones con cariz religioso (aquí representadas por el estricto padre y lo arcaico de las instituciones). En otro orden de cosas, la película propone que el concepto de familia va más allá de lo que indica el árbol genealógico y que puede encontrar sus verdaderas raíces en actos de sororidad de personas que incluso pueden ser desconocidas.

Medusa y otros símbolos

La fotocopiadora es un filme irregular claramente perjudicado en su desarrollo por la desmesura que suponen sus 130 minutos y una protagonista que no siempre resulta simpática. Aún así, la trama nunca pierde el interés y es bastante más ambiciosa de lo que parece a simple vista, incorporando algunos simbolismos rescatados de la mitología griega (Medusa es un icono para el feminismo). Además de su evidente denuncia contra el machismo imperante, el tema de los abusos se asocia a la impunidad que otorga el poder en el escalafón social. Hay también una subtrama mucho más abstracta sobre la vampirización que implica la necesidad interna de creación artística y que últimamente nos ha ofrecido ejercicios de género tan extremos como Bliss (Joe Begos, 2019) o Sound of Violence (Alex Noyer, 2021), aunque aquí queda algo desubicada entre los distintos temas sociales tratados en primer término y que son los que de verdad importan al director. En ese contexto, la deriva que toma la investigación puede parecer algo surrealista o rocambolesca.

Hay que reconocer, sin embargo, que la película tiene un acabado reluciente donde es fundamental la participación del fotógrafo Gunnar Nimpuno (Modus Anomali, May the Devil Take You Too) que nos regala imágenes que rezuman cierto realismo documentalista combinadas con la estética noir del thriller coreano o japonés más estilizado. Es una fotografía de tonos verdosos que también busca la belleza del encuadre inesperado. El director asume riesgos escénicos como en ese clímax dramático apabullante pero que roza lo disparatado (la escena de la fumigación). El título de La fotocopiadora hace referencia a la máquina que hay en el pequeño establecimiento donde Sur y su amigo Amin trabajan y conviven mientras roban la información personal de los alumnos que podrían estar implicados en el asunto de la fiesta. La máquina termina convertida en un símbolo de la necesidad de compartir la información, de denunciar y no callarse ante las injusticias, de mostrar los hechos a quién nos los quiere ver (de ahí el efecto de invertir el color). Si te gusta descubrir cine de otras latitudes, La fotocopiadora puede que te sorprenda.


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La fotocopiadora

6.5

Puntuación

6.5/10

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