Crítica de ‘Hierve’: Pesadilla en la cocina

Las críticas de Daniel Farriol:
Hierve

Hierve (Boiling Point) es un drama británico rodado a modo de thriller y en plano secuencia que está dirigido por Philip Barantini (Villain) que también es co-guionista junto a James Cummings, basándose en el cortometraje Punto de ebullición (2019) del propio director. La historia nos sitúa en el interior de uno de los restaurantes de moda en Londres durante la noche más concurrida del año. El jefe de cocina Andy Jones trata de no derrumbarse ante una crisis personal y profesional que podría destruir aquello por lo que ha estado trabajando toda su vida. Está protagonizada por Stephen Graham (Help, Greyhound: Enemigos bajo el mar), Vinette Robinson, Alice Feetham, Jason Flemyng (El misterio del dragón, Black Mirror: El momento Waldo), Ray Panthaki (Away, Marcela), Hannah Walters, Izuka Hoyle, Áine Rose Daly y Lourdes Faberes. La película se ha estrenado en Filmin el día 29 de Diciembre de 2021.

El show de la telerrealidad llevado a un plano secuencia cinematográfico

Hierve es un poderoso ejercicio de estilo que se sirve de la localización y la puesta en escena como elementos primordiales para ir desgranando los distintos conflictos internos y externos que tienen los personajes a lo largo de la película. Está rodada por Philip Barantini en un solo plano secuencia, a tiempo real y cámara en mano en busca de un realismo que trascienda la propia credibilidad de los hechos narrados, lo que no deja de ser una depuración estilística de la manipuladora esencia que poseen los exitosos realities televisivos tipo MasterChef o, especialmente, Pesadilla en la cocina donde el cocinero madrileño Alberto Chicote se convierte en un símil fotocopiado del británico Gordon Ramsey, popular chef con 17 estrellas Michelín que se ha especializado en poner rostro en el Reino Unido a todos esos espacios de telerrealidad imitados luego en el mundo entero.

En la película Hierve nos introducimos de lleno en los entresijos de la cocina de un restaurante londinense presto a vivir su noche más caótica y concurrida del año, la del Magic Friday, es decir, el viernes anterior a la Navidad. Con reserva para unos 100 comensales, los cocineros, camareros y demás empleados del restaurante serán sometidos a una presión insoportable para superar la noche con éxito. ¿Lo conseguirán? El film se centra en seguir al jefe de cocina Andy Jones que, como siempre, llega tarde al servicio y con demasiadas preocupaciones en su cabeza. Tiene serios problemas de adicción al alcohol y las drogas, así como una relación de creciente incomunicación con su mujer e hijo. Eso ya nos coloca de inicio en un punto álgido de estrés que irá in crescendo y que puede explotar en cualquier momento, pudiendo salpicar a cualquiera de los integrantes de la infernal cocina.

La eficacia del plano secuencia

Philip Barantini lo graba todo con una garra inusitada e inmediatez emocional que nos remite directamente a la película Surge (Aneil Karia, 2000) o al cine de los hermanos Safdie e, incluso, en cierta forma expresiva, al de John Cassavetes. Es indispensable para que la película funcione el trabajo del director de fotografía y operador de cámara Matthew Lewis que tan solo dispuso de cuatro tomas repartidas en dos noches de filmación para ejecutar con precisión todos los movimientos establecidos de antemano en los ensayos con los actores en el reducido espacio de un restaurante (la toma elegida como corte final de la película fue la tercera). Los 92 minutos tienen un ritmo frenético donde la cámara no deja de moverse, solo hay espacio para un par o tres de momentos de calma. En ese sentido, se puede decir que el trabajo coreográfico resulta impecable.

Sin embargo, más allá del virtuosismo técnico que tiene el experimento, Hierve es bastante menos interesante en el desarrollo del guion que adapta una idea ya consumada por el director en un cortometraje de 2019. La película se inicia con una inspección de sanidad que será el preludio de una noche loca en el restaurante con acumulación de problemas que van desde clientes con peticiones absurdas hasta la inesperada aparición sin reserva previa de un reconocido chef junto a una implacable crítica gastronómica y como gran colofón final tenemos la intoxicación alimentaria de una comensal que es alérgica a los frutos secos. Todos esos tropos funcionan como escalafones hacia el punto de ebullición emocional de los personajes, todos ellos con sus propias preocupaciones y demonios internos. Ahí radican las mayores carencias de la película. El cocinero protagonista acaba siendo un personaje demasiado encasillado en los clichés cuyos conflictos principales interesan bastante menos que algunos de los que se apuntan en personajes secundarios y que, por desgracia, no terminan de explorarse.

La verdadera miga está en los personajes secundarios

La complejidad existente en la coordinación de un trabajo en equipo, la convivencia con el estrés laboral, la conciliación de la vida personal con la laboral o la responsabilidad, peso y sentido de la autoridad, son temas implícitos que afectan a los distintos integrantes de la cocina y que eran suficientemente sugestivos para ser prioritarios ante otros más efectistas que tienen como único objetivo el aumentar las dosis de adrenalina en el espectador. Se apuntan, también, otros conflictos igualmente atractivos en la interrelación con los clientes, como las peticiones de unos influencers imbéciles o el trato vejatorio que dispensa a una camarera el padre de familia racista (y clasista) que disfruta comiendo cordero carbonizado. Encontraremos mucha miga en todos esos elementos que acaban siendo secundarios dentro de una trama principal que acaba escogiendo el camino más fácil con un desenlace tan abrupto como poco satisfactorio.

A nivel interpretativo está claro que hay que destacar el tour de force del siempre intenso Stephen Graham, pero habría que destacar también a intérpretes menos conocidos que realizan un trabajo naturalista espectacular como Vinette Robinson o Alice Feetham. En general, todo el elenco está estupendo. Hierve es una película que se ve en un suspiro, un prodigio técnico con mucho ritmo y que integra reflexiones sociales en el entorno laboral que van más allá de la vistosidad de la puesta en escena.


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Hierve

6.5

Puntuación

6.5/10

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