Crítica de ‘Benedetta’: Una lujosa recuperación de la nunsploitation

Las críticas de Daniel Farriol:
Benedetta

Benedetta es un thriller dramático francés dirigido por Paul Verhoeven (Elle, El libro negro). El propio director co-escribe el guion junto a David Birke (Slender Man, 13 Pecados) adaptando el libro «Immodest Acts: The Life of a Lesbian Nun in Renaissance Italy (Studies in the History of Sexuality)» de Judith C. Brown. Es la historia de Benedetta Carlini, una joven novicia que llega al convento de Pescia, en la Toscana italiana del siglo XVII, y que asegura ser capaz de obrar milagros. Está protagonizada por Virginie Efira (Police, El reflejo de Sibyl), Lambert Wilson (De Gaulle, Los traductores), Daphne Patakia (Nimic, Thread), Charlotte Rampling (Dune, Last Words), Olivier Rabourdin, Clotilde Courau, Louise Chevillotte y Hervé Pierre. La película estuvo en la sección Perlas del 69 Festival de San Sebastián 2021. Se ha estrenado en cines comerciales gracias a Avalon el día 1 de Octubre de 2021.

La Benedetta de Verhoeven 

Benedetta adapta libremente el ensayo histórico de «Immodest Acts: The Life of a Lesbian Nun in Renaissance Italy (Studies in the History of Sexuality)» de Judith C. Brown que, a su vez, ya ofrecía una versión bastante personal de los pocos y contradictorios datos que tenemos de la Benedetta Carlini real. Fue una monja del Siglo XVII que ingresó en un convento a la temprana edad de 9 años y que ascendió a abadesa con tan solo 30 años. La presunción de que mantuvo una relación lésbica y romántica con la monja Bartolomea Crivelli podría ser en realidad una historia de abuso de poder en la que Benedetta ultrajaba el cuerpo de su nueva compañera mientras aseguraba estar poseída por el ángel-demonio Splenditello que le permitía tener diversas epifanías durante el éxtasis.

Fuera cuál fuera la verdadera Benedetta, a Paul Verhoeven le importa bastante poco y juega en todo momento con la ambigüedad del personaje. Los milagros se presentan como algo real, pero acto seguido nos enseña posibles pruebas que podrían indicar lo contrario. Las visiones que tiene de un Jesucristo guerrero y protector están filmadas de una manera deliberadamente cutre como si estuvieran sacadas de la imaginación de alguien que no está en sus cabales, sin embargo, luego vemos que los presagios y designios de la monja siempre acaban cumpliéndose como si esa conexión divina existiese en realidad. Es un juego perverso en que el director se mueve con soltura de manera provocadora y con el único ánimo de divertirse.

Actualizando la nunsploitation setentera

Benedetta, la película, cuenta la historia de una joven novicia que ingresa en un convento asegurando que puede obrar milagros. Pese a las reticencias de la abadesa Felicita y de la propia institución eclesiástica, la monja irá ascendiendo rápidamente en sus obligaciones con la fe cristiana y adquiriendo poder dentro del convento. Su excesiva notoriedad hará que emisarios papales la investiguen para descubrir si es una farsante y despojarla de los hábitos y de su creciente influencia en la gente del pueblo. Hay que contextualizar la historia que se sitúa en plena época de la contrarreforma católica que buscaba mitigar el crecimiento del protestantismo luterano a base de nuevas normas, jerarquías y sobre todo con la creación de una Inquisición que perseguía a todo aquel que se desviaba del camino estipulado por la Iglesia.

Verhoeven lanza una mirada crítica y sarcástica a los postulados eclesiásticos para sacar a relucir todas sus vergüenzas y contradicciones. Y que mejor que hacerlo revisionando el tono gamberro y provocador que poseía la nunsploitation setentera. Por ello llena la pantalla con lujuriosas escenas de sexo lésbico entre monjas, así como otras prácticas placenteras que conectan el espíritu devoto de la fe cristiana con el descubrimiento carnal, por ejemplo, dando nuevos usos a figuritas con la imagen la Virgen María que harían las delicias del lado más lascivo de Ken Russell, Jess Franco o Walerian Borowczyk. Es por eso que Benedetta resulta una película inclasificable vestida de drama histórico, pero que en realidad tiene vises de folletín kitsch, humor de viñeta pulp y del erotismo sofisticado de un soft porn de los años 70 con filtros de color para idealizar la belleza de la carne desnuda dentro de un entorno de irrealidad constante. Tiene sentido estando la película contada desde el punto de vista de una santa o de una majadera, según se mire.

Subvertir los géneros, en el cine y en la sociedad

Benedetta posee el bello y renacentista rostro de la actriz belga Virginie Efira que aparece en cada fotograma con si fuera una madonna pintada por Sanzio o una Venus de Tiziano. A un lado tiene la tentación turgente de Daphne Patakia y al otro la mirada inquisitiva de Charlotte Rampling. Las tres están fantásticas en sus roles telenovelescos. Verhoeven utiliza la sexualidad femenina como arma arrojadiza hacia los poderes fácticos reivindicando el poder de las mujeres. En su cine alzan la voz no tanto contra una sociedad patriarcal si no para recuperar un espacio de libertad individual en el que sentirse realizadas en toda su plenitud, también la sexual.

El director neerlandés gusta de subvertir los géneros. Le gusta caminar por el alambre y jugar con las expectativas del espectador. No siempre es un autor comprendido, pero su manera de abordar el musical, el cine de espías, el thriller o la ciencia-ficción siempre viene cargada de sorpresas y con una tendencia socarrona al abordar los estereotipos y los lugares comunes. En Benedetta nos regala un drama perverso, agnóstico y blasfemo que puede herir las sensibilidades de los creyentes más devotos. Pero no hay que tomarse tan en serio el cine de Verhoeven, él mismo no lo hace. Es un cachondo mental. Si te molesta la imagen del póster en que un pecho asoma a través del hábito de la monja protagonista será mejor que no mires la película.

A sus 83 años el director sigue siendo un niño que disfruta provocando reacciones en la gente sin perder un ápice de su vocación como narrador de historias. Aquí introduce elementos de humor grueso sin caer en la mera caricatura y más allá del morbo que puedan provocar algunas de sus imágenes, lo que hace es incidir en un retrato mordaz que comparte con otras de sus obras sobre las instituciones jerárquicas, ya sean eclesiásticas, políticas o militares, convertidas en prisiones para el pensamiento de las que es necesario disidir para confrontar las ideas. Benedetta es una sólida muestra de entretenimiento adulto y de la pasión exacerbada de su autor por un cine que vaya a contracorriente y que cuestione los límites de la corrección moral.


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Benedetta

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