LOCARNO 74. Crítica de ‘Al Naher (The River)’: Caminando por un Líbano onírico

Las críticas de Daniel Farriol en el 74 Festival de Locarno:
Al Naher (The River)

Al Naher (The River) es una drama libanés escrito y dirigido por Ghassan Salhab (The Mountain, The Valley). La sinopsis nos habla de un hombre y una mujer que están realizando un viaje y se han detenido en un restaurante situado en las montañas libanesas. De repente, aparecen aviones de combate y en la distancia parece que la guerra ha estallado una vez más. Juntos, se adentran en la naturaleza y se alejan de todo signo de civilización. Está protagonizada por Ali Suliman (De repente, el paraíso, El atentado) y Yumna Marwan (Costa Brava, Little Birds). La película ha podido verse a competición en la Sección de Concorso Internazianole del 74 Locarno Film Festival 2021.

La naturaleza humana

Al Naher (The River) es un obra metafórica que pone el cierre al tríptico sobre el sufrimiento contemporáneo del pueblo libanés que el cineasta Ghassan Salhab inició con The Mountain (2010) y The Valley (2014). Es un filme de aspecto hagiográfico y documentalista en su forma de abordar las imágenes de la naturaleza y del entorno por el que se mueven los personajes, pero que envuelve a través de un halo onírico y fantasmagórico que finalmente sirve para vincular la crisis íntima de una pareja con la que está viviendo todo un país. Al Naher (The River) es una película compleja, simbólica y esquiva que puede hacer perder la paciencia a algunos espectadores, pero que si te atrapa en su neblina emocional te arrastrará por un viaje de recovecos fascinantes.

La trama es escasa, casi inexistente. Al principio del filme contemplamos a un hombre y a una mujer que al parecer están realizando un viaje juntos y han parado en un restaurante cerca de las montañas. Hay un juego extraño del director en esos primeros planos en que cambia el punto de vista subjetivo del hombre mirando a la mujer para pasar a uno externo de ella con el hombre inicialmente desenfocado. No sabemos quiénes son ni a dónde se dirigen. Tampoco sabemos con exactitud en qué lugar del Líbano se encuentran.

Salhab escatima con cuentagotas toda la información que nos entrega, no es lo más importante para él. Con el paso de los minutos dejará entrever algunos pocos detalles más como que mantuvieron una relación que ahora está rota. A pesar de eso sigue existiendo una evidente atracción sexual que no rehúsan en su contacto físico. Sin venir mucho a cuento se alejarán de la civilización (a parte de ellos, solo veremos a un camarero desenfocado al fondo del plano) para ir adentrándose en la naturaleza que les rodea.

Adentrándose en el bosque y en el subconsciente libanés

El viaje por carretera se convertirá, entonces, en un trayecto a pie que les llevará a través de bosques y paisajes naturales de un gran belleza. Sin embargo, en su interior conservan indicios de un pasado doloroso relacionado con la Historia reciente del país. Hombre y mujer se buscarán, se perderán y se volverán a encontrar en un juego del escondite alegórico con el que Salhab escudriña los fantasmas del pasado. La relación sentimental parece haber sufrido un distanciamiento irreconciliable provocado por una infidelidad. Apenas hay diálogos en Al Naher (The River), casi todo gira en torno a los símbolos ocultos y a las sensaciones huidizas de esos dos caminantes errantes.

En un imaginario casi fabulesco la realidad emerge para colisionar en pantalla desde lo corpóreo de los sonidos y algún otro hallazgo inesperado. El ruido desestabilizador de los aviones y helicópteros que sobrevuelan el lugar parece querer retomar un conflicto bélico que aún perdura en la conciencia colectiva de los libaneses tras años de inestabilidad política y social. Es como una advertencia de algo que puede repetirse o gestarse sin la oposición necesaria. La silente y aparente calma paisajística se vuelve por momentos desasosegante e incluso temible con la aparición de una espesa niebla que engulle a los personajes. La estupenda y minimalista banda sonora compuesta por Sharif Sehnaoui (3000 Layla, Al-Wadi) se vuelve en ese sentido un elemento de importancia cada vez que hace su aparición desde las profundidades de los sonidos del bosque.

Los vestigios de una guerra interna y externa

Por el camino encontrarán señales de un viejo campo de minas y, a medida que se alejan del presente, se toparán con viejos edificios en ruinas que rememoran los vestigios de la guerra civil o de la intervención israelí en los años 80 como parece indicar la fecha inscrita en la entrada a una cueva donde aún se conservan restos armamentísticos. El avance en paralelo entre la historia de amor y la historia del país se desarrolla en un plano mental, casi siempre fuera de cuadro. Dependerá de cada espectador el ir rellenando los huecos.

Al Naher (The River) es una película con claro cariz experimental que propone la desestructura argumental hacia lo inesperado que tienen los sueños. Es lo que refleja ese plano insertado de la mujer con el pelo largo como testimonio de un diálogo en que el hombre manifiesta haberla conocido con ese aspecto antes de encontrársela en la vida real. Ella le manifiesta que nunca lo ha llevado así. Recuerdos que no los son, imágenes que ocultan verdades. Grabaciones con un dispositivo móvil para una realidad yuxtapuesta al tiempo pasado. Los movimientos de los personajes carecen de un sentido lógico en nuestra realidad y se comportan como excursionistas de lo desconocido para hallar a su verdadero yo bajo la vigilancia de un perro guardián. 

El cierre de la película tiene algo de abrupto y se produce tras una declaración de amor frustrada. Es un acto que cercena las esperanzas de reconciliación para el país. Una beso a la cabeza de un Líbano decapitado como el de Salomé a Juan El Bautista en la leyenda bíblica citada en uno de los diálogos al referirse al cuadro pintado por Lucas Cranach El Viejo. Al Naher (The River) es una película críptica y exigente, pero de gran belleza plástica gracias a la absorbente fotografía de Bassem Fayad (El los últimos días de la ciudad, Shadow of a Man) que parece querer emular el tono pictórico renacentista en el uso de la perspectiva en el encuadre.


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Al Naher (The River)

7

Puntuación

7.0/10

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