Crítica de ‘The Mauritanian’: La prisión de la vergüenza

Las críticas de Daniel Farriol:
The Mauritanian

The Mauritanian es un drama británico, basado en hechos reales, dirigido por Kevin Macdonald (Mi vida ahora, Marley). El guion corre a cargo de M.B. Traven (Chasing Planes: Witnesses to 9/11, National Geographic: Inside 9/11), junto a Rory Haines y Sohrab Noshirvani (Informer, Black Adam). Se inspira en el libro “Diario de Guantánamo” de Mohamedou Ould Slahi, donde relataba sus experiencias encerrado en la prisión militar. La película narra los hechos centrándose en la lucha legal que mantuvieron sus abogadas Nancy Hollander y Teri Duncan por conseguir su liberación.

Está protagonizada por Tahar Rahim (Un Profeta, The Eddy), Jodie Foster (Elysium, Un Dios Salvaje), Shailene Woodley (Finales, Principios, Snowden), Benedict Cumberbatch (Sherlock, La Guerra de las Corrientes), Zachary Levi, Corey Johnson, Langley Kirkwood y Denis Ménochet. La película se ha estrenado en España simultáneamente en cines de la mano de Vértigo Films y en plataformas VOD como Filmin o Movistar+, el día 19 de Marzo de 2021.

Un trabajo realista y bien documentado

The Mauritanian se basa en la vida de Mohamedou Ould Slahi, truncada tras ser detenido y acusado de haber participado como reclutador de terroristas para los atentados del 11-S a las Torres Gemelas. Pasó años siendo torturado en la cárcel de máxima seguridad de Guantánamo, sin pruebas fehacientes de su culpabilidad. Ocurrió bajo el mandato del Presidente George W. Bush y con la complicidad del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que dieron el visto bueno para que se cometieran todo tipo de vejaciones y prácticas prohibidas contra los detenidos. Era una forma sencilla para extraerles confesiones de culpabilidad. Se calcula que pasaron unos 800 prisioneros por aquella prisión militar estadounidense enclavada en la isla de Cuba.

La película no busca el sensacionalismo fácil. Prefiere centrarse en el complejo litigio legal y judicial que se entabló para demostrar la inocencia del acusado y, en especial, la ilegalidad reiterada que se estaba produciendo en aquella prisión con la connivencia del Estado. En ese sentido, el guion es un sólido alegato en favor de la justicia norteamericana, así como un minucioso estudio de los hechos reales tal y cómo se produjeron. Para ello se cuidó al máximo el aportar todos los puntos de vista de los implicados. Además de contar como herramienta principal con el libro escrito por el propio protagonista durante su cautiverio, se contó también con el asesoramiento de las abogadas Nancy Hollander y Teri Duncan, defensoras del acusado, y del Teniente Coronel Stuart Couch, que ejerció como fiscal militar acusador. No centrarse en un único punto de vista enriquece la narrativa.

Un reparto de lujo

Tal vez, esa preocupación por ser lo más fiel a la realidad, reste al conjunto algo de frescura. La historia queda, entonces, encorsetada en un academicismo poco apasionado. El director Kevin Macdonald es un experto documentalista y se nota en su formulación escénica que prefiere despojarse siempre que puede de los artificios de la ficción criminal. Es cuando cede a algunas licencias creativas cuando la película funciona peor. Resulta mucho más interesante en la simplicidad que conllevan las escenas de las abogadas charlando con el acusado en la cárcel o mientras estudian el contenido de las transcripciones. El material que se maneja es tan potente que no necesita de aderezos dramáticos para mantener nuestro interés en lo que sucede en pantalla.

A eso hay que sumarle un reparto asombroso. Tahar Rahim, en la piel de The Mauritanian, vuelve a demostrar lo buen actor que es, aportando toda la sensibilidad y fuerza necesaria a su personaje, evitando caer en la sobreactuación. Junto a él destaca la presencia de una magnífica Jodie Foster, que nos encantaría que se prodigara más, y un estupendo Benedict Cumberbatch, al que da gusto escucharlo en versión original. Probablemente, la más floja del reparto sea Shailene Woodley, ya que su personaje queda más desdibujado y sus conflictos internos son menos apasionantes que los del resto. Pero nadie desentona.

Poner a la Ley y a la Justicia en un mismo bando

Pudiéndose enmarcar The Mauritanian dentro del subgénero de los dramas judiciales, la parte del juicio ocupa muy poco espacio real dentro de los 129 minutos de metraje. La narración principal se basa en las dificultades que encuentran los defensores y la fiscalía para obtener acceso a la información clasificada. El Estado ya tenía decidido cuál quería que fuera el veredicto. De ese modo, lo que diferencia a esta película protagonizada por abogados con otras similares, es que no se muestra una disputa ente la parte acusadora y la defensora. La batalla real la libra internamente cada una de las partes con su propia conciencia y con la necesidad de conocer la verdad para determinar si sus postulados son los correctos.

El enemigo real al que se enfrentan es la ocultación de esa verdad y las prácticas gubernamentales que les impedían afrontar un juicio justo. La honestidad de todos los implicados en el caso fue determinante para que se llegara a buen término y el preso fuese liberado tras pasar más de 14 años encarcelado sin una prueba sólida que confirmase su culpabilidad. The Mauritanian es un drama sobrio y de marcado carácter clasicista, realizado con mano firme por Kevin Macdonald. Sin llegar a resultar novedoso ni tener una puesta en escena especialmente brillante, sí consigue una encomiable labor de investigación que nos hace reflexionar desde la calma y la razón. El carisma de su reparto la eleva por encima de otras producciones del estilo. Es una película muy recomendable para todos los amantes de los dramas legales y judiciales.


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The Mauritanian

7

Puntuación

7.0/10

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