Crítica de ‘Raya y el último dragón’: El (difícil) arte de confiar en los demás

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Raya y el último dragón
 

Después de los estrenos de Mulan (Niki Caro, 2020) y Soul (Pete Docter y Kemp Powers, 2020) exclusivamente a través de su plataforma de visionado doméstico Disney+, la factoría Disney ha decidido que su nuevo film, Raya y el último dragón, se estrene de forma simultánea en la citada plataforma y en las salas de cine para regocijo de todos los cinéfilos románticos que nos negamos a abandonar los santuarios de proyección de películas en la gran pantalla.

El film parte de un guion de Adele Lim y Qui Nguyen para adentrarnos en el legendario reino de Kumandra en el momento en que, quinientos años atrás, la maldición de unos seres mitológicos llamados Druun provocaron la división del país en cinco territorios y la desaparición de todos los dragones menos uno, llamado Sisu, cuya posesión se convirtió en objeto de discordia entre los diferentes reinos.

Raya y el último dragón sigue el clásico armazón argumental con el que se han construido muchos de los grandes clásicos del cine, el del viaje del héroe (heroína en este caso) con su misión, sus aliados, sus antagonistas, su encrucijada, sus etapas y su desenlace. Las particularidades vienen dadas por la ambientación de la historia y la idiosincrasia de los personajes, tanto de la heroína Raya, una joven de firme determinación a la que la vida ha enseñado a ser desconfiada, como de los diferentes amigos que va haciendo a lo largo del viaje. Es en este aspecto en el que Disney vuelve a demostrar su capacidad marca de la casa para juntar a los personajes más dispares (un armadillo, un dragón, un niño cocinero, un bebé perdido con tres animalillos y un guerrero gigantón) y que la mezcla quede armónica y resulte divertida.

Con dirección de Don Hall y Carlos López Estrada y codirección de Paul Briggs y John Ripa (sí, cuatro directores en total), la película aúna con buen tino la tradición de una antigua leyenda con cierto componente mágico y divertidas aventuras llenas de acción trepidante y algún que otro divertido gag visual para el público más pequeño. La contraposición entre la ambición y la venganza con la generosidad y la confianza en los demás pone el sustrato ideológico de un film en el que también se destila un mensaje de paz y de unidad entre las tierras frente al separatismo de cuya lectura política resulta muy difícil sustraerse. La banda sonora es obra del eterno candidato al Óscar James Newton Howard y la rutinaria canción principal, Lead the Way, está interpretada por la cantautora Jhené Aiko. 

Disney, que lleva ya varias películas huyendo del arquetipo de “princesa necesita príncipe que la salve” en favor del modelo “princesa heroína soluciona sus propios problemas”, incorpora a Raya a este último catálogo para unirse a Mulán, Rapunzel (Enredados, 2010), Mérida (Brave, 2012) o Vaiana como una apuesta por la emancipación y autoafirmación femenina que le permita congraciarse con los nuevos tiempos, algo que me parecería muy bien si no fuera porque ese afán, convertido en enfermiza obsesión, ha llevado a la factoría Disney a cometer soberanas estupideces como renegar de su (glorioso) pasado estigmatizando y retirando de su catálogo infantil títulos tan maravillosos como Dumbo (1941), Peter Pan (1953) o Los Aristogatos (1970) bajo peregrinas acusaciones de racismo.

Si los que dirigen Disney piensan que van a poder sobrellevar la dictadura de la corrección política que gobierna nuestros tiempos y dar gusto a todo el mundo, son más ingenuos que los niños para los que presumiblemente van destinadas sus películas. De hecho, Raya y el último dragón no ha escapado de la controversia a pesar de pretender sujetarse a todos los códigos bien pensantes de la modernidad y, al parecer, la película ya ha sido criticada porque en el elenco no hay suficiente representación del sudeste asiático a pesar de que el reino ficticio de Kumandra se identifica estética y geográficamente con esta región. Lo dicho, es imposible evitar que alguien se ofenda.

Precisamente del elenco de voces destacan Kelly Marie Tran (conocida por su participación en los dos últimos episodios de Star Wars) en el papel de Raya y una divertidísima Awkwafina (The Farewell) prestando su voz a Sisu, el personaje sobre el que recae la mayor parte del peso humorístico de una película divertida, emocionante y con edificantes lecturas. Es decir, una película Disney. A ver si no reniegan de ella dentro de cuarenta años.


¿Qué te ha parecido la película?

Raya y el último dragón

8.5

Puntuación

8.5/10

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