Crítica de ’14 días, 12 noches’: La belleza de la tristeza

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
14 días, 12 noches
 

A pesar de tener una amplia trayectoria como documentalista y director de televisión, 14 días, 12 noches es la primera película del canadiense Jean-Philippe Duval que alcanza cierta difusión, supongo que debido en parte a que se trata de la película seleccionada por Canadá para competir por el Óscar a la mejor película internacional. Con guion de Marie Vien, 14 días, 12 noches cuenta una historia de pérdida y luto que llevará a su protagonista Isabelle (Anne Dorval) a viajar a Vietnam tras la muerte de su hija adoptiva para ahondar en las raíces de la joven y poner en orden sus emociones (suponiendo que tal cosa sea posible). Una vez allí, contactará con Thuy (Leanna Chea) madre biológica de su hija, con la que (sin decirle abiertamente la verdad) tratará de establecer contacto emocional.

Claramente dividida en dos actos, el primero de ellos introduce al personaje de Isabelle y presenta el núcleo argumental valiéndose de algunos flashbacks, no demasiado explícitos, que irán encontrando sentido a medida que avanza la narración. Este primer acto funciona a modo de preparación para la segunda parte del film, la que da pleno sentido al mismo, en la que ambas madres comparten el protagonismo por igual.

Me ocurre algunas veces, y esta es una de ellas, que consigo conectar emocionalmente con una película a pesar de que tenga alguna característica que, en condiciones normales, me sacaría de quicio. 14 días, 12 noches es una película bastante endeble desde el punto de vista narrativo, su estructura dramática abusa de los saltos temporales y hay varios momentos en los que el relato avanza a trompicones. Sin embargo, aunque Duval sacrifica el rigor de la narración en favor del aparato estético de la película, la potencia de este último es de tal magnitud y la historia es tan conmovedora que uno acaba perdonando que las cosas no estén mejor contadas.

La música de Bertrand Chénier, tan omnipresente como hipnótica, consigue vehicular las emociones sin que como espectador me sienta manipulado. Por otra parte, la fotografía de Yves Bélanger pone el énfasis en contrastar los gélidos entornos canadienses con la eclosión de luz y la amplitud de los parajes vietnamitas en los que se desarrolla la mayor parte del film. La dirección de Duval es efectista si por ello entendemos que recurre en todo momento al plano más efectivo para transmitir la emoción que quiere vehicular a pesar de que no guarde coherencia interna con los demás. Tan pronto recurre a un plano cenital como nos obsequia con un plano fijo de las dos actrices o mueve la cámara para el lucimiento del paisaje.

Pero estos ingredientes no serían suficientes sin la piedra angular de la película que no es otra que la conmovedora interpretación de las dos actrices protagonistas. Anne Dorval, la actriz fetiche de Xavier Dolan, a la que también pudimos ver en la maravillosa Reparar a los vivos (Katell Quillévéré, 2016) da vida a una madre suspendida en la melancolía de la pérdida con la delicadeza y la sutileza de la que solo son capaces las grandes actrices, sin gritos, sin aspavientos, sin desgarros de ropa. Su dolor es un dolor íntimo que en un extremo del arco emocional abraza el recipiente con las cenizas de su hija y en el otro aparta la mirada, incapaz de afrontar la vergüenza del engaño, cuando decide, por fin, decir la verdad. Leanna Chea, actriz de escueta trayectoria hasta la fecha, compone un personaje luminoso que evoluciona desde el frío hermetismo inicial a la liberación de las emociones a la que le conduce el conocimiento de la verdad.

14 días, 12 noches es, en conclusión, una película delicadamente triste y de impecable factura estética a la que únicamente cabría pedir un poco más de consistencia narrativa para que el drama contenido en su guion diera a luz un film más sólido.  


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14 días, 12 noches

7

Puntuación

7.0/10

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