Crítica de ‘La Habitación (The Room)’: Cuidado con lo que deseas

Las críticas de Daniel Farriol:
La Habitación (The Room)
 
La Habitación (The Room) es un thriller dramático francés con elementos fantásticos dirigido por Christian Volckman (Renaissance) que co-escribe el guion junto a Sabrina B. Karine (Las inocentes) y Eric Forestier (La troisième partie du monde). Es la historia de una pareja que cuando se muda a su nueva casa descubren una extraña habitación que parece conceder todos los deseos que se pronuncian en voz alta. Está protagonizada por Olga Kurylenko (La mensajera, El maestro del agua), Kevin Janssens (Revenge, Savage State), Joshua Wilson, John Flanders, Francis Chapman, Marianne Bourg, Éric Gigout y Michaël Kahya. La película se estrenó en salas comerciales el día 2 de octubre de 2020, tras su paso por el Festival de Sitges 2019. Ahora puedes verla en Rakuten TV y Movistar+ desde el 23 de Enero de 2021.
 

La casa como un ente

La Habitación (The Room) es un filme curioso con un planteamiento muy interesante, aunque su coherencia interna va perdiéndose por el camino hasta desembocar en un caótico y absurdo tercer acto. Como la mayoría de películas de casas encantadas, se inicia con la consabida mudanza de una joven pareja para iniciar una nueva vida. La casa necesita reformas, pero es una ganga. Con el tiempo descubrirán que algo oscuro se esconde y que llevaba tanto tiempo deshabitada porque en el pasado se cometió un terrible asesinato en su interior. Pero esta vez no estamos ante la típica película de fantasmas reclamando venganza o justicia, esto va de otra cosa.
 
Mientras realizan las obras pertinentes, el marido encuentra una habitación oculta tras una pared. Es un lugar extraño al que se accede a través de un portalón de hierro y cuyas paredes están cubiertas por una amalgama de cables. El diseño de la habitación es uno de los hallazgos que tiene la película y que la conecta con los cuentos de terror clásicos. Esa estructura de cables que funciona como las venas y los nervios de un ente casi con vida propia, es una imagen visual muy potente y atractiva a la que no siempre se le saca el partido necesario. 
 

La maldición de los deseos

La idea de La Habitación (The Room) es original, pero no es nueva. Ya en el cuento tradicional de “Las mil y una noche” aparecía un genio que concedía tres deseos. No hay que olvidar que la figura del genio deriva del djinn de la cultura árabe, seres embaucadores que utilizan sus poderes para engañarte. La codicia humana se convierte entonces en una especie de maldición, siempre queremos más. En la película no hay genios ni espíritus burlones, pero sí una habitación que te concede y hace realidad cualquier deseo que pidas en voz alta. Es algo que ya aparecía de una forma más mística en Stalker (Andréi Tarkovski, 1979). ¿ Y tú que pedirías? 
 
En “La pata de mono” de W. W. Jacobs, se mantiene la idea de los tres deseos, pero a través de un talismán hallado en la India. Cada deseo cumplido conlleva algún inesperado daño colateral o efecto secundario. Ya lo dice aquel sabio dicho popular de “en la vida nadie te regala nada”. Algo que bien entendía el protagonista de Al Diablo con el Diablo (Harold Ramis, 2000), divertida comedia que convertía a una exuberante Elizabeth Hurley en el mismísimo Belcebú para putear a Brendan Fraser a base de concederle deseos que siempre arrastraban consigo algo que los impedía disfrutar en toda su plenitud. Además, en “La pata de mono” se introduce otro elemento clave que también aparece en La Habitación (The Room). Es cuando los deseos materiales (todos queremos ser ricos y disfrutar de cosas que resultan inalcanzables por nuestro status económico) a otros de carácter más humano.
 

La maternidad egoísta

Y ahí es cuándo la cosa se complica. Al igual que el matrimonio del relato de W. W. Jacobs decidía usar uno de los deseos para resucitar a su hijo muerto en un accidente, la protagonista de La Habitación (The Room), tras sufrir dos abortos traumáticos, desea tener un niño sano. Y la mágica habitación se lo concede. Un precioso bebé aparece junto a ella. El mito de Prometeo y de Frankenstein se suman a la ecuación. ¿Jugar a ser Dios puede salirte gratis? Lógicamente la respuesta es que no. La letra pequeña del contrato la comprueban cuando entienden que todos los deseos concedidos por la mágica habitación solo pueden disfrutarse dentro de la casa, es decir, ni puedes sacar un maletín de dinero ni tampoco ir con el bebé más allá de esas cuatro paredes. Al debate moral y ético de crear una vida artificial se añade una visión perversa de la maternidad (con fantástico guiño de humor negro al final).
 
En el estilo narrativo de La Habitación (The Room) confluyen todas las referencias literarias comentadas con una apuesta estética que actualiza a base de CGI el espíritu de seriales episódicos de terror y ciencia-ficción como La Dimensión Desconocida o Historias de la Cripta, muchas veces con moraleja incorporada. Posiblemente la película hubiera funcionado mejor en ese formato corto porque a medida que avanza el argumento se vuelve más ilógico. En ese loco tercer acto hay ideas muy buenas (la creación de un mundo paralelo, visualizar lo perecedero de nuestra existencia, etc), pero el desarrollo argumental se pierde con efectismos gratuitos que desmontan toda tensión dramática y la asemejan a un aburrido psycho-thriller. La Habitación (The Room) es una película de suspense y ciencia-ficción entretenida, pero menos trascendente de lo que pretende. Aún así, puede hacerte pasar un buen rato y, de paso, hacerte algunas preguntas capciosas.
 

¿Qué te ha parecido la película? 

La habitación

5.8

Puntuación

5.8/10

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