65 SEMINCI. Ciclo Free Cinema. Crítica de ‘Esa clase de amor’ (John Schlesinger, 1962)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 65 SEMINCI: 
Esa clase de amor
 

Tras combatir en la Segunda Guerra Mundial donde realizó filmaciones en el frente, el londinense John Schlesinger tuvo una breve carrera como actor antes de debutar en la dirección cinematográfica con los cortometrajes documentales Sunday in the Park (1956) y el premiadísimo Terminus (1961) realizado mediante la filmación de la gente que, a lo largo de un día, transita y espera en la estación de Waterloo de Londres. Terminus fue premiado en el Festival de Venecia, recibió el BAFTA en su categoría y estuvo nominado al Óscar al mejor cortometraje hasta que se le desposeyó de dicho rango por haber sido estrenado fuera del plazo de elegibilidad.

Tan sólo un año después, Schlesinger daría el salto al largometraje de ficción con la adaptación de la novela “A Kind of Loving” de Stan Barstow, otro de los escritores vinculados con el movimiento literario de los Angry Young Men que trataban de dar un significado dramático a las vidas cotidianas de la clase trabajadora en contraste con la gente de la clase media con la que a menudo se la confundía.

Con guion de Willis Hall y Keith Waterhouse con los que Schlesinger volvería a colaborar en su siguiente largometraje, Esa clase de amor cuenta, en clave social, la historia de amor del joven Vic (Alan Bates) que trabaja como delineante en una empresa e Ingrid (June Ritchie) que, unas plantas más abajo, en el mismo edificio, trabaja como secretaria de la misma fábrica.

El film comienza con uno de los planos emblemáticos del Free Cinema: niños jugando en la calle en un barrio proletario de viviendas de ladrillo, un único movimiento de cámara nos lleva a la puerta de una iglesia donde se está celebrando una boda en la que la novia está radiante y todo el mundo parece alegre y contento. El “happy end” del cine convencional se torna aquí un “happy beginning” al que sigue un primer acto que no es más que la crónica del enternecedor comienzo de una historia de amor. En la puerta de la iglesia se producirá el primer cruce de miradas entre Vic (el hermano de la novia) e Ingrid que pasaba por allí.

Tras esta encantadora primera media hora llena de cruces de miradas, coincidencias oportunas, conversaciones balbuceantes, inocentes flirteos amorosos, ansiedades ante las primeras citas, paseos del chico acompañando a la chica a su casa o los primeros besos, comienzan a plantearse las cuestiones que configuran el drama: la pérdida de la virginidad, un embarazo no deseado, las inseguridades ante los pasos a dar o el miedo al compromiso que se apoderan de Ingrid y, especialmente de Vic. Incluso, asoma el tema del divorcio, uno de los tabúes de la sociedad de la época.

Precisamente esa sociedad, conservadora por principio, presenta el matrimonio como la única opción respetable y Schlesinger se esfuerza en contrastar la fría asepsia de este matrimonio de convención con la brillantez y alegría del matrimonio con el que se abría el film. El caso es que la triste realidad lleva a que la pareja no pueda permitirse un alojamiento digno y se vea obligado a vivir en casa de la suegra (o de la madre, según se mire, pero mirémoslo por el lado dramático) lo cual hace que la convivencia sea cada vez más difícil y el enamoramiento inicial vaya, poco a poco, resquebrajándose.

Aunque en muchas de estas películas del Free Cinema el protagonismo suele recaer en el personaje masculino (así era en Mirando hacia atrás con ira o en Sábado noche, domingo mañana por poner dos ejemplos) como un joven de clase trabajadora rudo, violento incluso, con necesidades de evasión e impulsos sexuales insatisfechos, Schlesinger insiste en Esa clase de amor de mostrar en todo momento los dos puntos de vista, la renuncia a los sueños de viajar y buscar nuevos horizontes en el personaje de Vic y el desencanto de Ingrid que ve como su vida está muy lejos de lo que siempre había soñado. Ambos, cada uno a su manera, se encuentran atrapados en ese matrimonio del que resulta muy difícil salir.

Sin ser uno de los largometrajes más conocidos de su director, Esa clase de amor es un film de particular hondura y excelente realización con unas extraordinarias interpretaciones de la debutante June Ritchie y un jovencísimo Alan Bates en su primer papel protagonista tras sus personajes en El animador (Tony Richardson, 1960) y Cuando el viento silba (Bryan Forbes, 1961). La película se alzó con el Oso de Oro del Festival de Berlín de 1962 y tuvo cuatro nominaciones a los premios BAFTA de ese mismo año. Sus siguientes films, Billy, el embustero y Darling abrirían a Schlesinger las puertas de Hollywood y serían el detonante de una larga y exitosa carrera, alejada de los principios del Free Cinema, cuyo cénit será Cowboy de medianoche que, solo siete años después de Esa clase de amor, se convertirá en la gran triunfadora en los Óscar.


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