Crítica de ‘Vivarium’: Cuando ‘En los límites de la realidad’ se encuentra con ‘El Show de Truman’

Las críticas de David Pérez “Davicine”: Vivarium

El segundo largometraje que dirige Lorcan Finnegan (Without Name), con guion firmado por el propio director junto a Garret Shanley, se presentó en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, y también se ha presentado en el Festival de Sitges, donde la actriz Imogen Poots ganó el premio a la Mejor Actriz, al igual que en el Festival Fancine Málaga. También pasó por el Nocturna de Madrid, la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián y el Festival de Cine de Terror de Molins de Rei.

Tras su paso por todos estos festivales, ahora puede ser disfrutada a través de la Sala Virtual de Cine creada para poder seguir viendo estrenos en estos momentos de confinamiento, y se puede ver también a través de las plataformas digitales Movistar+, Vodafone, Rakuten TV y Huawei Video.

No se puede negar que lo que ha hecho Lorcan Finnegan es muy difícil de describir, pues cualquier adjetivo que podamos poner a la película sería quedarse corto, y es que Vivarium te hace reflexionar sobre los ciclos de la vida, tanto naturales como los creados por el hombre, desde el punto de vista de una pareja que vive de manera exprés el ciclo de la vida humana en nuestro siglo, mientras está atrapada en una pesadilla.

Cuando un león persigue una gacela, podemos estar del lado del león y animar a que la capture para comer, pues es ley de vida, pero también podemos ir con la gacela y desear que corra rápido y no sea cazada, aunque para ello entonces el león pase hambre. Sea cual sea el resultado, uno es el perdedor, pero no hay que sentirse culpable si la gacela acaba siendo devorada, pues el león no tiene sentido de culpabilidad moral, al hacer lo que tiene que hacer. Y eso es, a groso modo, lo que experimentamos con la película.

Vivarium comienza con un primer plano de un par de pajaritos, que acaban de salir de sus cascarones, unas criaturas débiles con toda una vida por delante, que aún ni tienen la forma que todos reconocemos de pájaro adulto. Y en ese momento nos presentan a Gemma (Imogen Poots), una maestra de escuela de primaria que guía a sus alumnos en un ejercicio antes de que teRmine la jornada y se encuentre a uno de los niños parado sobre los cadáveres de las crías de pájaros, inmóviles en el césped. El niño está desconsolado por los polluelos y quiere saber qué sucedió, tal vez fue un cuco que necesitaba el nido, explica Gemma, consolando a la niña de que “no siempre es malo” que suceda eso, pues es el ciclo de la vida… aunque está a punto de descubrir lo equivocada que está. Y ahí interviene su novio Tom (Jesse Eisenberg), emprendiendo ambos la búsqueda de una casa donde iniciar una vida en común. Para ello, visitan una inmobiliaria donde los recibe un extraño agente de ventas, que les acompaña a una nueva, misteriosa y peculiar urbanización, llamada Yonder, para mostrarles una vivienda unifamiliar. Allí quedan atrapados en una pesadilla laberíntica y surrealista.

Finnegan no pierde el tiempo para llegar a mostrarnos todas la rarezas que han pasado por su cabeza junto a su coguionista Garret Shanley, y a modo de obra teatral, con un único decorado, y el miedo a lo desconocido, al más puro estilo de En los límites de la realidad, nos muestra con detalle las trampas a las que nos enfrentamos con los estilos de vida prescritos y las expectativas del ideal de vida que muchos tienen, rozando casi una perfección inquietante. Y por si no fuera suficiente, nos introducen un niño bastante atípico en la casa, para fusionar varios géneros, pues no son pocas las películas de terror o
intriga en las que un niño misterioso se convierte en una absoluta pesadilla.

Lo que más miedo da de Vivarium no es lo que muestra, sino lo que implica, y es que nuestra idea convencional de una vida perfecta se acerca más a una trampa que a un ideal, y la paternidad puede ser tanto una maldición como una recompensa, pero más allá de contarlo como muchas otras veces podamos haberlo visto en el cine han decidido rodearlo de un ambiente lúgubre e inquietante. La felicidad que se ansía en nuestros días y que todos podemos aceptar ciegamente no es más que una prisión creada por nosotros mismos.

La primera mitad de la película se desarrolla con un sentido del humor seco, no solo en el diálogo y las interpretaciones, sino gracias a algunos gags visuales que se pierden un poco al volverse más sombría, pero justo a tiempo para cambiar en la segunda mitad, intensificando el temor, intercambiando risas por jadeos durante sorprendentes momentos de crueldad. 

Vivarium está protagonizada por el nominado al Oscar por La red social Jesse Eisenberg, Imogen Poots (Mejor otro día, Green Room), Jonathan Aris (Morgan, Sherlock) y Senan Jennings (Royally Ever After). Poots y Eisenberg, quienes aparecieron juntos en Un hombre solitario (2009), siguen funcionando perfectamente en pantalla y resultan convincentes como una atractiva pareja en pantalla, lo que es positivo dado que durante gran parte del metraje son los únicos personajes. Los mejores momentos de la película son sus escenas tranquilas y de primer plano entre Gemma y Tom, aceptando hasta cierto punto el estrés de su nueva vida y la importancia de permanecer juntos. Eisenberg está bien en su papel de Tom, pero no ofrece nada reseñable ni sale de su repertorio habitual, y es que es difícil siquiera hacer sombra a Poots, que es quien realmente destaca, ofreciendo un repertorio emocional y desgarrador a través del amor y la felicidad, el miedo y la desesperación, y todas las pequeñas microemociones intermedias. El joven actor Senan Jennings también merece un reconocimiento como la versión en edad escolar del misterioso niño, que es francamente desconcertante gracias a sus movimientos y reacciones tan milimétricamente medidas, siendo el niño más espeluznante que podamos imaginar. Sobre Jonathan Aris recae la parte más surrealista de la película y la que debe abrir camino a la intrincada historia, con su aspecto de bicho raro consiguiendo rozar el delirio y que nos creamos que no estamos ante algo muy normal.

¿Pero qué sería de estos personajes si no estuvieran dentro de un ambiente inquietante? El diseñador de producción Philip Murphy ha construido la urbanización Yonder para que sea un lugar atemporal, con estilo retro pero en nuestro tiempo, una fusión peculiar de El show de Truman y En los límites de la realidad, con viviendas que se extienden más allá de nuestra visión, nubes que parecen algodón colgado del cielo, y una uniformidad en cada esquina, desde la casa hasta las calles, carente de realidad y sin que hayan sufrido el desgaste del tiempo.

Vivarium es una retorcida metáfora repleta de ingenio y humor sobre los destructivos efectos de la ansiedad que nos genera tener una vida perfecta. Si buscáis sustos, no es vuestra película, pero os aseguro que os pondrá mal cuerpo y os dará mucho en lo que pensar.


¿Qué os ha parecido la película?

 

7

Puntuación

7.0/10

David Pérez "Davicine"

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

Un comentario en “Crítica de ‘Vivarium’: Cuando ‘En los límites de la realidad’ se encuentra con ‘El Show de Truman’

  • el 24 abril, 2020 a las 17:15
    Permalink

    Vale la pena verla. Atrapa, inquieta y cumple con lo esperado. Por suerte se aleja del cine “Habitual”

    Respuesta

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