Crítica de ‘Richard Jewell’: Clint Eastwood sabe (como casi nadie) contar una historia

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Richard Jewell
 

A sus 88 años, Clint Eastwood encarna como ningún otro director el clasicismo de Hollywood con una forma de hacer cine que languidece ante la complejidad de nuevas formas narrativas, los abusos de la manipulación digital de las imágenes, los excesos de un montaje efectista o el recurso a referencias de moda para captar espectadores. La sobriedad a la hora de poner el relato en imágenes, la limpieza en la mirada y la subordinación de todo lo accesorio al objetivo central que no es otro que contar una historia, adquieren en Eastwood una dimensión abandonada por muchos nuevos directores que, salvo honrosas excepciones, no garantizan un relevo generacional cuando el propio Eastwood, Woody Allen (84), Francis Ford Coppola (80), Martin Scorsese (77) o Steven Spielberg (73) abandonen la dirección.

Eastwood ha dedicado sus películas más recientes a personajes de la vida real cuyas circunstancias vitales han dado un vuelco a partir de un suceso accidental, del conocimiento casual de otro personaje determinante o del simple desempeño de su profesión. Con la excepción de Mula en la que un horticultor especialista en certámenes florales se convertía en el improbable camello de un cártel de narcotraficantes, el resto de sus películas desde El Francotirador (2014) se han ocupado de la figura del héroe anónimo resultante de una particular habilidad (el marine Chris Kyle interpretado por Bradley Cooper en la citada El Francotirador), una acción arriesgada que salva vidas (el piloto aéreo Chesley Sullenberger al que da vida Tom Hanks en Sully), un acto de valentía (los tres jóvenes que se enfrentan a un terrorista desbaratando un atentado en 15:17 Tren a París) o este joven guardia de seguridad que da título a su más reciente película, Richard Jewell, que en plenos Juegos Olímpicos de Atlanta evitó una masacre al sospechar de una mochila con explosivos, situada bajo un banco, en una zona donde se estaba celebrando un concierto.

Y si, como he dicho, hay algo que Clint Eastwood sabe hacer con maestría es contar una historia manteniendo un vibrante pulso narrativo. Los 130 minutos de Richard Jewell me mantienen interesado en lo que le ocurre a este tipo a priori poco carismático, de físico peculiar, introvertido, amante de las armas, facilidad para meter la pata y con cierta obsesión por eso tan molesto que es hacer por los demás lo que no te han pedido que hagas. Es decir, alguien que tiene muchas papeletas para caer mal.

El, para mí, desconocido Paul Walter Hauser asume el protagonismo del film con sobriedad y veracidad, llenando de humanidad a este Richard Jewell que pasó de la noche a la mañana de ser un tipo gris a un héroe nacional y de aquí a villano merced a la filtración de que el FBI sospechaba de él como autor material del atentado. Completan el reparto un excepcional Sam Rockwell como su abogado, la tremenda Kathy Bates en el papel de su madre, un cínico Jon Hamm como el agente del FBI al mando de la investigación y Olivia Wilde como la periodista sin escrúpulos que filtra la noticia de que Jewell está siendo investigado.

Esta facilidad para pasar de héroe a villano que ya explorara Eastwood en Sully es el núcleo central del relato que no pierde la ocasión de atizar a los abusos de autoridad del FBI y a la ligereza de cierto tipo de prensa que no profundiza lo suficiente en la investigación, no vaya a ser que “la verdad estropee una buena noticia”. Desconozco hasta qué punto las cosas ocurrieron tal y como las describe el guion de Billy Ray basado en un artículo periodístico de Marie Brenner pero el estreno de la película no ha estado exento de polémica por el personaje de la periodista que interpreta Olivia Wilde, polémica que no acabo de comprender; entender el retrato de un personaje concreto en una película como una ofensa a toda una profesión o al género (en este caso femenino) del personaje en cuestión me parece una exageración propia de los tiempos que vivimos. Con un rasero tan fino y una piel tan sensible la gran mayoría de las películas permitirían que algún colectivo se ofendiese.

Como dije hace unas semanas cuando escribí a propósito de El Irlandés de Martin Scorsese, es difícil situar Richard Jewell en la filmografía de Clint Eastwood, está incuestionablemente lejos de sus obras mayores, pero bastante por encima de películas fallidas como 15:17 Tren a París, Jersey Boys o Space Cowboys.


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7

Puntuación

7.0/10

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