Crítica de ‘Cats’: Fallida adaptación del clásico musical de Andrew Lloyd Webber

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Cats
 

Musicales de éxito llevados al cine han existido desde 1927 cuando El cantor de jazz se convirtió (para muchos historiadores del cine) en la primera película sonora de la historia adaptando un gran éxito de Broadway de dos años antes. En las últimas décadas, probablemente a partir del gran éxito de Chicago (Rob Marshall, 2002), ha revivido la producción de películas musicales que, salvo honrosísimas excepciones como La La Land (Damien Chazelle, 2016) no parten de material original y suelen centrarse en los grandes éxitos del teatro musical, esos que llevan décadas triunfando en las marquesinas de Broadway o el West End y se han exportado, generalmente en formato franquicia, a teatros de todo el mundo. Durante los últimos años hemos visto cómo se han estrenado con mayor o menor fortuna: El fantasma de la ópera (Joel Schumacher, 2004); Rent (Chris Columbus, 2005); Dreamgirls (Bill Condon, 2006); Sweeney Todd (Tim Burton, 2007); Mamma Mia! (Phyllida Lloyd, 2008) y su secuela; Nine (Rob Marshall, 2009), Los Miserables (Tom Hooper, 2012) o Into the Woods (Rob Marshall, 2014) por no hablar de todas las auto adaptaciones de Disney.

La relación del cine con el teatro es tan antigua como el cine mismo, las adaptaciones en uno u otro sentido (más frecuentes siempre del escenario a la pantalla que viceversa) han sido una constante a lo largo de la historia del cine y, gracias a esta relación, hemos disfrutado de auténticas obras maestras. Precisamente por esta larga relación, cuesta creer que, a estas alturas, todavía haya gente que no se haya dado cuenta de que cine y teatro son dos medios diferentes y que lo que funciona encima de un escenario no tiene porqué funcionar necesariamente en una pantalla, es más, puede no funcionar en absoluto. Y ese es el problema fundamental de la adaptación cinematográfica de Cats, la idea en sí misma de creer que lo que durante décadas ha funcionado con gran éxito (y esto es incuestionable, Cats es un magnífico espectáculo musical) en teatros de todo el mundo pueda convertirse en una película.

Y es que Cats es un musical atípico por varias razones, para empezar porque no tiene un arco argumental sólido, no cuenta una historia siguiendo el clásico patrón de planteamiento, nudo y desenlace. Su autor, el gran Andrew Lloyd Webber, se basó en una colección de poemas de T.S. Eliot titulada “Old Possum´s Book of Practical Cats” para componer alrededor de una veintena de canciones que coreografiadas por Gillian Lynne y dirigidas por Trevor Nunn dieron cuerpo a un magnífico espectáculo de música y baile que en 1981 triunfó en Londres y un año después en Nueva York; se llevó una colección de premios Olivier y Tony y colgó el cartel de “no hay entradas” durante muchos años seguidos en ambas ciudades.

No he tenido la fortuna de verlo en ninguna de estas dos ciudades pero pude disfrutar de la más que notable versión española que se estrenó en el Teatro Coliseum de Madrid a finales de 2003, con un brillante reparto del que recuerdo especialmente a Víctor Ullate Roche como Mr. Mistoffelees  y a Pedro Ruy-Blas como el viejo Deuteronomio. Me encantaría volver a verlo en vivo y si en algún viaje a Londres me tropiezo con él en la cartelera, no tengo ninguna duda de que volveré a hacer cola para ello. Atesoro en casa un bluray editado hace unos años con la grabación teatral de un magnífico reparto encabezado por Elaine Paige que veo de vez en cuando porque, aunque creo que ha quedado claro, me gustan mucho los musicales y me gusta mucho Cats.

Por eso me duele particularmente que nadie haya tenido la sensibilidad ni la perspicacia de darse cuenta de que una versión cinematográfica, por bien realizada que estuviera (y esta no está bien realizada), no iba a funcionar. Cuando uno sale de ver Cats en el teatro, alaba la gran calidad del maquillaje y la caracterización de los bailarines, cuando se sale de ver Cats en el cine piensa en que la concepción visual de los gatos roza lo grotesco; en el teatro se admira la sabia utilización del espacio escénico, en el cine se harta de la burda utilización de imágenes generadas por ordenador para recrear escenarios; en el teatro se aprecia una meticulosa puesta en escena, en el cine se sufren los caprichos de montaje del director Tom Hooper y su equipo de edición; en el teatro se disfrutan los números de baile coreografiados por Lynne, en el cine no se pueden disfrutar porque Hooper está más pendiente de sus erráticas veleidades moviendo la cámara que pendiente de que las coreografías se vean bien en pantalla; en el teatro los cantantes se armonizan como un todo homogéneo mientras que en la versión cinematográfica tenemos a algunas estrellas de la canción buscando su momento de lucimiento aunque para ello tengan que destrozar una canción monumental como “Memory”. Es decir, hay muchas cosas que no funcionan en Cats y casi todas son culpa de su director.

Vamos con lo que funciona, que también hay algunas virtudes en la película. Lo primero, sin discusión alguna, es la presencia de Francesca Hayward como la gata Victoria, la extraordinaria bailarina del Royal Ballet de Londres debuta en el cine luciéndose no solo como bailarina (al fin y al cabo es su profesión) sino también como cantante y como actriz. Es el personaje con mayor encanto de entre un reparto en el que brillan los menos conocidos como los excelentes Robbie Fairchild como Munkustrap o Laurie Davidson como Mr. Mistoffelees y naufragan los nombres más potentes que van desde lo fallido (Judi Dench, Ian McKellen o Idris Elba) a lo insufrible (Rebel Wilson o James Corden) pasando por cantantes como Taylor Swift (que canta bien sus temas, especialmente el que acompaña a los títulos de crédito) o Jennifer Hudson que hace un estereotipo de Grizabella y como he dicho, en mi opinión, destroza “Memory”.

Todo apunta a que este Cats de Tom Hooper va a ser el fracaso del año, las críticas han sido despiadas y las redes sociales se han encargado, con su derroche de vómito y bilis habitual, de destrozar la película desde antes del estreno. No me parece justo, a lo largo del año he visto películas bastante peores que no han despertado tanta animadversión, me alegro de haber visto Cats, he pasado un par de horas entretenido y me he enterado de quien es Francesca Hayward, pero no creo que vuelva a verla nunca más, la próxima vez que quiera ver Cats recurriré al bluray de la grabación teatral y no a esta fallida versión cinematográfica que, tal vez, nunca debió de desprenderse de su ámbito natural: el escenario de un teatro.


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4

Puntuación

4.0/10

3 comentarios en “Crítica de ‘Cats’: Fallida adaptación del clásico musical de Andrew Lloyd Webber

  • el 28 diciembre, 2019 a las 22:43
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    Miedito daba desde un principio visto el uso excesivo del ordenador. Quizás una versión animada, con la animación Pixar y unos cantantes adecuados, podría haber sido un espectáculo mucho mejor. Nunca lo sabremos…

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  • el 30 diciembre, 2019 a las 19:31
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    Me pareció excelente , no entiendo porque películas mucho más chafas no son tan criticadas y Cats que es una obra de arte , es tan criticada

    Respuesta

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