Crítica de ‘Todos lo saben’: El pasado difícil y las heridas sin cerrar

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Todos lo saben
 

De entre las muchas formas que tenemos los seres humanos de afrontar el pasado (valga la contradicción), sin duda la más fácil y placentera consiste en evocar los recuerdos felices generalmente asociados a éxitos personales, diversiones compartidas con seres queridos o experiencias gratificantes como la primera vez que uno vio Cantando bajo la lluvia, tomó un helado de dulce de leche o puso el pie en la Plaza de San Marcos de Venecia. Tampoco es difícil, aunque resulte doloroso, rememorar momentos inequívocamente tristes como la pérdida de un ser querido, un suspenso inmerecido o la humillante caída de la bicicleta delante de la niña guapa de coletas a la que pretendíamos impresionar a los seis años.

Pero hay otro pasado endiabladamente difícil de encarar que consiste en desentrañar los silencios con los que hemos tapado aquello que más nos duele, aquello que hemos ocultado incluso (inútilmente) a nosotros mismos durante años con la intención de que el paso del tiempo lo sepulte en la memoria para siempre. Casi siempre tiene que ver con los afectos, con amores no correspondidos, con palabras no dichas, con otras pronunciadas justo un segundo antes de arrepentirnos, con mentiras o verdades a medias, con abandonos, con huidas físicas o emocionales a lugares lejanos o sustancias estupefacientes, con la casi inevitable renuncia a los sueños de juventud y el lacerante acomodo a la situación que “toca” vivir. A ese pasado casi nunca nos enfrentamos voluntariamente, es algún desencadenante, generalmente imprevisto, el que nos obliga a hacernos daño a base de reproches, sentimientos de culpa y accesos de melancolía.

Es ese pasado el que interesa particularmente al director iraní Asghar Farhadi dada la recurrencia con la que se ocupa de él en sus películas hasta el punto de que una de las más recientes se titule precisamente así, El pasado (Farhadi, 2013). Su nueva película Todos lo saben, a pesar de lo extraño que a priori podría parecer una producción española dirigida por un iraní que no habla el idioma de sus productores y sus intérpretes, encaja en su filmografía con una coherencia apabullante. Cambia el medio físico, cambia el idioma, cambian determinadas costumbres o condicionantes culturales, sociales y religiosos, pero el núcleo argumental central (una crisis familiar) y el trasunto del mismo (el afloramiento de ese pasado referido) mantienen la esencia de uno de los cineastas más importantes que han irrumpido en los últimos diez años.

Un pueblo español, no importa demasiado donde, es el escenario de una boda; la pequeña de tres hermanas (Inma Cuesta) se casa con su novio (Roger Casamajor); al feliz enlace acude toda la familia: su padre (Ramón Barea), su hermana mayor (Elvira Mínguez), su cuñado (Eduard Fernández), la hija de ambos (Sara Sálamo) y los amigos de toda la vida entre los que se encuentra Paco (Javier Bardem), casi de la familia, y su mujer Bea (Barbara Lennie). A todos estos, habitantes del pueblo, se une Laura (Penélope Cruz), la hermana mediana que se fue a Argentina tras casarse con Alejandro (Ricardo Darín) y que regresa para la boda acompañada de sus hijos.

Farhadi dota de fuerza a su película a partir de la sólida construcción del guion, el inicio de tono festivo, la algarabía de la boda con música, alcohol y profusiones de cariño es filmado con un estilo desenfadado que progresivamente se va tornando más adusto y severo, la alegría de los planos filmados durante la boda (dron incluido) se torna en austeridad en cuanto sucede el desencadenante argumental de todo lo que vendrá después, la cámara pierde protagonismo para cederlo totalmente a los intérpretes que se aferran con fiereza a sus personajes. Todos sin excepción respiran autenticidad y Farhadi va tejiendo la catarsis a través de sus pulsiones, exaltadas unas como la de un conmovedor Ramón Barea desde su patetismo o apaciguadas por el dolor como la de la monumental Elvira Mínguez (hay que ver lo que es capaz de decir esta mujer desde el silencio). Aunque la concepción es aparentemente coral y no existe un protagonista indiscutible, es cierto que la película se inicia con la cámara girando alrededor de una soberbia Penélope Cruz apoderándose del plano para, a medida que transcurre el metraje, ir cediendo a un mayor peso del mejor Javier Bardem desde Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002). Como depositario final del drama, Bardem se reviste de un halo de amargura que tal vez solo pueda conmover a un hombre rechazado, la herida de un amor no correspondido sigue sangrando aún por debajo de una aparentemente sólida cicatriz.

Resulta difícil (acaso estúpido) considerar secundarios los personajes de Bárbara Lennie o Eduard Fernández con la medida ambigüedad con la que la primera afronta (y expresa) sus celos o la pudorosa autenticidad con que el segundo transmite su sensación de fracaso vital. Ambos, con gran peso en la trama, dan aún más lustre a un reparto de altísimo nivel. Igualmente brillante está Inma Cuesta que compensa una menor presencia en pantalla con la maravillosa interpretación de la canción de Javier Limón que acompaña a los créditos finales, no se puede cantar más bonito.

A partir del desencadenante argumental que a pesar de figurar en todas las sinopsis no considero necesario contar, Farhadi se dedica a explorar los vínculos afectivos y desafectivos, los secretos a medias, los rencores acumulados, las deudas físicas y emocionales de esta familia puesta al borde de un ataque de nervios por un hecho estresante. Todos lo saben es un sólido drama con tintes de thriller construido a base de capas narrativas que se superponen para dar forma a una película excelentemente producida desde todos los aspectos técnicos y artísticos. La recreación de la España rural está muy bien ambientada tanto en exteriores como en los interiores de las casas que todo me hace pensar que son casas reales apenas retocadas, contar con José Luis Alcaine para la fotografía y con Alberto Iglesias para la banda sonora es sencillamente apostar por lo mejor. 

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Nota al margen: A pesar de lo mucho que me gustó (y me sigue gustando) Campeones de lo cual dejé constancia en la crítica que escribí en su día y que puede leerse aquí, creo que la Academia de Cine española ha vuelto a pegarse un tiro en el pie con la elección de la candidata al Óscar. Ojalá me equivoque, pero las opciones de nominación para Campeones son exiguas comparadas con una película mucho más potente y en consonancia con lo que suele ser nominado en la categoría de mejor película extranjera. La presencia de un director dos veces galardonado con el Óscar en esta categoría y dos protagonistas así mismo galardonados y sobradamente conocidos en Hollywood es otra razón que, al margen de la calidad de la película, debería haberse tenido en cuenta.


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Crítica de ‘Todos lo saben’: El pasado difícil y las heridas sin cerrar
4.2 (84.29%) 14 votes

9

Puntuación

9.0/10

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2 comentarios sobre “Crítica de ‘Todos lo saben’: El pasado difícil y las heridas sin cerrar

  • el 20 septiembre, 2018 a las 18:54
    Permalink

    Una película que tiene muy buena pinta con grandes actores y hubiera podido ser una gran candidatura para ser seleccionada en los proximos Oscars

    Respuesta

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