Crítica de ‘The Florida Project’: La felicidad a los ojos de un niño

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: The Florida Project

Cada año, la temporada de premios se me echa encima y siempre queda un título a la deriva que no llego a ver en cine. Si hace unas semanas publicábamos y analizábamos el lanzamiento en DVD y Blu-Ray de The Florida Project, ahora es Amazon Prime Video la que nos ofrece ver la que sin duda ha sido una de las películas del año en la comodidad de nuestro salón.

The Florida Project comienza con “Celebration” de Kool & The Gang. Y sin duda la película tiene mucho de celebración; a la infancia, a la inocencia, a la bondad, pero su luminoso y musical comienzo no es sino un filtro sobre el drama que narra. Porque The Florida Project es tan dulce y conmovedora como desgarradora.

Moonee y su madre, Halley, viven en un motel a la sombra de Disneylandia. La joven madre no encuentra trabajo, por lo que debe recurrir a otras formas de ganar dinero para que ella y su hija no terminen en la calle. Moonee y el resto de niños que viven en esa comunidad, juegan ajenos a una realidad incapaz de perturbar la inocencia y despreocupación de su infancia. Bobby, el gerente del motel, trata de mantener en condiciones el negocio, al tiempo que ejerce de protector de esos niños, y en especial de Moonee y su madre.

La sensibilidad social de Sean Baker, su afición por dar voz al marginado mientras retrata la decadencia moral de nuestra sociedad, ya quedó reflejada en Tangerine, la tragicomedia filmada solo con un iphone 5, y que seguía a dos prostitutas transexuales en busca del novio y chulo de una de ellas. Esta vez con un presupuesto muy superior, Baker sigue decantándose por una historia pequeña sobre personas invisibles. Y una vez más prefiere enfocar la marginalidad desde el candor, en lugar de desde la sordidez.

El guion no nos introduce en una historia que se revela poco a poco, sino que nos lanza a un mundo de personajes que vagan e intentan esquivar aquello que les va lanzando la vida. Se trata de una sucesión de escenas, no siempre relacionadas entre sí, que sugieren más que enseñan, y nos ayudan a hacer nuestra la visión infantil que Moonee tiene de su realidad.

El director construye un microuniverso en torno a esos moteles suburbiales de Orlando. Es el lugar de juegos de Moonee, su reino de fantasía que, sin embargo, está rodado en escenarios reales, con vecinos e inquilinos reales. En ese universo Moonee es feliz y libre, viviendo un verano sin ataduras, de la mano de una madre amorosa, pero irresponsable, incapaz de cuidarla porque no es capaz de cuidarse a sí misma. Pero Moonee no lo sabe, porque con seis años, su madre es un hada maravillosa que le permite jugar de sol a sol, ver dibujos animados y cenar gofres cada noche.

Una de las virtudes del guion que Baker ha escrito junto a Chris Bergoch, es la imparcialidad. En ningún momento se manipula la opinión del espectador acerca de lo que está sucediendo. Ni siquiera el mayor error que Halley comete contra su hija nos es mostrado. No se justifica al personaje, pero se nos pide que lo comprendamos. La película no intenta definirnos la felicidad o la maternidad. Para Baker y Bergoch lo importante no son los sentimientos, sino cómo éstos son percibidos por los personajes.

Los tres protagonistas son elementos profundamente trágicos. Moonee porque es un motor de alegría e inocencia condenado a golpearse contra un muro de realidad. Bobby, porque ha de aprender a aceptar que su control se limita a ese edificio de apartamentos, y que nada de lo que haga podrá cambiar la realidad de Halley, demasiado irresponsable para criar una niña, demasiado caradura para fiarse de ella y demasiado violenta para mantenerla en esa comunidad.

Aunque fue William Dafoe quien, con el papel de Bobby, se recorrió todos los certámenes de premios, hay que aplaudir la decisión de Baker de no buscar a Halley entre grandes estrellas. Puede que para los productores la opción de Miley Cirus, e incluso Britney Spears, pudiera resultar atractiva y rentable, fue Bria Vinaite, a quien el director descubrió por Instagram, quien se terminó llevando un papel tan precioso como complejo. Vinaite, que estuvo nominada en varios certámenes, ofrece una personalidad a su personaje que se mueve entre la ternura y la violencia, entre la vulgaridad y la inocencia.

La otra gran sorpresa de la The Florida Project es Brooklyn Prince, quien interpreta a Moonee, nuestros ojos en esa realidad que nosotros entendemos marginal, pero ella vive con la normalidad y alegría de un niño, capaz de ver la belleza en cada rincón.

En un momento dado, Moonee y una amiga comen tostadas con mermelada sentadas en el tronco de un árbol. Moonee le explica porque ese es su árbol favorito, «Porque a pesar de estar volcado, sigue creciendo». Y así son los personajes de The Florida Project, troncos tumbados por las circunstancias, que luchan por seguir creciendo dentro de ese estilo de vida americano alternativo; aquel que vive a la sombra de las enorme orejas de Mickey Mouse.


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Crítica de ‘The Florida Project’: La felicidad a los ojos de un niño
4.5 (90%) 2 votes

 

9

Puntuación

9.0/10

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