Crítica de ‘Hereditary’: Terror sin artificios

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”:Hereditary

Nos gusta pasarlo mal. Por eso el terror es un género que no decae sin importar cuanto tiempo pase. Frente a una pantalla gritamos a la protagonista que no sea estúpida, que no baje al sótano. Aun así deseamos que lo haga y no cerramos los ojos, a pesar de que la muerte está cerca, porque nosotros, como ella, necesitamos ver aquello que no queremos ver. A menudo es también un género tramposo que nos guía hacia sustos, hacia una impresión súbita y pasajera. Pero a veces, aparece una obra que no necesita artificios para erizarte la piel. Hereditary es esa clase de obra.

Annie Graham, una artista miniaturista, vive en una casa en el bosque junto a su marido y sus dos hijos. Acaba de perder a su madre y Annie vive encerrada en la culpa y las sombras de un pasado familiar marcado por las enfermedades mentales. Un suceso no hará sino hundir más a los Graham. Tal vez sea por el duelo, por el estrés de su próxima exposición o por el ambiente cargado de resentimiento de su hogar, pero Annie comienza a tener experiencias extrañas que terminarán por afectar a toda su familia. 

Ari Aster guioniza y dirige está cinta que supone su debut en el largometraje. Una  pérdida de virginidad que, sin duda, le abre las puertas a Hollywood, porque Hereditary ha sido considerada por muchos como El exorcista de nuestra época y por otros como un título a la altura de La semilla del diablo. Con ambas comparte un alma inquietante que prefiere ahondar en la mente del espectador con calma, hasta quedar enganchada dentro, que provocar una cadena de sustos eficaces, pero perecederos.

Hereditary se toma su tiempo. En poco más de dos horas, desarrolla dos géneros. Presentada en el Festival de Sundance, la película tiene tanto de terror como de drama familiar. ¿Hay una presencia maligna o estamos siendo testigos del desmembramiento emocional de una familia? Como Rose Mary intentando convencer de la naturaleza diabólica de sus afables vecinos, Annie es también un personaje atormentado del que no sabemos cuánto es real y cuánto psicosis. 

Ari Aster nos invita al tormento de Annie gracias a la cuidada fotografía de Pawel Pogorzelski. La atmósfera pesada, oscura y fría nos sumerge en la desazón de la protagonista, y las escenas de interior parecen atraparnos en uno de esos dioramas que construye. Acompaña las imágenes magistralmente la banda sonora de Colin Stetson (12 años de esclavitud, De óxido y hueso) que, aunque carece de ese carácter perdurable de “Tubular Bells” de Mike Oldfield, o del alma fantasmagórica de “Música para cuerdas, percusión y celesta” de Bela Bartók que Kubrick utilizó para El resplandor, consigue con su aire abstracto y antimelódico, convertir el terror en música.

Otro de los activos de Hereditary se encuentra en el reparto. La película concentra su historia alrededor de cinco personajes. Alex Wolff, hermano del también actor Nat Wolff, y Milly Saphiro interpretan a los dos vástagos de la familia Graham. Con veintiún años, a Wolff ya lo hemos visto en Día de patriotas o Jumanji: Bienvenidos a la jungla, y se perfila como un artista multidisciplinar al que veremos próximamente tanto en su faceta de actor, como de director y compositor. En el papel de Peter hace un trabajo dramático excelente. Sin embargo, no puede evitar ser ensombrecido por Milly Saphiro. Saphiro, que en Broadway triunfó con su interpretación de Matilda, es uno de los mayores atractivos de la película, a pesar de su breve papel, por lo inquietante que resulta.

Gabriel Byrne, como cabeza de familia, está más que correcto. Tan frío y medido como nos tiene acostumbrados, su papel es de mero observador de la situación extrema por la que pasa su familia. Más importante para el argumento es el personaje que interpreta Ann Dowd. Eterna secundaria y magistral actriz, Dowd interpreta una pieza clave dentro de la historia. No es de extrañar su buen trabajo actoral tras verla en el papel de Tía Lydia en The Handmaid’s Tale o como Patti Levin en The Leftovers. Aquí resulta amable y cercana, esa vecina de al lado a la que dejarías sin dudar a tus hijos mientras haces recados.

Pero Hereditary es su actriz protagonista. Estamos ante el mismo caso de Ellen Burstyn en El exorcista y de Essie Davis en Babadook. Con la primera comparte angustia, con la segunda el baile con la locura. Pero no es que Toni Collette venga de nuevas en esto de enfrentarse con fuerzas extrañas. Ya tuvo que ser la madre de un niño en contacto con los muertos en El sexto sentido, y esa interpretación le valió su nominación a los Oscar. Con el papel de Annie ha entrado directamente en las quinielas para la ceremonia del año que viene. Y no es de extrañar porque en una filmografía que demuestra lo bien que se desenvuelve sin importar el género, esta interpretación destaca por su histerismo desgarrador que, no obstante, no se acerca en ningún momento al histrionismo.

Hereditary es oro puro. Pocas veces nos encontramos con una película en el género del terror que toque de forma sensible temas tan humanos como la pérdida y el rencor y que, además, consigan congelarte los huesos. Porque con Hereditary no brincarás en la butaca, pero notarás como un escalofrío te recorre. Tras el pase de prensa y con el calor del verano ya entre nosotros, me sorprendí al descubrir que, al salir de la sala, mis brazos aún tenían la piel de gallina.


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Crítica de ‘Hereditary’: Terror sin artificios
3.5 (70%) 2 votes

9

Puntuación

9.0/10

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2 comentarios sobre “Crítica de ‘Hereditary’: Terror sin artificios

    • el 28 junio, 2018 a las 12:43
      Permalink

      No diré que merece la pena porque el terror es un genero muy amplio y hay a quien le ha decepcionado, pero yo ya la tengo entre mis favoritas del 2018. Cuando la veas me cuentas. ¡Nos leemos!

      Respuesta

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