Crítica de ‘La gran enfermedad del amor’: Una suma de pequeños aciertos

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”
La gran enfermedad del amor

Si nos hablan de Kumail Nanjiani lo más probable es que lo asociemos a Dinesh Chugtai, su personaje en la comedia televisiva Silicon Valley. Otros pocos lo reconocerán por la serie Portlandia, o como la voz en su versión original del personaje de Prismo en Hora de aventuras. Los que quedan, de seguro lo han visto en algún personaje secundario. Pero Kumail Nanjiani es además un humorista de stand-up comedy. Ahora podemos también hablar de él como guionista porque junto a su esposa, la también humorista Emily V. Gordon, ha escrito el guion de La gran enfermedad del amor, una comedia que relata la historia de cómo se conocieron y de las diferencias culturales y religiosas que se interpusieron en su relación.

Kumail es un joven paquistaní que vive en Estados Unidos y trabaja de taxista mientras intenta hacer carrera en el stand-up comedy. Un día conoce a Emily, una chica americana de la que se enamora casi de inmediato. Sin embargo, Kumail esconde la relación a su familia que espera que el joven tenga un matrimonio concertado con una musulmana. La situación se complica el día que Emily entra en coma por causas desconocidas. A partir de ese momento Kumail ha de decidir si satisfacer a su familia o seguir a su corazón.  

Con Jude Apatow como productor, la dirección de La gran enfermedad del amor ha caído en manos de Michael Showalter, guionista de Wet Hot American Summer. La película, que bebe de la comedia romántica, encierra el drama del propio Nanjiani que, tomando también el papel protagonista, no duda en retratarse como un hombre inseguro y tremendamente cobarde a la hora de enfrentarse a los rígidos principios de su familia. El guion maneja esta pugna interior con humor y ternura, preservando un tono optimista en una historia que, a pesar de lo que pueda parecer, no es otra comedia sobre el choque entre Oriente y Occidente, sino más bien sobre los malabares de la identidad propia cuando ésta ha de definirse entre lo individual y lo heredado. Por eso La gran enfermedad del amor tiene mucho de comedia y poco de romántica, aunque el amor esté en todo momento presente en la historia. A pesar de lo que pueda parecer en su cartel, Emily (interpretada por la mágica Zoe Kazan) es un personaje secundario, y el peso protagonista cae únicamente en Kumail Nanjiani que hace un trabajo brillante que oscila entre la comedia incómoda cargada de clichés y un trágico autodesprecio.

Un reparto de secundarios brillantes acompaña al atribulado Kumail. La tradicional familia del protagonista está encabezada por la actriz, desconocida en pantalla, Zenobia Shroff, que interpreta a la madre de Kumail. Shroff es una actriz India cuya carrera en teatro se ha movido entre los escenarios de Nueva York y Bombay. En el papel de Sharmeen, Zenobia demuestra manejarse de forma brillante en las escenas cómicas y es, sin duda, el foco de atención en las escenas familiares. Anupam Kehr, a quien hemos podido ver en El lado bueno de las cosas, Quiero ser como Beckham o Sense 8, interpreta al padre de Kumail, Azmat. Aunque con un papel demasiado breve, Kehr sigue demostrando en cada trabajo el talento que se cuece en Bollywood y que nos perdemos en Occidente, además de ser un ejemplo de actor incansable con más de cuatrocientas entradas en IMDb.

No se queda atrás en talento la elección de actores para interpretar a los padres de Emily. La cuatro veces nominada al Oscar y ganadora de uno por El piano, Holly Hunter, interpreta a Beth, lo más cercano a un antagonista para Kumail. Beth es lo opuesto al protagonista, es fuerte, decidida y honesta, y Hunter enamora metiéndose en su piel. En el papel de Terry encontramos a Ray Romano (Todo el mundo quiere a Raymond, Ice Age) quien es casi una versión adulta del protagonista, inseguro y manejable que se convierte, además, en uno de los elementos más cómicos de la historia.

La gran enfermedad del amor es un trago de agua fresca cuando se tiene sed;  agradable y sencilla, donde el material se administra de tal modo que nos provee una dosis perfecta de romance, humor y drama.

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