Crítica de ‘Su mejor historia’: Y el dogma se hizo academia

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: Su mejor historia

Nunca simpaticé mucho (ni poco) con el movimiento Dogma 95 que promovido por los daneses Lars Von Trier y Thomas Vinterberg alcanzó gran predicamento durante la segunda mitad de los noventa y los primeros años del siglo XXI. Muchas escuelas de cine y un buen sector de la crítica se sumaron entusiasmados a esta presunta vuelta a los orígenes del cine que con el tiempo se reveló casi tan artificiosa como el cine de efectos especiales y abuso tecnológico contra el que surgió el manifiesto. Ni me gustan los dogmas (cine aparte) ni me parece saludable someter a cualquier manifestación artística a un conjunto de reglas estrictas a las que para más inri se les pone el sonrojante nombre de “Voto de castidad”. Dicho esto, mi aversión al dogma no me impidió reconocer la calidad de algunas de las películas que se realizaron bajo sus principios e incluso disfrutar con alguna de ellas como la inteligentísima Italiano para principiantes con la que su directora Lone Scherfig obtuvo en el año 2000 la Espiga de Oro en la SEMINCI de Valladolid además de un par de premios en el Festival de Berlín.

Desconozco si a día de hoy queda en algún lugar del mundo algún reducto de dogmáticos haciendo películas conforme a aquella fallida vanguardia, pero la danesa Lone Scherfig es ya una directora consolidada en el cine internacional, incluyendo el consabido salto a Hollywood con la notable An Education (2009) que obtuvo tres nominaciones al Óscar y su cine no puede situarse más en las antípodas de los principios del Manifiesto Dogma 95 con los que se dio a conocer. Su más reciente película, que se estrena esta semana en España lleva el título de Su mejor historia (Their Finest es su título original) y es una producción británica de la BBC basada en la novela “Their Finest Hour and a Half” de la escritora británica Lissa Evans y ambientada en el Londres de 1940 en plena Segunda Guerra Mundial. ¿Puede haber unos presupuestos más académicos que estos?

El caso es que por aquel entonces, el cine estaba tan subvencionado, tan subvencionado, tan subvencionado, que era el propio gobierno el que producía los filmes a través de la división de películas del Ministerio de Información. En una época en la que lo primordial era elevar la moral de la población decaída tras los bombardeos de Londres por la aviación nazi, el cine de propaganda hacía furor entre los políticos que querían controlar la visión que la gente tenía de la evolución de la guerra, cuidándose de llegar a todos los sectores sociales y adaptando necesariamente el discurso según a quien fuera dirigida la película en cuestión. Es por ello que de repente fue necesario un punto de vista femenino y casi por azar una mujer (Gemma Arterton) acabó en el departamento de guiones para escribir una película que al tiempo de cumplir su propósito anímico sirviera para abrir camino al cine británico en el mercado estadounidense.

A partir de aquí se desarrolla una entretenidísima película que explora el mundo del cine desde dentro, el proceso de escritura y rodaje de la película está muy bien mostrado y las anécdotas divertidas se acomodan con fluidez al relato de los dramas personales de los protagonistas y a un leve tono feminista que se reivindica desde la sutileza de las acciones y no desde discursos panfletarios. Nada chirría en una película amable de esas que se pueden recomendar a casi todo tipo de público.

Con una puesta en escena clásica, una cuidadísima dirección artística como (casi) solo la BBC sabe hacer, una edulcorada banda sonora de Rachel Portman, un guion que sabe mantener el tono a medio camino entre el drama de guerra y la comedia romántica y un sólido reparto con la cada vez más consistente Gemma Arterton y un excepcional Bill Nighy en el papel de una decadente estrella del cine, sin duda el mejor personaje de la película que encarna con ternura y mala leche una época del séptimo arte que se fue para no volver. El reparto se completa con el poco carismático Sam Claflin (un actor un poco mejor haría subir enteros al conjunto de la película) como “el chico de la peli”, un guionista llamado Tom Buckley que inicialmente no verá con buenos ojos la intervención de una mujer en el departamento de guiones. Hay también una brevísima aparición de Jeremy Irons como ministro de la guerra en uno de esos papeles que Irons puede hacer sin apenas despeinarse (para que se hagan una idea, Jeremy Irons sale casi el mismo tiempo en la película que en el tráiler).

A la espera de que la próxima semana se estrene la esperadísima Dunkerque de Christopher Nolan, los espectadores encontrarán en Su mejor historia otra visión, más alejada de la épica, de la evacuación a Gran Bretaña de cientos de miles de soldados desde la costa francesa durante la Segunda Guerra Mundial.

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