El hijo de Jean

Supongo que las personas que han tenido una vida relativamente convencional, que desde la infancia han sabido quienes eran su padre y su madre (que para más señas vivían en casa), que conocían la existencia (o no) de sus hermanos y que no han vivido nunca bajo la sombra de un misterio, un secreto familiar o, sencillamente, algo de lo que nadie quiere hablar, no han sentido nunca la necesidad de indagar sobre su pasado, el de sus progenitores o las circunstancias en las que surgió su familia.

Pero los dramas familiares en las novelas y en el cine, las dos formas narrativas que más poder han demostrado para contar historias, se construyen a menudo sobre esa necesidad de desvelar los secretos que ocultan las raíces de las que uno procede. Este es el caso de Mathieu (Pierre Deladonchamps), un hombre que a sus treinta y tantos años ha vivido siempre en la ignorancia de quien era su padre con el que, al parecer, su madre había mantenido una fugaz aventura de una noche. Cuando recibe una llamada desde Canadá en la que un desconocido que asegura ser amigo de su padre le comunica que éste acaba de fallecer, Mathieu decide viajar a Canadá más con la intención de conocer a sus dos hermanos que de recibir un cuadro que, por lo visto, su padre le ha dejado en herencia.

Crítica completa aquí.

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