Un hombre llamado Ove

Afortunadamente desconozco cómo debe ser vivir sin seres queridos. Y me refiero a ello en la reciprocidad del escenario, es decir, vivir sin nadie a quien querer y sin sentirse querido por nadie. Pero sé que hay gente que vive así. Dejando a un lado esta circunstancia desgraciada sobre la que probablemente sería imposible escribir algo general sin caer en vaguedades, lugares comunes y demás simplezas; y dejando a un lado a los seres queridos que muchos tenemos, creo que en mayor o menor medida, la mayoría de las personas hemos tenido en algún momento de nuestras vidas algún rapto de misantropía. Esa sensación de estar harto de la gente en general, de no reconocer como semejantes a los vecinos que nunca saludan, a algunos compañeros de trabajo que ejercen el egoísmo como norma de vida o al tipo que nunca da las gracias cuando le dejas subir primero al autobús o el que nunca pide por favor que le sirvan un café en el bar de turno. Eso sin entrar en otras consideraciones como los que viven reñidos con la higiene y ajenos a su olor corporal.

Crítica completa aquí.

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