61 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Sufat Chol (Tormenta de arena)’: Nobles intenciones, película aburrida

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 61 SEMINCI: 
Sufat Chol (Tormenta de arena)

 

Sufat Chol, cuyo título se ha traducido, al menos para su presentación durante la 61ª SEMINCI como Tormenta de arena es la película israelí que supone el debut en la dirección de largometrajes de la joven Elite Zexer de la cual, hasta la fecha, no se tenía noticia fuera del restringido circuito de festivales de cortometrajes. Y para su ópera prima, Elite Zexer no se ha centrado en su ambiente más próximo y ha decidido mostrar una parte de Israel muy poco conocida por la sociedad occidental: la vida, tradiciones y parajes de las comunidades beduinas que viven en los desiertos de numerosos países de oriente medio y del norte de África.
 
En una de estas comunidades, situada en el sur de Israel, en las que los hombres pueden tener varias esposas y la mujer ejerce un papel secundario y sometido a la autoridad masculina pero pleno de fuerza y carácter, se desarrolla la historia de Layla, una joven que asiste a la boda de su padre, Suliman (Haitham Omari), con una segunda esposa. Durante el transcurso de la boda, la madre de Layla, de nombre Jalila (Ruba Blal-Asfour) y primera esposa de Suliman, descubre que su hija mantiene un noviazgo con un joven de su universidad, lo cual está tremendamente mal visto en estas comunidades tribales con costumbres y ritos ancestrales y se desata la marimorena. ¿Suena a culebrón? Pues bien, porque es exactamente lo que es. 
 
Son indudables las nobles intenciones de su directora y, es cierto que, la película funciona como un fresco casi documental de cómo viven en estas comunidades, la labor de denuncia de la situación de la mujer se ejerce con serenidad, sin aspavientos ni panfletos, basta con retratar lo que ocurre. El hecho de que un hombre pueda tener varias esposas o que una joven no pueda casarse con quien quiera si no con quien le impongan son lo suficientemente ilustrativos del panorama. También queda constancia del choque entre la tradición y la modernidad mediante el hecho de que Layla, al menos, haya podido salir de la aldea a estudiar lo cual le ha puesto en contacto con la universidad, con la ciudad y con otro tipo de sociedad. 
 
Estamos ante una película correcta, con buenas intenciones y con una producción lo suficientemente buena como para que el resultado tenga buena factura, pero admitámoslo, resulta aburrida. Falta emoción, falta capacidad de traspasar la pantalla con la fuerza de la historia, falta originalidad con la puesta en escena y emotividad en el desarrollo de unos personajes que, con la excepción de Layla brillantemente interpretada por la debutante Lamis Ammar, no consiguen empatizar con el espectador. 
 
El problema de este tipo de películas es que ya hemos visto demasiadas en los últimos años y, a menos que se aporte un nuevo enfoque, ya sea técnico o argumental, los retratos de estas sociedades milenarias acaban resultando repeticiones de lugares comunes y territorios fílmicos y narrativos trillados. Sin ir más lejos, en este mismo festival vallisoletano, pudo verse el año pasado la película franco-turca Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015) que ejercía un similar papel de denuncia alimentándose de una mayor ambición visual y desarrollando un arco argumental muchísimo más rico en opciones para sus protagonistas. 
 
En conclusión, a pesar de su prometedor comienzo, Sufat Chol deriva en un melodrama sofocante, de ejecución rutinaria, con escaso atractivo visual y poco encanto argumental. Tal vez la interpretación de su joven protagonista sea su único aspecto destacable, el resto, para ver y olvidar.

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