61 SEMINCI. Sección Oficial (corto). Crítica de ‘The Eleven O’Clock’: La dualidad psiquiatra-paciente

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 61 SEMINCI
The Eleven O’Clock (El paciente de las once)
 
Derin Seale comenzó su carrera profesional en el mundo del cine montando tráilers, lo que le permitió ser capaz de comprimir en poco tiempo el mensaje principal de todo un largometraje, y servir de reclamo para que los espectadores vayan al cine. De ahí que fuera lógico que comenzara a trabajar realizando publicidad y cortometrajes, dos formatos muy parecidos en lo que respecta al resultado final, aunque ambos orientados a mercados muy diferentes. Si la publicidad le ha traído el éxito, viendo The Eleven O’Clock queda claro que tiene una larga y prospera trayectoria en el mundo de la dirección de cine, aunque hayamos tenido que esperar 18 años para ver su segundo cortometraje.
 
En The Eleven O’Clock, el paciente de un psiquiatra tiene ideas delirantes y está convencido de que el psiquiatra es él. La situación se descontrola en el transcurso de una consulta durante la que cada uno se empeña en tratar al otro. La propia sinopsis nos augura un cortometraje divertido, pero lo que no esperamos es que además de pasarlo bien tenga un ritmo perfecto, unas interpretaciones redondas y un guión a la altura de las circunstancias. 
 
Sin tiempo para pensaren quien es quien, nos enfrentan al peculiar enfrentamiento dialéctico que mantienen ambos “doctores”, interpretados por dos conocidos actores, Josh Lawson y Damon Herriman, de quienes puede que no suenen sus nombres, pero llevan años en los créditos de multitud de series de renombre, y choca que no sean más conocidos en nuestro país.
 
Josh Lawson no sólo protagoniza sino que también es responsable del guión, de cuyas páginas surgen los grandes diálogos y situaciones inverosímiles entre las cuatro paredes del despacho del psiquiatra. Para ponernos en antecedentes, basta saber que Lawson escribió el guión de The Little Death, película en la que se basó Paco León para Kiki, el amor se hace, y sin tener absolutamente nada que ver con The Eleven O’Clock, su humor emana en cada fotograma.
 
The Eleven O’Clock es el mejor ejemplo para mostrar que no es necesario emplear muchos recursos, ni una gran duración, para presentar personajes, desarrollar la trama y tener un final impecable, con un ritmo dinámico pero no por ello acelerado. Como el reloj que marca la hora del doctor, este corto es redondo y preciso.

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