Crítica de ‘Mad Max: Furia en la carretera’: Dos horas de acción salvaje sin pausa

Las críticas de Carlos Cuesta: Mad Max: Furia en la carretera





Harto de remakes, reinicios y reexcusas de los productores para no hacer algo original, el otro día, con pocas expectativas, me subí a un camión; a partir de ese momento estuve dos horas alucinando sin parar y luchando por sobrevivir en un mundo futurista en el que la gasolina vale más que la vida humana y la carretera es el templo de una nueva religión. Mad Max Fury Road aplica al espíritu de la obra original los avances tecnológicos de los efectos especiales y un gran 3D para lograr el efecto de acompañar a los protagonistas en una aventura suicida, a un disparate violento, duro y divertido que hace brotar el salvaje que llevamos dentro.
En esta película, la Ciudadela representa uno de los pocos enclaves humanos que quedan en pie en un futuro postapocalíptico. Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne) acapara de forma tiránica los recursos vitales como la gasolina, los vehículos y el agua, pero también la leche materna y las propias madres y sus bebés, que nacen, crecen y mueren como propiedades suyas. En el inicio de la aventura, uno de sus escuadrones de acólitos kamikazes sale en misión para recolectar suministros, pero uno de sus lugartenientes (Furiosa, Charlize Theron) tiene un objetivo diferente: regresar a su tierra natal de la que fue arrancada de niña, llevándose consigo a las madres que portan en sus vientres a los hijos de Immortan Joe. Comienza la persecución.

Un análisis sereno de la película se presta a encontrar multitud de errores, incoherencias y detalles que desaprobar. Sin embargo, el momento de la proyección te devora y te absorbe, te fascina constantemente y te hace sentir la fragilidad de una existencia amenazada a cada instante. Porque en este tipo de películas estás dentro o estas fuera, y Mad Max Fury Road lo tiene todo para no dejarte escapar; nos propone una la liturgia de guerra coherente y atractiva mezclada con una acertada filosofía del espectáculo y un alto pero comedido nivel de violencia explícita que nos recuerda el saber hacer de las películas de acción de los 80.

La realización de George Miller es muy atractiva y nos permite apreciar la situación global sin brusquedades desenfocadas o maniobras incomprensibles, pese al inmenso grado de complejidad de la puesta en escena. El espectador puede disfrutar de esa marea de acontecimientos delirantes y agresivos como de una coreografía alucinante. Sin apenas respiro, una vez tras otra la trama nos arrastra a la contundente realidad de una supervivencia casi animal. No quiero mencionar muchas escenas concretas para no estropear sorpresas a nadie, pero hablar de esta película sin mencionar el momento de la tormenta de arena es incluso injusto. No voy a intentar ser técnico: es una absoluta barbaridad.

Una vez que queda claro que recomiendo a todo el mundo que le guste la ciencia-ficción y la acción que vaya a verla, toca hablar de otras cuestiones. Respecto del título original, lo cierto es que el personaje de Mad Max reinterpretado por Tom Hardy, pese a ser esencialmente protagonista, pierde mucho peso en favor del papel de Charlize Theron. La película parece ir en la línea de captar el entusiasmo por esas féminas duras e invencibles y de esas Blancanieves que se ponen una coraza y marchan a la guerra. Es posible encontrar en una de las escenas donde ambos estrechan sus manos un pacto entre hombres y mujeres por escapar de la barbarie. Interpretativamente, ninguna pega pero tampoco entusiasman. Los personajes principales son antihéroes con buen fondo forzados por las circunstancias a ser tan brutales como sus enemigos, pero en esta pieza no logran una identificación emotiva con el espectador. La sombra de Mel Gibson orbita en el subconsciente de quien ha visto la trilogía original y se resiste a abandonar un papel que hizo bien suyo.

Con todo, George Miller recupera la esencia de unas películas que suponen un porcentaje importante de su filmografía y que gracias a los desmanes del mundo moderno parece aún más de actualidad. La sociedad en que vivimos ha terminado por asumir que la epidemia de muertes en las carreteras es un precio razonable a cambio de poder vivir más deprisa. Una película donde los diálogos no son en absoluto la parte más destacada, y pese a su desparrame visual, tiene un buen puñado de mensajes. Aunque el espectador desconecte su cerebro para abandonarse a su lado instintivo, es consciente de que el desprecio del valor de la vida humana es algo inadmisible; también se percata de que si nada cambia ese es el tipo de mundo inhumano al que nos encaminamos. No es menos cierto que la cinta es en su conjunto, voluntariamente o no, un llamamiento a la insurrección que difícilmente encontrará respuesta en este mundo atontado por los Smart Phones, la tele y el Internet. Sigue siendo cierto que el acaparamiento de los recursos y la riqueza convive con la miseria porque los seres humanos estamos divididos por miedos y credos, mientras la solidaridad queda desplazada.

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2 comentarios sobre “Crítica de ‘Mad Max: Furia en la carretera’: Dos horas de acción salvaje sin pausa

  • el 21 mayo, 2015 a las 4:52 pm
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    Hace muchos años una película no me sorprendía tan gratamente, es un espectáculo increíble y abrumador a los sentidos, la peli no te suelta en ningún momento, te atrapa y asfixia de tal manera que salí agotado de la sala pero con una gran sonrisa. La imagen y fotografía están muy cuidadas y tiene secuencias que te dejan perplejo y con ganas de saltar del asiento o incluso aplaudir, yo lo único que atinaba a hacer en esos momentos era susurrarle al oido a mi novia: no lo puedo creer! es lo mejor que he visto! (estaba realmente extasiado en la sala de cine)
    De hecho estoy considerando volver a verla para intentar ser más objetivo, pero no se si el Loco Max la increíble Furiosa, me dejaran y sobre todos esas adrenalinicas secuencias me lo permitirán.

    Totalmente recomendada 10/10

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  • el 22 mayo, 2015 a las 7:53 am
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    Yo te recomiendo que tardes en verla. Creo que la película juega mucho con un ritmo trepidante para que no vemos ciertos errorcillos. Si la ves demasiado pronto los vas a ver todos. je je je.

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