Crítica de ‘Nuestro último verano en Escocia’: Divertida, ácida y finalmente original comedia británica

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Nuestro último verano en Escocia

De todos los géneros, tal vez sea la comedia la que más particularidades nacionales tenga, pues es indudable que el humor, a pesar de ser una cualidad humana universal, no es entendido ni percibido en todo el mundo igual. El diferente carácter de la gente como masa, y los chistes locales propios de conflictos regionales, diferentes acentos idiomáticos o peculiares formas de expresarse dan mucho de sí y generan diferentes situaciones hilarantes que no son siempre comprendidas en todo el mundo.

La comedia británica no es ajena a ello, pero el humor británico podría ser uno de los más universalmente asimilados en todo el mundo, tanto por su sencillez temática como por la enorme popularidad que ha ido alcanzando gracias a novelistas, películas y series de televisión.

Nuestro último verano en Escocia es un buen ejemplo de comedia británica que partiendo de un presupuesto común: la archi-manida reunión familiar que utilizando como pretexto un cumpleaños, un funeral o un evento de la BBC (en este caso léase: Bodas, Bautizos y Comuniones), sirve para juntar bajo un mismo techo a un nutrido grupo de personajes vinculados por lazos de amistad o por pertenecer a una misma familia, que pondrán sus roces y diferencias a disposición de guionistas y directores para extraer comicidad de malentendidos, rencillas del pasado y todo tipo de situaciones que pueden resultar familiares a (casi) cualquier espectador.

Aquí son dos los guionistas y directores: Andy Hamilton y Guy Jenkin los que con una amplísima experiencia en la televisión y escasa carrera en el cine, escriben y dirigen un guion divertidísimo sobre una pareja en proceso de separación que debe aparentar normalidad durante unos días y viajar a Escocia con sus tres hijos para celebrar el cumpleaños del abuelo Gordie (Billy Connolly), un excéntrico cabeza de familia que dará muchísimo juego.

La pareja en cuestión, Doug y Abi, está interpretada por David Tennant, uno de los grandes nombres de la televisión (Broadchurch) y el teatro británicos; y Rosamund Pike, recientemente nominada al Óscar a la mejor actriz por su potente interpretación en Perdida de David Fincher. Ambos están francamente bien y logran crear una pareja divertida y empática a pesar de estar atravesando una crisis matrimonial; pero el gran hallazgo de la película y sin duda su mejor baza son los tres niños protagonistas Harriet Turnbull, Emilia Jones y Bobby Smalldrige cuya interpretación supone un derroche de frescura y espontaneidad como pocas veces se ha visto en el cine.

Los tres fueron seleccionados en un largo y minucioso casting, y tal y como explicaron los propios directores durante la presentación de la película en la última edición de la Seminci de Valladolid donde participaron en la Sección Oficial, el trabajo con estos jóvenes intérpretes consistió en no facilitarles un guion convencional, si no ponerles en situación, explicarles cuidadosamente el contexto en el que estaban y lo que iba a ocurrir, y dejarles reaccionar con naturalidad. El resultado es simplemente asombroso ya que los tres niños no son meros personajes de relleno, su participación en la trama es absoluta, pues a ellos se debe el giro argumental que resultará crucial en el devenir de la película. Espero que el doblaje no haga un destrozo con las voces de estos niños y les prive de la frescura y naturalidad que derrochan en la versión original. El doblaje de los niños es una de las grandes asignaturas pendientes y me da pánico pensar lo que puede ocurrir.

La llegada a Escocia y el encuentro con el resto de los personajes será fuente de muchos momentos divertidos, algunos quizá pueden resultar “ya vistos”, pues claramente beben de la televisión, medio del que como se ha dicho proceden sus guionistas/directores. Hay cierto aire de sitcom en algunas de las secuencias de interior con las descacharrantes preguntas y respuestas de los niños a los adultos. Pero funcionan, consiguen que el espectador se ría, y la risa como bien sabemos se contagia y se arrastra.

A partir de un momento,  mediada la película, el tono de comedia varía un poco y comienza a apoyarse en un humor más ácido y ligeramente más negro, pero lo que podría perderse en diversión se gana en originalidad, pues desde ese momento la película ya no emana esa sensación de “ya vista”.

Nuestro último verano en Escocia, a pesar de su falta de pretensiones, resulta en una película inteligentemente divertida y recomendable para todo tipo de público. Su presencia en la última edición de la Seminci de Valladolid no pasó desapercibida, obtuvo el Premio del Público y una Mención Especial del Jurado a sus tres intérpretes infantiles, los citados Harriet Turnbull, Emilia Jones y Bobby Smalldrige.

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