Crítica de ‘Walesa, la esperanza de un pueblo’: Lección sobre como hacer un biopic

Las críticas de David Pérez “Davicine”Walesa, la esperanza de un pueblo
El director polaco Andrzej Wajda es el encargado de dirigir el largometraje Walesa, la esperanza de un pueblo, biografía del Nobel de la Paz, Lech Walesa. 
La película recrea la historia de este héroe contemporáneo, comenzando con la entrada de una prestigiosa periodista italiana en el piso donde viven los Wałęsa, en un bloque de apartamentos, para entrevistar al futuro Premio Nobel. El diálogo entre ambos irá hilvanando la narración a través de flash-backs. El relato biográfico propiamente dicho arranca en 1970. Poco después de que las autoridades comunistas hayan aplastado cruentamente las protestas obreras, Wałęsa se ve obligado a firmar el compromiso de colaborar con los servicios de seguridad. Las escenas siguientes alternan la evolución del protagonista hacia la madurez política con el retrato de la vida familiar del líder sindicalista. La relación entre Lech y su esposa, y los problemas domésticos en una vivienda llena de niños, son tan importantes como los sucesos políticos. Los Wałęsa pensaban que llevarían una existencia normal en su piso de Gdansk, pero se vieron envueltos en acontecimientos políticos de gran calado que les obligaron a posicionarse.

Wajda es una de las figuras más importantes del cine europeo, ha recibido galardones como la Palma de Oro de Cannes por El hombre de mármol (1977); el Premio César por Danton (1983); el Premio Felix y un Oscar al conjunto de su carrera; y el Oso de Oro (Berlín) y León de Oro (Venecia), también por el conjunto de su trayectoria. A diferencia de la mayoría de los directores que hacen dramas sobre figuras políticas e históricas bien conocidas, Wajda es mayor que su tema y sabe de primera mano lo que sucedió en las huelgas de los astilleros de Gdansk y durante la ley marcial.
La primera mitad de la película, en la que Walesa habla a la periodista italiana sobre sus hazañas, es de lejos la más intensa. La segunda mitad se tambalea al borde de la hagiografía. Wajda trae de regreso todos los acontecimientos, resucita el período, y sabiamente para antes del controvertido final de Walesa como presidente, enseñado una lección de cómo hacer una película biográfica tradicional.
El guión de Janusz Glowacki logra un equilibrio perfecto entre Walesa como líder político y Walesa como hombre de familia, representado como alguien testarudo con una afición a la grandilocuencia, arrogante pero con principios. Lástima que fuera necesaria una miniserie para mostrar todos los hechos decisivos en Gdansk y su significado.
La historia se complementa con una actuación verdaderamente notable, enérgica y carismática de Robert Więckiewicz como hombre de familia convertido en líder político. Wieckiewicz se mete por completo a sí mismo en el papel, capturando la arrogancia de Walesa que llegó a desbordar incluso su personalidad privada. En una época en la que los líderes resultaban ser hombres de paja, siempre es bueno recordar que un hombre puede cambiar las cosas. Por su parte, Agnieszka Grochowska se ve limitada en su papel de Danuta, la sufrida esposa que se ve de mala gana empujada al escenario de la historia.
Wajda es el director ideal para tomar una gran cantidad de información y extraer una narración con energía, combinando a la perfección imágenes de noticiarios, de películas, e incluso tomas propias rodadas perfectamente en color, blanco y negro y con un dinamismo poco habitual en otros biopics.
La narración, el ritmo y la interpretación son combinadas a la perfección con las ligeramente descoloridas tonalidades del período permitiendo escenas de huelgas y disturbios que conservan su sentido de peligro. En lo que respecta a la música destaca “A Song for Lech Walesa” del cantante country canadiense Paul Henry Dallaire.
La entrega de información va escalonada, como es habitual en este tipo de películas, pero la dirección de Wajda es ejemplar cambiando sin esfuerzo entre el drama del enfrentamiento íntimo y las hordas de trabajadores descontentos, logrando una gran película centrada en una de las figuras más controvertidas de la historia polaca reciente.

Nota: Crítica recuperada y editada de su primera publicación con motivo de su visionado en la 58 SEMINCI.

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