Crítica de ‘Cómo acabar sin tu jefe 2’: Una cómoda y consecuente secuela ligeramente menos divertida

Las críticas de Óscar M.: Cómo acabar con sin tu jefe 2
Tres años después llega la esperada continuación de las aventuras del nuevo trío de perdedores del mundo del cine, tras Cómo acabar con tu jefe, la secuela (que tiene el incomprensible título de Cómo acabar con sin tu jefe 2, lo lógico hubiera sido no cambiar el título si se incluye el número, pero son cosas de la distribuidora…) recupera a la mayoría de personajes e incorpora novedades.
El esquema argumental sigue la línea de la película anterior: Nick, Kurt y Dale son ahora sus propios jefes, pero la jugarreta de un nuevo empresario cabrón volverá a dejarlos al borde de la desesperación, y, repitiendo el camino conocido, vuelven a pensar que delinquir es su única escapatoria. Aunque esta vez optan por el secuestro en lugar del asesinato.

La secuela vuelve a visitar los lugares comunes de la primera película con algún que otro desatino: vuelven a gustar más los chistes físicos que los verbales (aunque algunos se perderán en la traducción, como uno de los primeros: cuando al pronunciar Nick-Kurt-Dale muy rápido parece un insulto racista), son constantes las referencias homosexuales y se abusa en exceso de los diálogos superpuestos (que llegan a cansar cuando el diálogo no lleva a ninguna parte).
La evolución argumental es bastante similar a la anterior entrega y tampoco ha habido mucha evolución esquemática, lo novedoso es que la película se ríe de sí misma y de la anterior, repitiendo golpes de efecto y resolviéndolos hábilmente, además de incorporar divertidos guiños y referencias al cine (como nombrar Cómo eliminar a su jefe -descarada inspiración no declarada de toda la saga- o Resacón en Las Vegas, aunque sea entre las tomas falsas de los créditos finales).
Respecto a las nuevas incorporaciones, Christoph Waltz no está tan aprovechado como cuando trabaja con Tarantino (y es menos villano de lo que fue Kevin Spacey, que ahora tiene un papel bastante anecdótico, como el de Jamie Foxx), Chris Pine queda a la sombra del magnífico trabajo que hizo Colin Farrell anteriormente y, por suerte, recuperamos a la espectacular Jennifer Aniston (quien ya demostró lo que valía en Cómo acabar con tu jefe, al igual que en Somos los Miller), que vuelve a ser la dentista más cerda y continúa persiguiendo al personaje interpretado por Charlie Day.
El resultado es que se echa de menos a más desalmados, cabrones, bastardos y horribles jefes, como eran en la anterior el trío de superiores y la concentración de la maldad en Waltz y Pine no llega al nivel de villanía de los precedentes, aunque son unos correctos sustitutos, casi siguen la línea de los tres personajes protagonistas: estables, pero poco destacables en el conjunto final, y que en esta secuela no evolucionan tanto como el espectador hubiera esperado.
Sean Anders mantiene el estilo visual de la anterior parte, consiguiendo que no se note el tiempo que ha pasado entre ambas y logrando una coherencia y continuidad estética bastante deseable. Al igual que sucede con la música instrumental de Christopher Lennertz, casi relegada a un segundo plano, ya que los temas musicales cantados son más importantes para la trama y los personajes (como en la primera, de la que aún recuerdo a Charlie Day bailando en el coche hasta las cejas de cocaína).
Cómo acabar con sin tu jefe 2 es entretenida, cómoda, relajada y se nota demasiado que arriesga poco respecto a otras propuestas, aunque no llega a ser repetitiva (como lo fue Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia!) y hay que valorarlo positivamente. Esperamos con interés la tercera entrega.

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