Crítica de ‘Trash: Ladrones de esperanza’: Una aventura en Brasil sobre cosas que valen más que el dinero

Las críticas de Carlos Cuesta: Trash: Ladrones de esperanza

No me suelen gustar las películas moralistas o las que son pretendidamente sociales y que exploran de una manera simple las circunstancias de un fenómeno complejo. Sin embargo, en un mundo donde hemos entregado nuestro corazón a los antihéroes decadentes y Walter White (Breaking Bad) se presenta como un irresistible modelo de rebeldía, es refrescante, yo diría que es muy bueno, encontrarnos con una película que trata de decirnos abiertamente que hay valores humanos que están por encima del dinero y que hay un problema tan grave en nuestro planeta como la miseria económica, que es la miseria moral, causa de la primera. En Trash, acompañamos por varias favelas de Brasil a una pandilla de niños que viven sin apenas nada, rodeados de basura, que encuentran en una cartera la clave de un misterio cuya conclusión es todo un acto de justicia. Lejos de acobardarse ante la violencia impune del lugarteniente (Selton Mello) de un político corrupto, comenzarán una arriesgada aventura para descubrir qué es lo que que pretende esconder. 
Stephen Daldry (Billy Elliot, Las horas) adapta la novela de Andy Mulligan con un entretenido dinamismo de correcalles para mostrarnos la dureza de la vida en Río de Janeiro en una excursión sin pausa guiados por la astucia, la agilidad y la pícara viveza de tres muchachos obligados a espabilar para poder sobrevivir. Se trata de tres chicos a los que la pobreza está a un suspiro de arrebatarles la infancia, si no lo ha hecho ya; que aprenden lo que pueden de las lecciones de los cooperantes de una ONG (Martin Sheen, Rooney Mara) pero que tienen que ganarse la vida de lo que encuentran de un vertedero que lanza cerca de sus casas los desperdicios de la ciudad.

Trash se trata de una película de aventuras con misterio que nos hace disfrutar de una entrega sencilla, lineal, no muy compleja en lo argumental, pero cargada de emoción, sentimiento, humanidad, de acción y persecuciones y por supuesto de la frescura de tres actores infantiles no profesionales cuyo descaro ante la cámara nos enamora desde el primer momento. Uno sabe que las condiciones a las que están sometidos haría de ellos en la vida real otro tipo de persona menos bondadosa y más egoísta pero la construcción de estos personajes cercanos al ideal de conducta no resulta algo grotesco, sino todo lo contrario. Cabe pensar que todavía estamos a tiempo de explicarle a los niños que compartir, sacrificarse o defender la amistad son actitudes que deben promoverse independientemente del estatus económico.

Emprenderla contra la sencillez del guión y los estereotipos que ofrecen los personajes no llevaría a ninguna parte. La película no es un puzzle que construir; es un puzzle ya montado boca abajo al que vamos dando la vuelta conforme descubrimos la trama, para disfrutar una imagen que pueda conmovernos al final de nuestro viaje. Es difícil no encontrar en esta estampa piezas de Slumdog Millonaire o Ciudad de Dios, o no hallar en Trash una versión más suave de esas miserias. El resultado sigue siendo igualmente apreciable y propicio para el disfrute y el reencuentro con los buenos sentimientos.

También es cierto que una película así y ambientada en Brasil habría sido mucho más efectiva si se hubiera estrenado antes o durante del mundial de fútbol celebrado este año, pero esperar algo así sí que habría sido demasiado ingenuo. En el país anfitrión, bastante alterado deportiva y socialmente con el evento, las consecuencias podrían haber sido incluso desastrosas. Puede ser también que la corrupción política e institucional en Brasil y en muchos otras países sea algo tan asumido que mensajes como los que nos trae Trash ya no sean ningún tipo de revelación y no puedan cambiar nada. Otras reseñas publicadas por internet ponen el foco en que se trata de una película hecha con la fórmula para intentar ganar el Oscar. Yo prefiero quedarme con una de las imágenes más hermosas y significativas que he visto en mucho tiempo: la escandalosa visión de niños que aprecian más que el dinero el valor, la justicia y la amistad. 

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Un comentario sobre “Crítica de ‘Trash: Ladrones de esperanza’: Una aventura en Brasil sobre cosas que valen más que el dinero

  • el 29 noviembre, 2014 a las 8:09 pm
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    Que buena pinta tiene, la vere, CONCURSO LOS PINGÜINOS DE MADAGASCAR LA PELÍCULA

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