Crítica de ‘The Skeleton Twins’: Dos peces flotando en su propia angustia

 Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: 
The Skeleton Twins

Robin Williams dijo una vez que la comedia era una forma de catarsis para lidiar con los traumas personales. Es una frase que me ha venido varias veces a la cabeza mientras veía The Skeleton Twins, el segundo largometraje del joven director Craig Johnson. Porque eso es esta película, una catarsis que explora la tragedia vital de sus protagonistas a través del humor y la ternura.

Sus protagonistas, Milo y Maggie, son dos mellizos que llevan más de diez años sin verse. Tras un intento de suicidio, Milo volverá a su ciudad natal a pasar un tiempo con su hermana y su cuñado, a sabiendas de que con ello deberán enfrentarse a un drama familiar del pasado y al motivo que les llevó a separarse.

Uno de los puntos fuertes de The Skeleton Twins reside en su guión. Craig Johnson se unió a Mark Heyman (guionista de Cisne negro) para escribir una historia que narra la complejidad de los lazos familiares cuando éstos parecen sustentados por la tragedia. Sin embargo, en lugar de hundirnos en el drama de la depresión, en The Skeleton Twins abunda la comedia, haciendo de sus diálogos una delicia para el espectador. Tal es su encanto, que la película se llevó el premio a guión Waldo Salt en la última edición de Sundance. Y si bien se le ha echado en cara que parece encadenar escenas sin un hilo conductor, es porque su historia no pretende más que girar en torno a la complejidad de sus dos protagonistas a través de diálogos honestos y agudos. En lo que al argumento se refiere, recuerda a Puedes contar conmigo, pero al contrario que en ésta, la melancolía se da la mano con un humor ingenioso. 

Pero el humor no se limita a su guión. The Skeleton Twins cuenta en su reparto con la mejor baza. Incluso aquel que no se sienta atraído por la historia no podrá permanecer indiferente al trabajo de Kristen Wiig y Bill Hader que se lanzan al drama sin abandonar su vis cómica. Salidos de la cantera del Saturday Night Live, en la gran pantalla ambos han estado prácticamente limitados al humor. A ella la hemos visto en La boda de mi mejor amiga o en La vida secreta de Walter Mitty, mientras que él es asiduo en comedias gamberras como Supersalidos o Paso de ti. Con aplomo y empatía, Hader y Wiig se columpian sin aparente esfuerzo entre la risa y la cogoja, tratando con honestidad su angustia mental. A pesar de que ella está espléndida en el papel de la confusa Maggie (pensado en un principio para Anna Faris), es Bill Hader el que impresiona particularmente en el papel de actor fracasado, homosexual promiscuo, pero enamorado aun de su profesor de literatura del instituto, hermano cariñoso, individuo entre tinieblas…La alegría estalla como pequeñas minas cuando parece que el personaje ha tocado fondo. Es indudable que la química entre ambos es lo que hace que las escenas que comparten sean las mejores de la película. Sin embargo, también merecen mención Luke Wilson (Una rubia muy legal, Los Tenenbaums) que interpreta al noble marido de Maggie sin caer en el ridículo que a veces acompaña a este tipo de personajes, y Ty Burrell (Modern Family, El increíble Hulk) que se mete en la piel del antiguo profesor de literatura, un hombre que reprime su homosexualidad, pero que no duda en aprovecharse de la vulnerabilidad de Milo.

A través de la interacción de ambos hermanos, de la expresión de sus resentimientos, sus frustraciones y su cariño, entendemos que su amargura no viene del golpe que recibieron en el pasado, sino de cómo se enfrentan al futuro. Como ya ocurría con la protagonista de Young Adult, interpretada por Charlize Theron, Milo y Maggie temen hacerse mayores y tener que afrontar lo que la edad adulta conlleva. De este modo, mientras que Maggie se cuestiona su capacidad y sus ganas para ser madre, Milo vive atormentado por la idea de no haber llegado a ser nada. Frente a ese miedo, se alían el uno con el otro, pero también se atacan y responsabilizan de todo mal.

La gran proeza aquí es crear una vez más una historia sobre relaciones familiares disfuncionales y que no obstante resulte refrescante, tierna, divertida sin caer en la risa fácil. Lo consigue Craig Johnson en The Skeleton Twins, a través de unos personajes imperfectos, autodestructivos, pero con los que es fácil simpatizar por su humanidad vulnerable. A ésto hay que añadirle que, a pesar de ser una película más dulce que agria, en ningún momento se rebaja hacia la complacencia del final «made in Hollywood».

También te puede interesar

Un comentario sobre “Crítica de ‘The Skeleton Twins’: Dos peces flotando en su propia angustia

  • el 17 septiembre, 2015 a las 5:51 pm
    Permalink

    Creo que lo que más me gustó de la película fueron las interpretaciones tanto de Kristen Wiig como de Bill Hader, que demuestran, como tantos otros, que el desprecio que tiene parte de la crítica hacia los actores principalmente cómico es absurdo.

    Respuesta

Deja un comentario