Sitges 2014. Día 4: Pablo Helman (‘Ninja Turtles’), soplamocos y Cannon Films

Seguimos con mi repaso a las aventuras en Sitges 2014. Empecé la jornada temprano, como el día anterior, para preparar el resumen de la jornada previa, tomar un café y a por la primera película, en esta ocasión en el cine Retiro.
Con Marko Zaror, protagonista de Redentor.
Fui a ver The Voices sin saber absolutamente nada de ella. Me senté en la butaca, apagaron las luces y, de repente, aparece Ryan Reynolds en pantalla. Este chico me causa sensaciones opuestas: hay películas en las que me encanta, pero en otras parece que le hayan metido un palo por el culo (por lo tanto, no me encanta tanto). En The Voices, una historia oscura pero abarcada desde un tono cómico, interpreta a un desequilibrado mental que va metiéndose progresivamente en un berenjenal del que le resultará muy complicado salir. Su interpretación es genial, muy divertida y con carácter, dotando al personaje de una identidad única. Ryan comparte protagonismo con Anna Kendrick, genial también en su personaje de chica insegura pero dispuesta a conseguir lo que quiere, y con Gemma Arterton, que pese a ser muy sexy y muy guapa peca de histrionismo en ciertos puntos.
La directora del film, Marjane Satrapi (Persépolis) viaja a través de la historia, situando al espectador en el mismo espacio-tiempo que los protagonistas pero subjetivizándolo. La visión del mundo de Reynolds es totalmente diferente al que tienen las otras protagonistas, incluso es totalmente diferente a la visión que tiene él mismo según su estado mental. Las imágenes oníricas se mezclan con otras mucho más crudas, resultando una película muy estimulante a nivel visual, y muy interesante a nivel argumental. Os la recomiendo
A continuación vi That demon within. El film chino, dirigido por Dante Lam, me produjo sensaciones muy contrastadas: en ocasiones me aburría, pero en otras me enganchaba;  no me creía a los actores y, de repente, todos estaban dentro de su registro; las escenas de acción y los efectos especiales me parecían de todo a cien y, de repente, presencié uno de los accidentes de coche más espectaculares que he visto jamás. Para ver esta película tienes que ir con la mente abierta, dispuesto a invertir tu tiempo en algo que quizá te guste, quizá te horrorice, o quizá ambos. Eso sí, hay un abuso fulgurante de la cámara lenta, totalmente injustificada, que solo me produjo una sensación: HORROR. Otra cosa más para la lista de “cosas que no soporto en el mundo”.
Al finalizar me fui a la playa, me di un baño y me dirigí a la sala Tramuntana, lugar donde se realizan las master classes, presentaciones de series, fórums, etc. En esta ocasión el encargado de ilustrar a los asistentes fue Pablo Helman, supervisor de efectos visuales de Industrial Light & Magic (la empresa de George Lucas), el cual ha participado en multitud de producciones, como Terminator 3, las últimas entregas de Star Wars o la inminente Ninja Turtles, la cual sirvió como hilo conductor para su ponencia. Durante más de una hora habló del proceso de creación de las tortugas, que tecnología utilizaron para capturar el movimiento, con que problemas se encontraron, cómo abarcaron el proceso de creación, etc. También respondió las preguntas de los asistentes, siendo muy amable y arrancando más de una risa.

De todo lo dicho, resaltaría su respuesta frente a dos preguntas. A “¿qué consejo le darías a una persona que quiere introducirse en el mundo de los efecto digitales?”, Pablo dijo que hacen falta dos cosas básicas: conocimientos técnicos y conocimientos humanos. Los técnicos los puedes aprender en cualquier universidad, o leyendo. Pero los humanos, referidos a la observación y entendimiento del mundo que te rodea (y su aplicación al audiovisual), es un trabajo personal que cada uno debe entrenar. Además, es básico tener tesón y ser insistente.
La segunda pregunta era si consideraba que los CGI suplantarían a los actores en un futuro. Su respuesta fue contundente: No. Toda actuación de personajes generados por ordenador dependen de una persona, bien un actor (mediante la captura de movimiento), bien de un programador.  Sin duda, la master class de Pablo fue muy didáctica y divertida.
Tras la master class me di una vuelta por el centro de Sitges. Sus estrechas calles tienen un “noseque” que engancha. Además, pese a ser un pueblo turístico, no proliferan las tiendas de souvenirs típicas, y las pocas que hay son bien originales. Por ejemplo, en una de ellas vendían camisetas de Sitges, pero utilizando la estética de las etiquetas de Jack Daniels, algo que nunca había visto y que me hizo gracia.
Tras el paseo romántico conmigo mismo, fui al cine Prado. El actor Marko Zaror, que los más guays del lugar conoceréis por Machete Kills, presentaba su última película, Redentor. De nuevo, entré en la sala sin saber que iba a ver. Es curioso cómo, si desde el principio quedan claros los códigos de la película, es mucho más fácil darle manga ancha. Y Redentor, desde el  primer segundo, te suelta esos códigos en toda la cara: lo que vas a ver es una película de explotación a la mexicana. En la onda de Machete, El Mariachi o Hobo with a shotgun, Redentor nos cuenta una historia de venganza y redención, donde el fervor religioso se mezcla con la sangre y las artes marciales. Si, las interpretaciones son flojas. Si,  sabemos cómo va a acabar la historia. Si, hay agujeros argumentales. Pero eso ya lo sabes desde que empieza, no hay sorpresas, y es decisión tuya comprar lo que te ofrecen o pirarte de la sala. Yo lo compré, y disfruté como un enano. La habilidad de Marko Zaror para soltar soplamocos es inconmensurable: es el Tony Jaa latinoamericano. En más de una ocasión solté un “¡UUUAAAHHH!” de flipación absoluta, cosa que pocas películas consiguen (de hecho, últimamente solo lo consiguen los cómics, especialmente los que cuentan con guión de Garth Ennis). Incluso la pelea más aburrida, que se basa más en la técnica que en soltar leches, tiene un final muy estimulante. En definitiva, si te gustan las películas de explotación estilo Machete, Nude nuns with big guns… esta es tu cinta.
A continuación visioné Backwater, un drama japonés del cual poco os voy a contar, puesto que ni me gustó ni me disgustó. Hay alguna violación, alguna muerte, personajes con reacciones poco realistas (nunca me han violado, pero me imagino un nivel de intensidad emocional más alta que la de la adolescente de este film) y un ritmo un poco lento. La fotografía está bien, la música está bien y la producción está bien. Si tienes 100 minutos de vida que no sabes en qué invertir, puedes verla y juzgarla por ti mismo. O puedes salir a hacer ejercicio y que te dé un poco el sol. 
La siguiente película que vi fue The infinite man, una comedia bastante interesante (aunque le falte un poco de humor) que abarca el tema de los viajes en el tiempo. Con estas películas siempre me pasa lo mismo: cuando se hace el primer viaje en el tiempo me aburro, pero si el director no cae en el error de volver a contarte lo mismo, enseguida me reengancho. Me pasó con Al filo del mañana, con Atrapado en el tiempo y también con The infinite man. La historia es bien sencilla: chico pierde a chica e intenta recuperarla cambiando el pasado. Un espacio reducido, tres personajes y mucha imaginación. Si no os apetece tomar el sol os la recomiendo.
Para finalizar la jornada visioné Electric Boogaloo: The wild, untold story of Cannon Films, un documental interesantísimo, divertidísimo y tremendamente nostálgico para aquellos que nos criamos con sus películas. En la cinta se nos descubre los orígenes de Cannon Films, empezando por los inicios de sus creadores, los primos Menahem Golam y Yoram Globu para, inmediatamente, destripar las estrategias comerciales de la compañía, cómo ambos dirigían esa productora que, como uno de los entrevistados dice, más que productora era un circo. En la proyección estuvo su director, Mark Hartley, que dijo que, a pesar de intentar entrevistar a Van-Damme y a Chuck Norris, ambos se negaron: literalmente no querían saber nada de Cannon Films. Si veis el documental entenderéis porqué.
Con un nivel de sobreexcitacion altísimo me fui a mi palacete árabe. Me costó muchísimo dormir: el documental de la Cannon me había activado el cortex friki. ¿Cómo serían ahora las películas de la Cannon si todavía existiera?… Probablemente harían bodrios como Los mercenarios. Mejor morir como leyendas… ¿no?.

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