59 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘La señorita Julia’: Fiel adaptación con impresionantes interpretaciones

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 59 SEMINCI
La señorita Julia (Miss Julie)

Tres actores componen todo el reparto de La señorita Julia, una versión personal del director Liv Ullmann sobre la obra de Strindberg. Jessica Chastain, Colin Farrel y Samantha Morton interpretan a la señorita Julia, su lacayo y la criada en un espiral de sentimientos que saca los más oscuros secretos de cada personaje  en una sola noche.
La acción tiene lugar en los años 80 del siglo XIX, en una hacienda rural de Irlanda. En el curso de una noche de verano, en un ambiente de diversión desmedida y desinhibición, la señorita Julie y John, el ayuda de cámara de su padre, bailan y beben en un juego de seducción y manipulación mutua. Ella representa la pura arrogancia deseosa de ser denigrada, mientras que él es al mismo tiempo refinado y vulgar. Los dos están unidos por un sentimiento recíproco de atracción y repulsión al mismo tiempo. Su encuentro íntimo, en el que se alternan el coqueteo y la intimidación, la ternura y el salvajismo, desemboca en planes descabellados y la visión de una vida en común… Sin saber muy bien si la mañana traerá la esperanza o la desesperación.

Una película que cuenta con pocos escenarios, y aún menos personajes, está claro que debe sustentarse totalmente en grandes diálogos y mejores interpretaciones, y eso es lo que nos ofrece La señorita Julia. Jessica Chastain y Colin Farrel cogen el timón de esta película para mostranos su parte más personal, sus miedos y temores, en un derroche de majestuosa interpretación donde cada uno da la réplica perfecta del otro, complementándose a la perfección en un tira y afloja sentimental y sexual. Ambos son dos grandes actores que vienen respaldados por sus películas anteriores, pero aquí lo dan todo en una exhausta única noche de revelaciones. Chanstain dando vida a la señorita Julia bien podría ser cualquier mujer moderna luchando por defender los derechos de su género y contra las normas sociales asfixiantes, y esa lucha provoca reacciones de ira, desesperación, hundimientos,… oscilando entre la arrogancia y vulnerabilidad, entre el control y la sumisión. Farrell, por su parte,  da vida a un diamante en bruto capaz de volver loca a cualquier dama de la casa, pero aún así manifiesta debilidades y temores que le marcan. Y a pesar de las grandes interpretaciones de ambos, el personaje que quizás esté mejor definido es el de Kathleen, donde Samantha Mortin interpreta a una chica sensata que seria una buena esposa, religiosa y preocupada por quienes quiere, y que lo último que desearía sería perjudicar a sus amos, pero siempre respetándose a sí misma, y esperando lo mismo de los demás.
Puede que Ullmann estire algunas escenas a duración excesivamente larga, aderezando las situaciones vividas con una banda sonora potente para magnificar la tensión, pero a pesar de esas largas secuencias, los diálogos, y sobre todo las miradas, permiten que no se hagan pesadas en ningún momento. En ocasiones nos traslada la acción fuera, a los bosques de los alrededores, pero casi toda la película se centra a lo acontecido en la cocina y dependencias de servicio, donde la señorita Julia está fuera de su terreno. Esa elección provoca que la película se acerque aún más sus orígenes teatrales.
La señorita Julia es una gran adaptación de una obra teatral, llevada a la pantalla grande sin más alardes de los que dispondría la propia obra, y dejando que el público disfrute a través de sus tres únicos personajes protagonistas de una sesión de teatro proyectada en cines.

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