Crítica de ‘Un cuento francés’: Una divertida y romántica actualización de los cuentos de hadas

Las críticas de David P. “Davicine”Un cuento francés

En Un cuento francés nos narran, a modo de cuento actualizado, como, a sus 24 años, Laura (Agathe Bonitzer) sigue esperando que aparezca un príncipe azul en su vida. Por eso, cuando Sandro se presenta en una fiesta igual que lo haría el príncipe de sus sueños, no duda que ha encontrado al hombre de sus sueños. Pero entonces conoce a Maxime (Benjamin Biolay), y Laura empieza a preguntarse si acaso algunos príncipes son más ‘azules’ que otros. Por lo demás, Sandro tiene sus propios problemas: su padre, Pierre, acaba de toparse con Madama Irma en el funeral del abuelo, y esto le ha traído a la memoria la fecha de su propia muerte según lo predijo hace ya muchos años la propia Madama Irma. Ahora, Pierre (Jean-Pierre Bacri) es incapaz de hacer planes con su nueva pareja, Eleonore, ni con su hijo Sandro. También tiene problemas Maxime, como los tienen Eleonore, Marianne (Agnès Jaoui), Jacqueline y muchos más. 

La directora francesa Agnès Jaoui busca con su su película ofrecer otro punto de vista de la vida, mientras juega con nosotros para que adivinemos a qué cuento pertenece cada personaje, o incluso a qué cuentos, pues un mismo personaje puede ser a la vez Caperucita o Blancanieves. En esta fabula del siglo XIX todos los personajes clásicos tienen hueco en un cuento de hadas moderno sin expresión de existencialismo. 
Quizás hubiera sido necesario mucho más tiempo para conocer mejor la infinidad de personajes secundarios, que incluyen una madrastra adicta a la cirugía plástica (Beatrice Rosen), la madre de Sandro (Dominique Valadie) y la nueva pareja de su padre, Eleonore (Valerie Crouzet), que se ha mudado temporalmente con Pierre con los hijos de una relación anterior; el exmarido de Marianne (Laurent Poitrenaux), cuyo hija se ha obsesionado con la Biblia, y Maxime (Benjamin Biolay), un ejecutivo de la música, cuya presencia en la vida de Sandro, un compositor incipiente, amenaza a Sandro con su romance de ensueño con Laura. 
Aunque el eje central de la película es Laura, hay que admitir que los mayores momentos de humor provienen de la neurótica pareja de mediana edad con irrisorias secuencias de conducción que son, con mucho, lo más divertido de la película, y sirven para distraernos del romanticismo juvenil bastante genérico, aunque ambas historias tratan, en última instancia, sobre lo mismo: cómo sopesar las expectativas frente a la dura realidad de la vida cotidiana y los sueños frustrados.
Bacri está especialmente conseguido como el sarcástico, y siempre quejica, Pierre, y la forma en que maneja la fobia oculta de su personaje muestra hasta qué punto sigue siendo uno de los más grandes talentos cómicos de Francia. Agathe Bonitzer como la joven protagonista principal, y Arthur Dupont también son convincentes como dos tortolitos de ojos brillantes cuyos sueños de felicidad sin límites son puesto patas arriba por el deseo carnal y las realidades de la vida adulta.
Una vez que las relaciones finalmente comienzan a cristalizar, y los temas de fondo se hacen más evidentes, está claro que casi todos los personajes creen o necesitan creer en algo, ya sea en las Sagradas Escrituras, príncipe azul o, para desgracia de Pierre, la predicción de una vidente de la fecha de su muerte.
La banda sonora de Fernando Fiszbein acompaña esta fabula evocando los temas de fantasía evidenciado tanto por el trabajo de Marianne (que dirige una actuación primaria de un romance medieval) como por el título original de la película (Au bout du conte). Pero no sólo de fantasía vive el espectador, y cuando la situación lo necesita, se endurece la música, sale de lo más profundo de la noche gala para que nos agarremos a nuestras butacas con su estruendosa sinfonía de la cruda realidad.
El hada madrina Agnès Jaoui ha conseguido que los personajes de los cuentos cobren vida en los tiempos modernos, aunque queda claro que príncipes no son como eran antes.

Nota: Crítica recuperada y editada de su primera publicación con motivo de su proyección en la 58 SEMINCI, ahora estrenada en cines de forma limitada por Cameo.

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