NOCTURNA 2014. ‘The second coming 3D’: Un horrible error

Las críticas de Óscar M. en Nocturna 2014: The second coming 3D
Ya conocemos lo particular que es el cine de terror asiático, en concreto el cine de terror japonés o chino, con sus niñas en camisón de dormir y pelo largo sin lavar, sus fantasmas particulares y su estética personal, pero lo de The second coming casi podría calificarse como un insulto al espectador.
La historia comienza con una pobre pareja de jóvenes que no puede permitirse tener un segundo hijo, dadas sus precarias condiciones económicas. Cuando la madre queda embarazada y dado el avanzado estado de gestación, decide provocarse “artesanalmente” el aborto. Pero su “truco casero” no sale bien y finalmente tiene el bebé (o eso se intuye por el salto temporal de quince años, cuando comienzan los sucesos extraños que atormentan a la familia).

Aunque el argumento pueda parecer interesante con este resumen, a medida que avanza el metraje, el guión se vuelve absurdo y ridículo, y más que sorprender o asustar al espectador causan su carcajada y su descrédito.
La película abusa de los sustos fáciles (con espejos o puertas que se abren) que son convenientemente avisados con una música excesivamente elevada de volumen y que molesta más que asusta. Además no escatima a la hora de mostrar planos repletos de sangre y vísceras en escenas que no lo necesitan.
Se nota el esfuerzo interpretativo de los actores en un guión que no tiene ni pies ni cabeza, que aburre y da vueltas sobre el tema sin avanzar (el tercer acto es absolutamente hilarante y carece totalmente de sentido), y aunque Joey Leong (la hija no deseada en la ficción) sea actriz desde los cinco años, la dirección de Herman Yau no ha sabido sacarle el partido necesario, algo que sí ha hecho con el perro (que prácticamente es un personaje más y, en ocasiones, mejor actor que algún humano).
Del 3D poco hay que destacar, una mano que se acerca a la pantalla hacia la mitad del metraje es lo único recordable, el resto de la película no hace prácticamente ningún uso del mismo y no sirve para que el espectador esté más asustado.

Con lo molesto que resulta que las escenas no tengan continuidad o den saltos temporales sin explicación (ni siquiera posterior), el realizador del montaje parece haber tenido como punto de referencia En apatía secuelas del odio, puesto que adolece del mismo deficiente esquema narrativo (salvando las distancias, claro. Yau es un director mucho más experimentado y menos pretencioso), abusando de los fundidos en negro y las escenas inconexas.

Por desgracia, la película parece “inspirarse en hechos reales”, pero dudo mucho que la irrisoria, rocanbolesca e hilarante resolución y el giro de guión final (que es peor que los de las películas de M. Night Shyamalan) tengan algo que ver con la realidad, y, en caso de que sea así, es para quedarse con cara de estúpido y sensación de que el guionista se ha reído del público.

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