Sitges 2013. Crítica de ‘Dark Touch’: Terror francés un tanto torpe

Las críticas de Agustín Olivares: Dark touch.
Dark touch nos ofrece una película sobrenatural de manual: objetos que se mueven, poderes telequineticos, casas encantadas, niños que acojonan… No hay ningún aspecto, en cuanto a argumento, que la haga reseñable. No obstante hay otros aspectos que merecen un poco de atención, tanto para bien como para mal. Pero antes, la sinopsis.

La historia de Dark Touch arranca en una casa de una zona rural.  Los objetos y los muebles se desatan contra sus habitantes. Niamh, de 11 años de edad, es la única superviviente de la sangrienta masacre, donde sus padres y su hermano murieron. La policía sospecha de una banda de asesinos vándalos e ignora el testimonio de Niamh, que denuncia la rabia mortífera de los objetos y de los lugares. Recogen a la niña de manera provisional Nat y Lucas, amigos de sus padres, que se esfuerzan por apaciguar su traumatismo rodeándole de amor y brindándole una vida y una escolaridad normales con la ayuda de una asistente social. Pero Niamh no encuentra sosiego, sino todo lo contrario: a su alrededor los signos del peligro siguen manifestándose.
La actriz principal, la joven Ella Hayes, hace una interpretación convincente. Consigue inquietar al espectador, y meterle cierto miedo en el cuerpo. Su aspecto angelical le ayuda en su cometido, aunque una bonita cara sin talento de poco sirve en el cine, a pesar de Rosie Huntington-Whiteley.
La fotografía también esta conseguida. No hay ningún plano que asombre ni ningún juego de luces espectacular u original, pero cumple con su cometido. Se podría considerar una fotografía típica del cine de terror sobrenatural.
El guión esta bastante bien hilvanado. No hay contradicciones y todo tiene un por que (a pesar de ser un film sobrenatural. Si no existe un por que te lo inventan).
El resto de interpretaciones, la banda sonora, los efectos… en general todo convence. Pero la dirección resulta muy tosca, un poco torpe, y eso mancha el resultado final. Parece que su directora, Marina de Van, no supiera cómo incorporar satisfactoriamente escenas que requieren efectos especiales (mutilaciones, por ejemplo) y opta por unos movimientos de cámara y un tipo de montaje que marea al espectador. Este mareo está buscado, de modo que no queda demasiado claro lo que ha pasado, y solo a posteriori somos conscientes de, por ejemplo, dónde han ido a parar aquellas tijeras voladoras.
En definitiva, Dark Touch es una película perfecta para un domingo por la tarde, pero poco más. Después de su visionado no retendrás demasiados datos de la peli, y solo te hará falta 24 horas para olvidarla por completo.   

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