Crítica de ‘Blue Jasmine’: El molde perfecto para el busto de los culpables pasivos de la crisis se llama Cate Blanchett

Las críticas de Carlos Cuesta: Blue Jasmine

Woody Allen salva con inteligencia y elegancia la distancia que separa lo oportuno de lo oportunista con su nueva película Blue Jasmine. Habría sido muy fácil, además de inútil, abordar una trama aunque fuera de plena actualidad en la que expusiera a algunos de los causantes de la crisis económica para atizarlos como a una piñata a la luz de sus hechos. En vez de eso, la mirada del director se centra en los cómplices voluntarios, en los involuntarios, los ignorantes, los inconscientes e incluso en los bienintencionados. El mérito no está en que lo hace; está en que lo hace bien, con humor negro y con sátira equilibrada y sin olvidar que la crisis la causaron los equilibristas financieros gracias a la avaricia de la clase media que les envidiaba.
Blue Jasmine asume el reto de apelar a la responsabilidad de los cooperadores necesarios de la crisis sin cometer el error de obviar que también son personas, pese a que su derroche y su frívola extravagancia les aparte de la realidad hasta el punto de despojarles de su humanidad. Es difícil no comulgar con el desprecio hacia los granujas que viven a costa nuestra y sin embargo nos aborrecen, asentados en un nivel de vida indecente, por elevado, y despreocupados por la bochornosa ¿virtud? del sistema de sacarles de sus apuros una y otra vez. La diferencia de clases a primera vista es insalvable pero se nos ofrece como un foso medieval tan relleno de desprecio mutuo que podemos cruzarlo de un lado al otro. En el fondo sabemos que les odiamos porque les somos indiferentes y envidiamos lo que poseen.

La neurosis de Woody Allen también busca puentes para llegar al público, se transfiere al interior del cuerpo de Jasmine y Cate Blanchett con su bárbara actuación nos la entrega transfigurada con diferentes e insospechados matices de desesperación, incomprensión, aturdimiento y degeneración alcohólica. Su personaje nunca quiso ver que su marido (Alec Baldwin) mantenía su nivel de vida a base de chanchullos inmorales que arruinaron a muchas familias, entre ellas a su hermana; no tuvo el valor suficiente de admitir que su matrimonio era una mentira porque él era un infiel compulsivo. Años y años de negación acumulados tenían que explotar por alguna parte. Los delitos de su esposo le llevaron a él a la cárcel y al suicidio y a ella a la insolvencia y la locura.

El director se vale hábilmente de la mente inestable de la protagonista para justificar un montaje basado en saltos atrás y adelante en el tiempo, entre el pasado de la abundancia y el presente en el que Jasmine tiene que recurrir a su hermana y buscar un trabajo. El contraste entre la supuesta distinción de la hermana rica y la palurda pero resuelta mundanidad de la hermana pobre (Sally Hawkins) es el colmo de la evidencia pero funciona al dibujar el mapa de esa fractura entre la clase trabajadora y la élite social, gracias a una admirable colección de sobresalientes diálogos.

Personajes como el exmarido de la hermana pobre (Andrew Dice, no sé si lo había vuelto a ver desde Ford Fairlane) abundan en esa diferencia; su suerte desigual permite al relato reflexionar sobre conceptos ambiguos como el éxito o el fracaso personales. Por contra otros papeles como el de Alec Baldwin son acusadamente planos, no me dicen nada. 
No son lo único reprochable de esta película donde Blanchett arrebata al resto del plantel cualquier posibilidad de lucimiento. La película reitera hasta el abuso el hecho de que es corresponsable de los fraudes de su marido y que ella debería haberse dado cuenta de lo que estaba ocurriendo, tanto de las infidelidades como de la inmoralidad que sustentaba su nivel de vida. Si hablamos de reiteraciones, la infidelidad no es que se haya convertido en una constante predecible del cine de Allen, porque siempre lo fue, nació con ese antojo. Lo único que queda por descubrir en ese aspecto es quién lo será con quién.

No me parece que Blue Jasmine sea la obra maestra que anunciaban algunos pero sí la considero una excelente y entretenida historia sobre el coste de la ignorancia; también sobre personas de origen humilde a los que el azar y el destino puso el lujo a su alcance y se olvidaron de lo duro que es no tener y empezaron a creer que la clase media era una casta de súbditos a los que conviene mirar de reojo y con desconfianza.

En este territorio dislocado de conflictos personales (donde la estabilidad económica y las relaciones afectivas y sexuales se vuelven parte de una misma cosa) Jasmine es la referencia de todas las cosas. Su periplo de regreso al mundo de la carestía es divertido para el espectador por la sucesión de situaciones que a duras penas es capaz de afrontar, pero también es triste y vergonzoso. Para cada situación Cate Blanchett revela una capacidad de realismo portentosa con una interpretación como he visto pocas. El personaje casi rompe la celosía infranqueable que le convertiría en persona. Jasmine es, gracias a ella, el vivo reflejo de las otras víctimas de la crisis económica global: Los culpables pasivos. 

Un comentario en «Crítica de ‘Blue Jasmine’: El molde perfecto para el busto de los culpables pasivos de la crisis se llama Cate Blanchett»

  • el 28 noviembre, 2013 a las 19:26
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    No puedo estar más de acuerdo con la crítica en lo que respecta a la interpretación de Cate Blanchett, por lo que sólo me resta añadir una recomendación. Por favor, no os perdáis el 50% de esta inmensa interpretación viendo la película en versión doblada. Me parece un crímen a la altura de "Match Point" no ver esta película en v.o.s. mfferreras@yahoo.es

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