Crítica de ‘Kon-tiki’: La aventura de desafiar al océano

Las críticas de Óscar M.: Kon-tiki
Una característica del género humano es querer saber más de su entorno, explorar nuevas sensaciones y llevar su vida al límite arriesgando la propia integridad física, así como romper con lo establecido y rebelarse contra las normas y los dictámenes de otros.
La expedición Kon-tiki de Thor Heyerdahl casi puede compararse con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, ambos desafiaron lo escrito, embarcándose en un proyecto que acabaría por demostrar una teoría que todos tachaban de locura, salvando las diferencias.

La película, que fue nominada al Óscar, está basada en el documental de la expedición, que, a su vez, ganó el Óscar en la categoría de Mejor documental, el cine se refleja y se fagocita a sí mismo, autoinspirando esta nueva versión del viaje del protagonista. Kon-tiki, con todo ésto, es como un circo de tres pistas: parte de la aventura original, la cual se grabó en formato de documental y ahora (tras 16 años de producción) se convierte en una excelente película.
Partiendo del documental, la película está salpicada con oportunos flashbacks que ayudan a desarrollar la personalidad del protagonista, haciendo que la historia avance y permitiendo que el espectador no se aburra en una pelìcula que relata cien días de viaje a merced de los elementos atmosféricos por el océano.
Un guión muy bien escrito, que desarrolla lo justo la búsqueda de financiación para la travesía, mantiene el interés sin que decaiga en ningún momento (con unos momentos de tensión perfectamente diseminados por la película y pequeños toques de humor) durante el largo viaje, mostrando la belleza del océano y fomentando la admiración por algunos personajes y el odio por otros. Emocionando en la mayoría de su metraje e implicando al espectador en la aventura.

La magistral dirección de Joachim Rønning Espen Sandberg (la cual les ha abierto las puertas de Disney) hacen interesante una historia que podría haber sido un soberano aburrimiento pero cuya duración pasa volando y que deja al espectador con ganas de saber más del aventurero protagonista (debido a algunos flashbacks inconclusos, aunque no suponen un lastre para la historia principal).

Quizás lo más destacable sea la oportuna fotografía (colorista, brillante y realista) y el excelente montaje (ameno, optimista y actual, aunque se base en el esquema clásico del cine de aventuras), que convierten a la película en un gusto para los sentidos y un placer para la vista, usando los efectos especiales sólo de acuerdo con el argumento.

Enmarcar a la película dentro del género de aventuras marca en exceso a la música de Johan Söderqvist, tal vez demasiado fantástica y magestuosa, para una historia que, a pesar de su grandeza, es intimista y se centra más en los personajes que en el descubrimiento final.

A pesar de todo ésto (y de haber recaudado una cantidad desorbitada en su país de origen), Kon-tiki es una película minoritaria y personal, comidilla de cinéfilos y que, probablemente, quede reducida a círculos elitistas, pero que refleja a la perfección la perseverancia del ser humano por conseguir lo que otros se niegan (siquiera) a intentar.

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