‘Prometheus’, como el vino, mejora tras dejarla reposar

Las críticas de David P. “Davicine”: Prometheus


Prometheus es presentada como la historia del origen de la gran película Alien (1979), y ciertamente es una forma de presentarla bastante precisa. La película nos traslada al año 2093, unos treinta años antes del fatídico viaje de la Nostromo, y para contar lo acontecido, el director de la original, Ridley Scott, se basa astronómicamente en la mitología de la historia, pero la dota con su propia entidad. 
Un punto a su favor, que se nota desde el primer momento, es que no se conforman con ofrecer una precuela de la película conocida por todos, y de esta forma Scott junto con los guionistas Jon Spaihts y Damon Lindelof crean una aterradora y tensa épica película de ciencia-ficción, con una gran parte reflexiva con el estudio del descubrimiento existencial, sin miedo a realizar preguntas “típicas” como “¿De dónde venimos?”, “¿Qué sucede después de morir?” o, incluso… “¿Existe un Creador de todo lo que existe…?”. Gracias a “dios”, no pretenden dar respuestas, pues realmente no las tienen, pero sí que plantean posibles teorías que nos permiten introducirnos en este viaje inolvidable a lo desconocido.

Prometheus arranca en la Isla de Skye, Escocia, en pleno año 2089, donde nos presentan a lLa arqueóloga Dra. Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y su colega y novio Charlie Holloway (Logan Marshall-Green), quienes descubren unas pinturas rupestres que datan posiblemente de treinta y cinco mil años. Es un hallazgo importante, señalando un lugar en la galaxia que puede tener la respuesta al llamado “Ingeniero” de la vida tal como la conocemos, muy diferente del dios al que a Shaw se le enseñó a creer desde que era niña por su padre (Patrick Wilson). 
Ese es el arranque para que, cuatro años más tarde, Shaw, Holloway y otros quince miembros de la tripulación despierten de su largo letargo en la nave Prometheus, a medida que se acercan a su destino, un planeta con características similares a la Tierra capaz de sostener la vida…. Un viaje financiado por el consejero delegado de Weyland Corp., Peter Weyland (Guy Pearce), donde al mando está Meredith Vickers (Charlize Theron). 
Esa es la parte de la historia que prefiero contar en la crítica, pues la película se merece ir conociendo poco a poco lo que nos ofrece, y de hecho es incluso mejor acudir “virgen” al cine, sin apenas haber vislumbrado ningun trailer, ya que siempre desvelan más de lo que luego sabremos que interesaba conocer.
La búsqueda de respuestas a grandes misterios de la vida y la presencia de vida alienígena son dos temas bastante usados en el cine de ciencia ficción actual, pues lejos quedan aquellos días en los que sobraban ideas para realizar guiones sorprendentes en este género, y de hecho últimamente son usados como mera excusa para realizar espectaculares explosiones de edificios relevantes del mundo por alienígenas que tan sólo nos visitan como excusa para que los cineastas hagan uso de un sinfin de efectos especiales. Ridley Scott tenía desde un primer momento en su mente algo más que explosiones y espectacularidad, lo cual no quiere decir que en esta película no estén presentes, pues lo están, pero pretende aportar tensión gracias a un gran montaje, atribuible a las preguntas universales que, como seres humanos, somos propensos a preguntarnos.
Ridley Scott es un director capaz de realizar grandes películas, de muchos géneros, pero hay que ser realistas que con Alien y Blade Runner (1982) sentó las bases de su mejor cine, sobresaliendo, capaz de generar una intriga hipnótica rozando el terror o suspense. El director ha conseguido realizar una película empleando lo mejor del CGI actual, para lograr las criaturas que aparecen en pantalla nos hagan dudar de su existencia, siendo realistas al 100%, pudiendo ofrecer una película con seres que están exactamente delante de la cámara como los de carne y hueso… pero no desvelaremos que seres se muestran ante nuestros ojos. 
Lo que está claro es que el repertorio de escenarios y seres que vemos en la película ayudan, junto a la narración y sus protagonistas humanos, a trasladarnos a una aventura que emana el ADN de Alien, que no necesita enseñar más de lo que debe para que sepamos que estamos ante una nueva entrega, en este caso precuela, de la fantástica saga de Scott, en la cual siempre ha tenido un lugar preferente el diseño monstruoso de HR Giger.
Prometheus es una película de más de un visionado, o más bien una película que requiere reflexión. Hace más de dos días que la he visto, y por momentos me ha ido pareciendo mejor. Al igual que sucediera en 1968 con 2001: Una odisea del espacio, e incluso en 2001 con AI: Inteligencia Artificial, no sólo exige un examen más profundo después de verla, sino que gana gracias a esa reflexión.
Inicialmente vemos la película con esa mundo imaginario alucinante, y sus insinuaciones maliciosas, aderezado con una narrativa construida que nos deleita con sorpresas en cada nuevo giro, pero es que además va mucho más lejos, presentando situaciones, imágenes y conceptos que nunca han sido mostrados antes de la misma manera. 
Pero no sólo de efectos especiales y una buena trama se consigue hacer una gran película. Es necesario tener un reparto acorde a la película, y Noomi Rapace tenía un duro trabajo para intentar que no vieramos en ella una pseudo Sigourney Weaver, una nueva Ripley, algo que estaba claro que era con lo que tendría que lidiar. De hecho, cuando realizaron el casting supongo que se fijaron en muchos aspectos físicos de ambas estrellas, pues las dos tienen el pelo oscuro, un físico de gimnasio, y con recursos suficientes para luchar por sus vidas… pero la Dra. Elizabeth Shaw, interpretada por Rapace, es muy diferente mentalmente hablando a Ripley, pues ésta era una seguidora de la razón, mientras que Shaw  es una soñadora que se aferra firmemente a sus creencias, incluso cuando se niega a renunciar a la búsqueda de la verdad. Shaw es una heroína compleja como mandan los canones, pero Rapace la eleva a otro nivel. 
El resto del reparto cumple perfectamente con su rol, con papeles de mayor o menor relevancia, pero destacando por encima Michael Fassbender, en el papel del del robot David, creado y llevado a esta aventura para ayudar a la misión. En todas las facetas del personaje que nos muestran, queda claro que su personaje evoluciona para no volver a ser el mismo.
Por otro lado, Meredith Vickers sirve a Charlize Theron para completar una especie de trilogía de reinas de hielo que inició en 2011 con Young Adult, y continuó en 2012 con Blancanieves y la leyenda del cazador. Es sorprendente que, a pesar de ser personajes “similares” hasta cierto punto, Theron construye desde cero a tres mujeres y distingue a todas ellas de manera sorprendente. Meredith necesita ser una mujer que tiene el control, que se siente superior, y debe sentirse así, pero que también es capaz de temer, como todos los demás.
Por último, Idris Elba tiene poco tiempo en pantalla, pero suficiente para crear empatía a la difícil situación de Elizabeth Shaw por la que él está dispuesto a hacer casi cualquier cosa.
Prometheus quizás prometía más de lo que ofrece, pero tras reposarla nos damos cuenta que estamos ante una gran película, no sólo de ciencia ficción, sino también de valores humanos, de creencias, y de todo lo que somos capaces de hacer por conocer nuestro origen… o nuestro fin. Un gran punto inicial para una saga que está en la mente de todos.

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Un comentario sobre “‘Prometheus’, como el vino, mejora tras dejarla reposar

  • el 6 agosto, 2012 a las 3:47 pm
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    Tendré que esperar para verla(con el tiempo me he dado cuenta que prefiero mil veces ir a un cine con poca gente) pero todos mis amigos me han dicho.

    "PSsss, no está mal" con un deje totalmente decepcionante.Joer, soy raro porque todo esto está haciendo que tenga más y más ganas de verla.

    Y ahora, esta critica, en esa línea un tanto decepcionante. Ese mismo tono que me pone…

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