‘El gato con botas’: El entretenido inicio de una nueva franquicia

Las críticas de Óscar M.: El gato con botas
Terminada la saga de Shrek (es un decir, claro), Dreamworks ha optado por seguir ordeñando a la gallina de los huevos de oro con este spin-off / precuela / secuela de uno de los personajes más divertidos de la saga del ogro verde: El gato con botas.
La historia original de Perrault presentaba a un gato parlante ataviado con unas botas y un saco que ayuda a su amo (con artimañas de dudosa moral) a conseguir dinero, fortuna y mujeres, mediante amenazas y engaños. En ningún momento lleva una espada, hasta que, en el cómic Xanadú (de 1988) se le representa con dicha arma en homenaje a Errol Flynn.

En esta ocasión (y dado el precedente de Shrek), se ha sustituido el origen francés por español (que no castellano). Y, al tratarse de una precuela, cuenta el origen del Gato, su infancia y adolescencia, sus fechorías y travesuras, y cómo consigue sus botas.
El personaje principal vuelve a estar doblado por Antonio Banderas (que se ha auto-doblado también en castellano, como su compañera Salma Hayek), quien no sólo borda su propio personaje, si no que, además, se permite el lujo de auto-parodiarse con el acento y el ceceo característico que tiene el Gato.
El argumento bebe directamente de los cuentos infantiles y son evidentes los guiños y las referencias a otras historias (como ya ocurría en Shrek); de esta forma, incluye al personaje de Humpty Dumpty, a los malvados Jack y Jill y los mezcla con el cuento de Jack y las habichuelas mágicas.
Aunque la rocambolesca historia es divertida, tiene momentos soporíferos como el (segundo e innecesario) baile o el flashback de la gata, totalmente mal ubicado al colocarlo justo a continuación del macro-flashback del protagonista; pero también hay que destacar la hilarante explicación final de la trama o los guiños a Batman, la serie Perdidos, El Zorro, a Indiana Jones (y a su sombrero), a las películas del oeste (y sus pantallas partidas) o a la propia saga de Shrek.
Los detalles más curiosos (como la leche) y los diálogos más finos (como la caída de los gatos o “los huevos”) harán las delicias de los aficionados al humor inteligente y de los padres que se vean arrastrados a las salas de cine con sus hijos, ya que, evidentemente, El gato con botas está diseñada para arrasar en las taquillas de cara a la temporada pre-navideña.
Desafortunadamente, la continua e incesante promoción elimina el factor sorpresa de la mayoría de chistes y bromas de la película, por lo que es recomendable que los que quieran ir a verla no se asomen ni a ver el tráiler, ya que sufrirán el efecto Cowboys & Aliens.
No es ningún secreto que se intenta crear una nueva franquicia con la que continuar (tras la finalización de la tetralogía de Shrek), sin embargo, esta película es inferior argumentalmente a la original, aunque superior a las dos últimas secuelas del ogro (bastante manidas y sin la frescura original).
Comparte también con la saga primigenia el dibujo, la animación y el diseño de producción, por lo que no es innovadora en ese aspecto, pero ayuda a mantener cierta coherencia en el universo creado, consiguiendo una continuidad obligatoria y más que necesaria para el personaje.
Por otra parte, sí se ha intentado actualizar la historia y al personaje, modernizándolo hasta tal punto que, durante los créditos finales, se incluye una canción del último disco de Lady Gaga (el gato tendrá 377 años, desde su primera aparición en 1634, pero siempre está a la última).
La conversión a 3D es, de nuevo, totalmente obviable y no merece la pena el dinero invertido, ya que no hay ninguna secuencia en la película que explote este formato.
Aunque previsible, la historia es bastante entretenida (los guiños cómicos son lo mejor, sin duda) y es un correcto inicio para una nueva franquicia.

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