‘Space Battleship Yamato’ hace honor al anime original

Las críticas de David Pérez “Davicine”: Space Battleship Yamato
Space Battleship Yamato es la adaptación de una serie de animación japonesa de los años 70, que si bien puede ser disfrutada mucho más si se ha visto la serie original, puede deleitar plenamente a los desconocedores de la serie, pero arduos seguidores del cine de ciencia ficción, así como de las batallas espaciales.
Esta película nos traslada al año 2199, cinco años después del primer ataque de los Gamilas, cuando la Tierra está casi destruida. Los humanos sobreviven en cuevas, evitando la superficie ya inhabitable por culpa de la radiación. Un día, el ex piloto Susumu Kodai descubre una cápsula enviada desde el planeta Iskandar que contiene un mensaje de esperanza para los seres humanos: existe un artefacto capaz de eliminar la radiación de la Tierra. Las Fuerzas de Defensa terrestres reconstruyen el acorazado Yamato con un nuevo propulsor capaz de realizar el viaje de 150.000 años luz hasta Iskandar, a la espera de poder salvar al planeta en su batalla contra los Gamilas.

Ante la dificultad de conseguir plasmar con cierta credibilidad el diseño de personajes y el diseño de naves de una serie retro, su director, Takashi Yamazaki, ha sido capaz de conseguir mezclar a la perfección la esencia de la serie con una nueva trama, ayudado de los más modernos efectos especiales, creados por la empresa responsable de Final Fantasy: La fuerza interior. No han intentado recurrir a un estilo retro aunque sí tiene un toque kitsch en el diseño de vestuarios.
Las batallas entre naves espaciales intergalácticas, tanto en el aire como al nivel del suelo, están muy bien conseguidas y mezcladas con el ritmo de presentación de personajes y sus dramas personales. Poco a poco, la película comienza a introducirnos en un fuego cruzado intensificado por momentos en escala y tensión, sin preocuparse por el aliento del espectador, llegando a cotas que en producciones japonesas jamás se habían vistos, y tratando de tú a tú a las grandes producciones de ciencia ficción de Hollywood.
Los intrincados diseños y detalles de los vehículos espaciales, así como el diseño de los interiores de las mismas, los detalles de las cabinas y pasillos de las naves, y la tecnología empleada para la comunicación y la vida diaria, tienen un aspecto abrumadoramente real. Todo ello encaja perfectamente con el diseño de un mundo postapocaliptico, retratado infinidad de veces en el cine de ciencia ficción, donde el polvo y la pobreza amenazan la supervivencia humana. Tecnología y ruinas se entremezclan en el horizonte de la película, con cierto toque a Blade Runner en el planteamineto del aspecto de las ciudades antes de su ecatombe, así como una fuerte reminescencia al Star Trek clásico en cuanto al diseño de batallas espaciales.
Y de esta forma, los diseños nacen de la esencia del anime, pero no se dejan limitar por él. Reconocemos las mismas siluetas básicas que siempre hemos visto en la serie original, pero nos ofrecen mucho más gracias al trabajo de diseño por ordenador. Lástima que las naves de los malos, las naves Gamilas, no se asemejan en absoluto a sus respectivas del anime, siendo más extrañas y amorfas, seguramente como opción creativa y una falta de relacion entre la producción de la película y la no participación de Leiji Matsumoto.
El guión va claramente en una única dirección, sin demasiados altibajos ni posibles desviaciones de la historia, muy marcada desde el principio por el único objetivo de la sociedad actual. De hecho, nos choca que la nave Yamato en la primera serie original fue concebida a partir de un barco del mismo nombre, hundido durante la Segunda Guerra Mundial, y aquí siguen uniendo ese espíritu kamikaze presente en multitud de proyectos japoneses con un claro mensaje ecológico. Otro de los temas presentes en la película es el respecto a los mayores, y a los jefes, donde, como es habitual, un nuevo y arrogante piloto debe apartar el mensaje individualista de una persona que se enfrenta a los sistemas burocráticos y planta cara al jefe, para tener que ponerse en su piel y así aprender a trabajar en equipo, y conocer los valores del sacrificio y la responsabilidad.
En lo que respecta al reparto, Takuya Kimura (2046), Meisa Kuroki (Crows-Zero) y Tsutomu Yamazaki (Despedidas) son los encargados de llevar el peso completo de la película, aunque es claramente Kimura el responsable de atraer al público femenino menos enamorado de este tipo de productos, que no esperan sorprender, pero nunca decepcionan. Kimura se aleja de los personajes burlones que acostumbran a ofrecernos en las películas de aventuras, para deleitarnos con un papel mas serio, secundado perfectamente por la figura del padre protector y severo, reflejado en el capitán de la nave, así como el clásico e impetuoso guerrero solitario, el novato y la coqueta que genera cierta química el protagonista, aunque ausente de escenas románticas, siendo la actriz principal Kuroki un mero maniquí.
Por último destacar la impresionante banda sonora, épica en todos los aspectos, creada por el maestro Naoki Sato, que nos introducen de lleno en las batallas espaciales, escuchandose el tema original de Yamato en el primer minuto y oyendose de nuevo varias veces a lo largo de la película, junto con otros temas reconocidos de la original, concluyendo con el tema principal Love Lives interpretado por el vocalista de Aerosmith, Steven Tyler.
Una película necesaria para los fans de las batallas intergalácticas, que debe verse sin prejuicios hacia su país de origen, y que deja claro que no sólo Hollywood es capaz de crear grandes operas espaciales. Space Battleship Yamato hace honor al anime original, y se adapta perfectamente a la época en la que vivimos.

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Un comentario sobre “‘Space Battleship Yamato’ hace honor al anime original

  • el 27 septiembre, 2011 a las 7:03 am
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    No se apega a la serie, pero la película es buena. Me gusto la historia, los efectos y la banda sonora. Por momentos se nota un tanto sobre actuada , pero nada excesivo.

    Si tendría que calificar la película de 0 a 10, le pondría un 8.

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