Pixar humaniza los coches en ‘Cars’

Las críticas de David Pérez “Davicine”: Cars (2006)
Todos los deportes suelen llevar de la mano películas en las que se reflejan las realidades de los mismos, que sirven para saciar a los seguidores de esos deportes para que puedan disfrutar en la pantalla grande de su afición. No son pocas las películas que nos muestran las vidas y aventuras de jugadores de baloncesto, fútbol, rugby,… casi cualquier deporte tenía una película que lo reflejara en los cines, y Cars fue la primera película, o una de las primeras, si no tenemos en cuenta Días de Trueno, en las que se pudo disfrutar de las carreras de coches menos conocidas en España, el NASCAR.
Pixar Animation Studios llevó en el año 2006 a la pantalla grande el NASCAR, reflejando fielmente la emoción de este deporte como pocas veces se ha visto en los cines: Coches y animación con un toque de humor. Quizás la película, en su momento, sorprendió a propios y extraños al mostrarnos estas carreras pero no a través de pilotos de coches, sino desde las vivencias de los propios coches, quienes cobran vida y tienen sus propias personalidades, “humanizando” a los vehículos, de manera que luzcan como humanos motorizados, con sus bocas, ojos, movimientos… sentimientos.

Pero no contentos con ofrecernos estos vehículos tan humanos, llenan la pantalla de detalles minúsculos que ahora, que sabemos lo que Pixar es capaz de hacer tras 25 años de animación, sabemos que pueden ir mucho más allá… Pixar nos ofrece multiples detalles en toda la película, no sólo crean un entorno fantástico, donde ubican a los protagonistas, sino que se molestan en mostrar desde gravilla saltando hasta la visión de los propios coches en su lucha por llegar los primeros, pasando entre explosiones y restos de competidores estrellados.
Quizás hay un excesivo y descomunal contraste entre lo que sucede dentro y fuera de las pistas, pues cuando no estan compitiendo, y nos muestran el día a día de estos peculiares pilotos/coches, bajan el ritmo, centrándose en historias animadas donde nuestros protagonistas aprenden valiosas lecciones de la vida.
No obstante, el objetivo de ganar la valiosa Copa Pistón por parte del novato Rayo McQueen (a quien da voz en su versión original Owen Wilson) hace que la película nos marque desde el principio los valores que quiere que aprendamos, enseñando que no se pueden conseguir las cosas de forma egoista y sin ayuda de los demás, y Rayo tendrá que aprender desesperadamente el valor del trabajo en equipo.
A pesar de ser una película animada, al igual que en las producciones de Disney o anteriores títulos de Pixar, tenemos amistad, amor, acción y valores, todos ellos mostrados por el grupo de coches que McQueen encuentra en un apartado pueblo llamado Radiador Springs, un punto tranquilo de la ruta 66 que ha quedado al margen de la poderosa carretera interestatal. Allí encontrará el amor, gracias a Sally (Bonnie Hunt), y la verdadera amistad en la grúa Mate (Larry the Cable Guy), quienes son verdaderamente polos opuestos.
Cars es una parte indiscutible en la impecable trayectoria de Pixar en su camino por la perfecta animación, donde su creador, John Lasseter, nos lleva a un precioso viaje a lo largo de los desiertos del suroeste, un viaje de belleza natural reflejada fielmente en dibujos por ordenador.
Cars transmite un mensaje loable, pero demasiado manido, incluso para los recién llegados a Pixar, aunque sigue emanando sentimientos y llega al corazón. Pixar sigue superándose con cada película, y supera cada vez más a sus contrincantes en el mundo de la animación, a excepción, a mi parecer,  de Hayao Miyazaki.

Crítica perteneciente al Ciclo dedicado a Pixar.

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