‘Sin limites’ busca los limites del cerebro humano

Las críticas de David P. “Davicine”: Sin limites

Sin límites promete desde su primer segundo que estamos ante una película que nos hará disfrutar y pensar durante todo su metraje. Con unos creditos de inicio espectaculares y deslumbrantes, que nos hacen trasladarnos en primera persona por las calles de Nueva York a gran velocidad, atravesando cristales, vehículos… y todo lo que se cruce en su camino, como si de un zoom perpetuo se tratara, añadiendo un nuevo significado a la profundidad de campo y provocandonos la sensación de estar en plena montaña rusa. Y es que este alarde de innovación técnica demuestra, en tan sólo dos minutos, que la bidimensionalidad del cine clásico puede envolvernos mucho más y ser más real, que muchas de las películas 3D que nos llegan a los cines.
Estamos ante una película poco común, pues nos traslada a la pregunta sobre lo que haríamos si tuvieramos la capacidad de hacer o tener lo que quisieramos. Dicha pregunta le surge a Eddie, el protagonista, un escritor resignado con muchas posibilidades de acabar como un fracasado, pero un buen día prueba una nueva droga que estimula su cerebro para hacer uso del 100% del mismo, lo que le abre las puertas del triunfo.

La trama es original, aunque su evolución cumple con las premisas del thriller clásico, sin dejar una moraleja clara, y puede que incluso transmita un mensaje moralmente irresponsable. Quizas una buena moraleja, desde un principio plasmada, es que nuestro protagonista sufre efectos secundarios al tomarla… pero tambien cuando no lo hace, lo que provoca que se enganche a ella, ahora bien, ¿quién no se engancha al éxito?
No vamos a introducirnos mucho más en la trama para manteneros en el suspense de la misma, que quizas es uno de los puntos fuertes de la película, ver como se desarrolla la historia sin saber lo que pasará a continuación, pero lo que sí que está claro es que, lo que en un principio pensamos que es previsible que suceda, puede que no pase.
La historia en sí no es original, pues adapta la novela The Dark Fields, de Alan Glynn, pero al no haberla leído no podemos comparar si es fiel a la misma. Lo que sí que podemos decir es que nos plasman a la perfección una historia triste, en la que Eddie se aleja emocionalmente de todo lo que le rodea, según va sobresaliendo en un nivel intelectual y social, pero eso no le ayuda a aprender cosas sobre si mismo, sobre su vida, o el caos que realmente tiene a su alrededor camuflado como un magnífico orden repleto de halagos y triunfos.
El director Neil Burger (El Ilusionista) y el guionista Leslie Dixon han creado un mundo onírico, en el que vive nuestro drogado protagonista, un mundo espectacular visto con otros ojos, los ojos de una persona capaz de ver más allá que cualquier otro humano, y capaz de organiza sus pensamientos de una forma computacional, lo que le permite gestionar mucho mejor su aprendizaje y sus conocimientos.
Y si en algo destaca la película es la manera sutil del manejo de la fotografía y la estética. Nuestro protagonista vive en un mundo gris, más bien azulado, pero tras tomar la pertinente pastilla vemos el mundo a través de sus ojos, un mundo anaranjado, con unas profundidades ilimitadas, como si las nubes se apartaran dejando paso al sol.
Bradley Cooper es el encargado de dar vida al protagonista, Eddie, en esta intrincada historia en la que no debemos sentirnos reflejados en él, pues aunque lo tenga todo nos recuerda que no es un ejemplo a seguir. Quizás otro actor más entrañable o simpático hubiera logrado que sintieramos más apego por el protagonista, pero Cooper logra a la perfección crear una ambigüedad en su personaje: Por un lado representa perfectamente el papel de alguien que le gusta la fiesta, la buena vida, y no pone ningún inconveniento sobre la manera de conseguirlo; Por otro lado, nos muestra la cara amarga de su fantástica vida, la forma en la que no aprecia lo importante y se aleja de la realidad, la que todos vivimos. Junto a Cooper tenemos a Abbie Cornish, la pareja en la ficción del protagonista, y la única persona que realmente descubre los cambios de personalidad de Eddie, aunque no tiene la suficiente relevancia en la película como para considerarla realmente un secundario, ademas de ser uno de los puntos débiles de la película, pues entre Cornish y Cooper no existe química, todo ello incrementado por la ausencia de un guión que ni siquiera se molesta en tratar de desarrollar su relación. En lo que respecta a Robert De Niro, quizás ha sido más un fichaje para la cartelera que para la historia, ya que su personaje es auténticamente secundario, una figura periférica que aparece cuatro o cinco veces, dice un par de líneas, deja un par de recados, y desaparece.
Estamos ante un intento de mostrar un personaje protagonista neurótico y lleno de manias, con cierto aire psicótico, que lo único que desea es vivir el sueño americano basado en el dinero, todo ello en una película de ciencia ficción y acción muy recomendable, sobre todo en la época en la que vivimos, donde la información tiene un valor increíble, y nos llenan la mente de datos con un ritmo trepidante. En si, nos ayuda a que desconectemos durante sus más de 100 minutos, aunque luego, a más de uno, hará reflexionar sobre sus propios limites.

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